Pedro Pablo San Martín

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Demos las gracias a Argentina y Alemania por advertirnos de lo que duele un golpe en el hígado. España reforzó la guardia, metió un crochet a los once minutos para el 1-0 y mantuvo el ritmo sin confianzas hasta el pitido final. Conclusión: Costa Rica dio penita por su candidez, con Keylor Navas a la altura de portero de barrio. El 7-0 es exactamente lo que se auguraba cuando con 3-0 la Selección la movía dándose un homenaje, con Pedri avisando al mundo de su infinita categoría. España, por lo tanto, impecable. Debut bestial, inmaculado.

Ahora bien, entre panderetas y elogios desmedidos, escuché a Álvaro Benito una cuña sensata: “Ojo, no nos miremos tanto al espejito, que lo mismo no somos tan guapos”. Correcto. Costa Rica no es Japón y menos Alemania. Los Ticos llegan reenganchados a Qatar, sin más valores que una repesca barata. Están por Doha de paseo. Sirva el 7-0 como energético pero no alcanza para presumir. Igual el domingo ante una Alemania herida nos llevamos un disgusto si vamos de “guaperas” por el Mundial, instalados en lo que ha sido un día de gloria.

España ha ganado como debía, marcando la diferencia, devorando a Costa Rica. Punto. No comparto la euforia desmedida, los adjetivos exagerados, el elogio low cost. Recapitulemos: Unai ha tocado el balón dos veces; España ha dado más de mil pases y los Ticos no pasaron de 250. Esto no va a volver a pasar en el Mundial. Conviene usar la histórica victoria como palanca, antes de convertirla en un argumento para sentirnos campeones del mundo. La Selección desprende muy buen aroma, con excelente cohesión y alta capacidad goleadora. También son innegables las virtudes individuales que han deslumbrado en este debut. Toca disfrutar hasta donde nos dejen. Pero cuidado con mirarnos demasiado al espejo. Queda un mundo y nos estarán esperando.

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