Día libre en el hospital, mientras camino decidida por el campo que rodea mi casa, por aquello de mantenerme en forma, tan de moda en estos tiempos, entra en mi teléfono un mensaje con una oferta que, de primeras, me parece que no es para mí… pero sí, aquí estoy escribiendo para ustedes, lo que significa que, obviamente, he aceptado la propuesta. Y para que no haya errores de interpretación expongo aquí unas pinceladas sobre mí y así puedan imaginar, repito imaginar, a la persona que están leyendo en estos momentos… si es que continúan haciéndolo…

Soy mujer, ni joven ni mayor, ni alta ni baja. Lo demás va en gustos. Pero sí les contaré, bueno, más bien advertiré, que no sé nada de fútbol, ni me interesa, ni me importa desde el punto de vista deportivo, desde el sociológico digamos que… algo más, desde el sanitario solo por sus lesiones y más bien diría que ni eso. No me quita el sueño (y no me vengan ahora con que a ustedes tampoco). Así que les pido, puestos a juzgarme (no espero menos de las redes sociales) que en el caso de que sigan ustedes leyendo lo hagan porque este artículo les ha parecido que está bien o mal escrito, que es entretenido o aburrido, inteligente o anodino, pero por dios no me juzguen por mis opiniones al respecto de un deporte que desconozco y que me parece un “coñazo” y perdonen la expresión, pero es que en esta vida se puede ser de todo menos “eso”.

No me malinterpreten, no me refiero a que un partido en sí sea un rollo, que a veces también (opinan algunos), si no que en mi vida —cosas del amor— tengo el futbol (y otros muchos deportes) hasta en la sopa, pero en especial este, huelga decir por qué. Ustedes lo saben. Más ahora que ha comenzado el Mundial, aunque si no es esto es lo otro… la Liga, la Copa, la Champions y demás movidas futboleras capaces de abducir a un país entero.

Hoy voy a hablar en general para no cargar las tintas el primer día. E incluso observarán, al final del artículo, que tengo alguna cosa en mi favor. Que no es, ya les anticipo, ver los “fuera de juego”. Ni de cerca, ni con la raya imaginaria, ni con la repetición, ni con la explicación del que se sienta a mi lado. Mi cerebro no los procesa. Ahora díganlo, no se callen, “típico de las tías a las que no les gusta el fútbol”. Pues sí. Otro típico tópico “coñazo” de las conversaciones entre los que les gusta el fútbol y las tías a las que no.

No se me olvide decir que igual aquí, en estos temas futboleros, se me escapan las palabras en masculino. Que no se ofendan mis congéneres futboleras, por favor, es que con mis amigas no hablo de fútbol y cuando entre mujeres sale la conversación es siempre la misma, un coñazo de tema, que si el marido todo el día con el fútbol, que si mi pareja me deja sola y se va al partido, que si mi novio se pone de mal humor porque ha perdido el Real Madrid, etc, etc. Y es que yo paso hasta de esa conversación. Porque sepan ustedes que me encanta que haya fútbol y que mi marido/pareja/novio/amigo/tío/sobrino/primo/hermano se vaya al campo, se zambulla en la tele y/o se ponga los cascos para oír la radio. Esto, a la vez que se ocupa el canal de pago de turno en la tablet con otro deporte distinto, para no perder ripio (no sea que coincida con no se qué Mundial de Fórmula Uno o tal torneo de golf, tenis y demás eventos que uno no debe perderse jamás). Así que yo opto por retirarme a la habitación de al lado a mi rollo o me piro con mis amigas de cervezas que, como saben, es tan español como el tema que nos ocupa. Claro que también he de decirles que soy feliz en el silencio de una tarde de frío domingo leyendo un buen libro. Confieso que tener el fútbol “hasta en la sopa” me proporciona el placer de que no me hablen ni me miren. De que no perciban ni que existo. Otro tema es quién ostenta el monopolio del mando de la tele el cien por cien del tiempo… eso ya son palabras mayores que requieren de folios aparte.

Otra bondad (o no) de las interminables horas de futbol es digna de mención otro día, si ustedes quieren, y es el fútbol y las urgencias en los hospitales. Y hablaré pues cuando llegue el momento, con conocimiento de causa y vivido en primera persona que, no se piensen, tiene “su miga”.

Y quizá a mi favor pueda decir que, a pesar de que “me importa un comino” quien juegue el próximo partido en Qatar, a menudo me duermo escuchando a Pedrerol y sus contertulios por propia voluntad. No me digan que no tengo mérito, máxime si ha perdido el Real Madrid o el Barcelona. Ya les contaré en otra ocasión si me lo permiten.

También me parece curioso el papel de la mujer dentro del fútbol y sobre todo de las periodistas (de las jugadoras lo tengo claro), pero no sé si tengo valentía para abordarlo desde tanta ignorancia mía…

Así que hoy, a modo introductorio les he dejado algunas pinceladas sobre lo que voy a opinar en esta columna, teniendo ya ustedes claro que quien les escribe está muy harta del deporte en general y del fútbol en particular y que cuando mi querido amigo Mengano me propuso que lo expresara por escrito pensé: “Esta es la mía”.

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