Como siempre me gusta decir, los canteranos son hijos de la ruina. La mayoría aparecen cuando el resto de opciones y soluciones han fallado previamente. Son la esperanza de cualquier club, porque a fin de cuentas la esperanza es lo último que se pierde. El caso de Gabri Veiga, el último talento surgido de A Madroa, ilustra perfectamente este tipo de situaciones. Porque Veiga, además, ha llegado justo a tiempo.

Venimos de un verano complicado, de transición, en el que el Celta cerró un proyecto fallido para abrir otro diferente de la mano de Luis Campos. En verano Brais Méndez fichó por la Real Sociedad, Santi Mina se marchó a Arabia Saudí tras ser condenado por abuso sexual y Denis Suárez fue apartado del primer equipo tras su disputa con Carlos Mouriño. Los tres, canteranos con diferentes historias y trayectorias, estaban llamados a ser los acompañantes de Iago Aspas en los últimos años de carrera del “genio de Moaña”. No se trataba tanto de sucederle, sino de acompañarle de la mejor forma posible para aprovechar las últimas genialidades de un futbolista irrepetible. Pero por unos u otros motivos no ha sido posible.

Iago Aspas sigue marcando la diferencia, por supuesto que lo sigue haciendo. El problema es que no la está marcando para entrar en Europa League o para tratar de levantar por fin un título, sino más bien para salvarse y seguir en la máxima categoría del fútbol español. Y ese, evidentemente, no era el plan. Cuando en unos años el seguidor del Celta eche la vista atrás y piense en estos últimos de Iago terminará de entender del todo a lo que sus vecinos portugueses se refieren cuando montan la famosa “saudade”.

El caso es que en este contexto ha llegado Gabri Veiga. A medio camino entre el fin de un proyecto, el nacimiento de otro y la inevitable despedida de Iago Aspas. Como si de una última bala se tratara. Una última bala que, visto lo visto, parece de plata. Porque Gabri Veiga es de los buenos de verdad.

El Príncipe de las Canteras, como le apodó mi compañero José Riveiro en referencia a su origen (Porriño) y al mote del propio Aspas (Príncipe de las Bateas), es un jugador fantástico al que todavía estamos descubriendo. Sabemos antes lo bueno que el tipo de futbolista que puede ser. Y esto sólo pasa con los mejores talentos.

Gabri Veiga, a día de hoy al menos, es un futbolista capaz de enganchar el juego con su calidad asociativa y su brutal dinamismo, pero que además lleva mucho peligro cuando pisa el último tercio del campo.

Tiene un gran disparo desde fuera del área, rompe muy bien al espacio y demuestra olfato cada vez que se acerca a la portería contraria. No es exactamente el típico centrocampista que produce el fútbol español, por más que tenga cosas en común.

Gabri Veiga tiene calidad técnica, tiene calidad física y entiende muy bien el juego. Quizás de una forma más inconsciente que reflexiva, pero el resultado es parecido. Veiga sabe en qué zonas le necesita el equipo y en qué zonas puede hacer daño de forma individual, y en la suma de ambas cuestiones está un rendimiento que ahora mismo le coloca sólo por detrás de Iago Aspas, quizá empatado con Joseph Aidoo, como segundo futbolista más destacado del conjunto olívico. Tanto con Coudet como ahora con Carvalhal.

Esto, a su vez, le convierte en una pieza de mucho valor por lo que había perdido el Celta en verano. Sin Denis Suárez, el Celta carecía de un gestor del juego. Veiga no lo es del todo, pero ayuda en ello. De hecho el Chacho Coudet reconoció en rueda de prensa que Denis estaba ayudando a Veiga a crecer en ese rol. Pero es que, además, tras la marcha de Brais Méndez, al Celta le podía faltar también un futbolista que acelerase el juego en el último tercio y pudiese combinar con Iago Aspas en las postrimerías del área, pero con Veiga se está notado menos. Al final, como decía la principio, todavía no tenemos claro qué puede ser el de Porriño, pero lo que ya sabemos es que es un futbolista de mucha utilidad tanto para el entrenador como para Iago Aspas. Simplifica procesos, acerca a Iago Aspas a la zona donde es diferencial y tiene peso en el resultado. No se le puede pedir más a un chico tan joven.

Pero más allá de lo táctico está lo emotivo, lo simbólico. En una temporada en la que el seguidor del Celta podía dejar de creer por la sensación de que lo mejor no está por llegar, sino que ya ha pasado, Gabri Veiga supone un nuevo motivo de esperanza, de ilusión. Veiga es la promesa de un futuro mejor. Veiga es la certeza de que el ciclo de la vida no se detiene. Unos jugadores vienen y otros van. Los mejores, evidentemente, se quedan para siempre en la historia. Pero lo que permanece es el club. Y sus pilares. Uno de ellos, el más importante de hecho, debe ser A Madroa. Porque mientras el club mire a A Madroa, el Celta no se olvidará de quién ha sido, de quién es y, sobre todo, de quién puede ser.

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1 Comentarios

  • Javi Arellano 18-01-2023, 11:22

    Gran articulo, Miguel!! Mis felicitaciones!! Me alegra verte por aqui como ya te he podido disfrutar en tantos otros medios antes! Un fuerte saludo desde Reino Unido, crack!!