¿Quién dijo que por fin este verano volvíamos a la normalidad? No ha sido un verano más. No ha marcado pautas habituales el periodo estival de 2022 para la NBA. En las previas de inicio de temporada que leerán estos días no se apreciarán detalles que aparentan no tan influyentes sobre lo que pueda ocurrir en la pista pero que resultarán determinantes. 

El último campeón, Golden State Warriors, tuvo que desprenderse de jugadores con un valor considerable sobre el parqué por limitaciones económicas. Entre sus principales cuatro jugadores, Curry, Thompson, Green y Wiggins, ingresarán esta temporada 148 millones de dólares, una cifra que supera en más de veinticuatro millones el límite salarial. Y para colmo, su microondas Jordan Poole aspira a poder firmar una renovación en los próximos quince días, antes del inicio de temporada. Si Poole no renueva será agente libre en verano de 2023. Jugadores de su generación como Anfernee Simons, R. J. Barrett  o Tyler Herro han firmado ya extensiones de contrato valoradas en más de 100 millones de dólares por un contrato multianual. Todos esos condicionantes le abrieron la puerta de salida de los Warriors a jugadores que contribuyeron en el último anillo como Gary Payton II, Damion Lee, Otto Porter, Bjelica y Toscano Anderson y sitúan en posición de alta responsabilidad a jugadores aún no validados, como Jonathan Kuminga o James Wiseman.