Y sí, ya lo sé. Siempre me pasa lo mismo. La Navidad me cambia el carácter. Es ver arbolitos adornados y escuchar villancicos y me pongo como un Winnie the Pooh. Acto seguido, lleno la casa de luces y adornos navideños como un escaparate de El Corte Inglés y, para finalizar, empiezo a ver películas románticas de Navidad de Antena 3. Como un loco, con los ojos como platos, con devota pasión, como se deben hacer las cosas, aunque sepa ya cuál es el final, porque siempre es el mismo, porque eso es precisamente lo que quiero ver, un final feliz.

Desde hace años una cosa me lleva a la otra indefectiblemente y debo confesar que cada vez me gusta más. Y sin que se me caigan los anillos al confesarlo porque ¿quién ha dicho que las comedias románticas no son para hombres? ¿Dónde está escrito? Yo soy de los que lo dicen en voz alta, y cada vez somos más los que nos saltamos eso de que todos los hombres tienen que cumplir un estereotipo. Yo, en general, y como decía Jude Law en The holiday, lloro más que cualquier mujer que conozcas.

En esa vorágine de felicidad navideña estaba cuando me llamó mi editora, Adelaida Herrera, otra fanática de las pelis de Navidad, y me dijo que me iba a enviar un regalo. Al abrirlo me encontré Y el reloj marcó las doce, la última novela de la muy prolífica Moruena Estríngana (Madrid, 1983), la reina de las novelas románticas. La empecé de inmediato entre luces que parpadeaban y mi manta naranja favorita y me encontré una historia de amor entre clases sociales distintas, la de Leslie (la rica) y Duncan (el pobre), alejándose y acercándose, tan juntos y tan distantes. Ambientada en Navidad y cumpliendo ella años el primero de enero mientras esperaba que el primer beso sea de él. La historia contada por ambos en capítulos alternativos en los que se abren por completo y muestran todo lo que llevaban dentro, incluso lo que escondemos de la vista de los demás por miedo a que nos hieran.

Que hay malos en el mundo es cierto y también que las cosas van bastante peor de lo que quisiéramos. Pero tampoco puedo hacer mucho más de lo que hago por intentar mejorar el mundo. Por eso en estas fechas más que en otras, lo que de verdad me apetece es distenderme, esconderme entre montañas de ternura y, sobre todo, volver a confiar en algo tan antiguo y tan humano como el amor, ese del que dicen que todo lo puede. Y tal vez sea por eso que cada vez me apetezca más relajarme y comprobar que la gente se sigue enamorando a pesar de los obstáculos. ¿Por qué no? Yo también lo hice…

Estas fechas de luces, sofá y manta, son excelentes para acallar los gritos y las estridencias, para acallar todo lo malo. Es una maravillosa época para darnos cuenta de que no todo ha de llevar el “Yo” por delante, de pensar que tal vez sea mucho más bonito poner el “nosotros”. Por eso hoy recomiendo encarecidamente Y el reloj marcó las doce. El amor entre Leslie y Duncan para que desconectes y te olvides del mundo, para que vuelvas a confiar en la gente y para que empieces a pensar que enamorarse no es caer en el vacío, sino elevarse al cielo. Para que cuando vuelvas a salir a la calle mires las cosas con otros ojos y sin complejos, subiéndote el cuello de la chaqueta, entre arbolitos llenos de luces de colores y los adornos de los escaparates. Y para que cuando estés escuchando villancicos te pares un momento y escuches también a tu corazón. Y a eso Moruena Estríngana te va a ayudar más que nadie. Palabra de reno.

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