Los calendarios del fútbol son cada vez más exigentes. En consecuencia, la planificación anual está en constante evolución y se adapta a lo que la competición demanda. La carga de trabajo en los partidos (acciones con y sin balón) se considera uno de los factores de riesgo de lesión muscular más importantes. De hecho, hay estudios que aseguran que en el jugador que alcanza los 3.000 minutos el riesgo de lesión muscular aumenta exponencialmente.

Es fundamental comprender que las demandas del entrenamiento y la competición son de suma importancia con el fin de garantizar la programación de la dosis adecuada de preparación que maximice la respuesta de fitness-fatiga. De esta manera se intenta que la lesión aparezca lo más tarde posible, porque en el fútbol no existe el riesgo cero. A nivel articular y muscular es el deporte más intenso del mundo ya que sus movimientos son acíclicos, es decir, que no se repiten los movimientos. Si siguen apareciendo lesiones musculares y articulares de cierta gravedad es porque el fútbol es un deporte de choque en el que las entradas y las caídas están a la orden del día.

Los equipos de fútbol de elite están obligados a jugar durante gran parte de la temporada dos partidos a la semana. Esa carga externa, en la mayoría de los casos, puede ser suficiente para mantener la capacidad competitiva. Para ello, es condición necesaria que en la pretemporada se hayan cumplidos los objetivos básicos de volumen, intensidad y frecuencia. Si es así, los jugadores pueden obtener una parte de los objetivos fisiológicos entre los que se encuentra el VO Max.

El problema surge en los futbolistas que no juegan habitualmente, los que no entran en la convocatorias o son habituales del banquillo. Esa inactividad involuntaria favorece la pérdida paulatina del nivel óptimo de las capacidades condicionales (Resistencia, Fuerza y Velocidad) adquirido durante el verano. No sólo eso: cuando estos jugadores poco habituales entran en la alineaciones titulares promueven un desequilibrio físico en comparación con los jugadores que llevan más tiempo jugando dos partidos semanales. Esto implica que los llamados suplentes necesiten estímulos “fuertes” en volumen e intensidad para que estén listos fisiológicamente cuando vuelvan a competir. De no ser así la lesión será un factor más de riesgo en cada partido.

Es tarea del técnico convencer a los jugadores que no compiten habitualmente de que su actitud será fundamental para que sean “eficaces”, tanto para ellos mismos y para el equipo. Nadie dijo que entrenar fuera fácil…

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