En esta era en la que los días son una traca de sensaciones y percepciones superpuestas, diferentes, invasivas y atropelladas, lo recomendable es ser aún más permisivos que de costumbre con el derecho a la enmienda, a la rectificación. Con los cambios de rumbo y parecer, con las y los veletas. Pasan más cosas y más rápido y por lo tanto la estadística avanzada apoya la correspondencia directa con un mayor porcentaje de opciones de enmienda y la consiguiente transigencia. 

Yo siempre valoré y admiré el principio de coherencia, siempre que fuera consecuencia de un estudio y una valoración compleja previa a tomar partido por algo. La coherencia, pensaba además, debería empujar a vivir según esos principios libremente elegidos. Con renuncias, con sacrificios, con traiciones a las modas y tendencias. Muchos veletas y chaqueteros ortodoxos y practicantes denuncian que ser congruente militante es un preámbulo del fanatismo. De esa manera pueden justificar su propia volatilidad. 

No deja de ser una certeza que un ejercicio público de rectificación es un bálsamo depurativo de paz y bienestar para que el que lo oye, y a veces incluso para el que lo pone en práctica. Y se echan en falta en estos días. Eso sí, yo los prefiero como excepción. Valoro la rectificación y el mea culpa con carácter singular. Todos conocemos gente con maneras de pedir perdón que son un auténtico capricho escénico y argumental, aunque solo sea por entrenamiento y costumbre. Da rabia que lo hagan tan bien. Pero aún peor son los obstinados orgullosos que la sostienen por no enmendarla, los que quieren conducir por la derecha en Gran Bretaña o asumen el riesgo de acabar siendo como los últimos de Filipinas, que es una orquesta del Titanic mucho más nuestra. 

Pienso, después de esta introspección, en la aplicación de todos esos dilemas a casos de la actualidad. Por ejemplo al asunto de Luis Enrique y a la intolerancia persistente que todavía mantienen sin razón ni justificación tantos herederos de forma de Juan Martín El Empecinado. En la desconfianza que no deja de hervir sobre el rol de Rodri como central. En que un equipo como Argentina, con jugadores para los que cualquier tiempo pasado fue mejor (Otamendi, Di María y hasta Messi) y otros a los que conocemos bien con un papel básico (Molina, De Paul, Papu Gómez) estuviera forzado como uno de los dos o tres principales candidatos al campeonato...

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