Si hay que acuñar un término a raíz de la publicación de un título o una saga que comparte ciertas características intrínsecas y repetidas con cada entrega, ese sería el ‘soulslike’. El mundo de los videojuegos ya no es el mismo gracias a la maestría de From Software a la hora de generar mundos apabullantes que pueden llegar a ser crueles con los jugadores y que recompensan una curva de aprendizaje en base a la perseverancia.

Con esto en mente, numerosos estudios se han interesado a la hora de basarse en esta fórmula para publicar un título que sea de su propia cosecha, aunque se vea influenciado sobremanera por el estudio japonés. Lords of the Fallen es el último exponente y tras una serie de vaivenes que han retrasado su salida hasta el presente procedemos a daros nuestras impresiones sobre esta apuesta más que atractiva e interesante.

Apuesta magistral

Se puede afirmar que Lords of the Fallen es un sucesor espiritual del juego original de 2014 y actúa como un reinicio de la franquicia cuya historia se desarrolla mucho tiempo después de aquella primera entrega. Nuestro protagonista intenta sobrevivir en una tierra anteriormente gobernada por mano de hierro por el Dios Demonio, Adyr, cuyo reinado por fin ha terminado. 

Sin embargo, milenios después de su derrota contemplada en la entrega original, la resurrección de Adyr es un hecho. Para hacer frente a esta amenaza, los jugadores se pondrán en la piel de uno de los Cruzados de la Oscuridad, unos personajes que gracias a un artefacto impío son capaces de viajar entre Axiom, el reino de los vivos, y Umbral, el reino de los muertos. 

Siguiendo las líneas maestras del género ‘soulslike’, Lords of the Fallen nos adentra en este universo interconectado tal como ocurriera en la segunda y tercera entrega de la franquicia Dark Souls y eso podría ser suficiente cuando se nos promete ofrecer batallas contra grandes jefes, combates desafiantes contra legiones de enemigos diversos y una narrativa profunda e inmersiva.

Sin embargo, la gran aportación de Hexworks al género es ese artefacto impío al que hacíamos referencia, la Lámpara Umbral. Si nos limitásemos a la presencia de esos mundos y ya, podría ser una incorporación atractiva, pero poco más. Gracias a este artefacto se esconden otras posibilidades. 

Cada uno de los mundos cuenta con sus propios caminos, personajes, enemigos, secretos y tesoros, y con la lámpara se podrá acceder a ambos en cualquier momento e interactúan a la perfección de forma magistral durante las fases de exploración y resolución de rompecabezas aunque también concede la habilidad de examinar el alma de los enemigos para asestar golpes devastadores. ¡Una navaja suiza en toda regla!

Si todo lo anterior no fuera lo suficientemente interesante, adentrarnos en Umbral conlleva un coste y hay que planificar si la relación riesgo-beneficio nos compensa. Recordemos que los jugadores pueden viajar de Axiom al Umbral en cualquier momento gracias a la lámpara y que hay dos vías para llegar al mundo sombrío: muriendo ante los enemigos del Axiom, tras lo cual se resucita en la misma ubicación pero en el Umbral en uno de los puntos de descanso o Vestigios e incluso hendiendo el Umbral y sacrificando voluntariamente una de las dos vidas porque aquí se encuentra otra de las novedades de Lords of the Fallen. 

Por desgracia, no todos son buenas noticias cuando te adentras en el mundo de los muertos porque cuanto más tiempo se permanezca en este plano espectral, mayores en número y más desafiantes serán los horrores que darán caza al jugador. Complicado y satisfactorio al mismo tiempo si sobrevives, claro.

Casi referencia del género

Aunque la muerte es un hecho incontestable en los ‘soulslike’ y de hecho es nuestra principal compañera, lo cierto es que Lords of the Fallen nos permite probar y experimentar más allá de las numerosas clases que se ajustan a los parámetros ya preestablecidos. Si contamos con el Cruzado Oscuro que pertenece a la edición Deluxe, hay un total de nueve clases de personaje y cada uno de ellos ofrece un estilo de juego diferente que se puede adaptar mejorando sus estadísticas, armas, armadura y conjuros, personalizándolo hasta límites enfermizos como no nos podemos ni imaginar.