“En noches como aquella, la casa inglesa resplandecía. Lucía se había esmerado en que lo hiciera, colocando miles de velas en todos los rincones del jardín, colmando la casa de flores y conjurando al clima para que tan solo una suave brisa acariciara a sus invitados: tres centenares de los más distinguidos habitantes de la isla«. Después de leer las primeras frases de este libro, ¿quién podría sustraerse a devorarlo? Y eso me sucedió. De pronto entré de lleno en la Perla de las Antillas, en sus colores y en sus aromas, en su música y en esa pasión que todo lo envolvía.

Rafael Tarradas (Barcelona, 1977) es un apasionado de la historia de los siglos XIX y XX y eso se nota. Ya dejó translucir todo su conocimiento en El heredero, su primera novela, una historia basada en su propia familia antes y durante la Guerra Civil, que fue muy aplaudida tanto por el público como por la crítica. Pero es en esta su segunda novela El Valle de los Arcángeles cuando realmente se ha destapado, sorprendiendo por el inusitado nivel, porque es infrecuente ver esta calidad en escritores noveles, porque debo decir que nos encontramos ante una novela con mayúsculas, excelentemente bien escrita y de factura impecable.

El Valle de los Arcángeles es una obra trabajada y documentada. Nos encontramos ante un gran novelista. Huye de recursos explicativos absurdos, de esos que infantilizan la novela. Bien narrada y con un ritmo que no decae a pesar de sus más de 600 páginas, sostiene el interés y la emoción sin llegar a agobiar en ningún momento.

Ambientada en la Cuba colonial en 1866, la acción discurre entre las mansiones de las plantaciones de caña y las mansiones en las que vivían su opulenta vida en La Habana aquellos que formaban parte la sacarocracia, los hacendados que se habían hecho ricos vendiendo azúcar. Está trenzada con las vidas de tres familias catalanas, los Gorch, los Abbad y los Viader, cuyas propiedades, asentadas en Matanzas, compartían en su totalidad ese trozo del paraíso que era el Valle de los Arcángeles, disfrutando sus acomodadas vidas cada una desde su finca, San Rafael, San Miguel y San Gabriel.

Pero esa vida opulenta y de lujos sin fin estaba sustentada en la barbarie que suponía la esclavitud. Esto hace que algunos de ellos disfruten la vida sin más, sin mirar más allá del hoy, y que otros intuyan que están acomodados sobre una bomba de relojería que va a estallar en algún momento. Cuba es la joya de la Corona, la reina del Caribe, ese paraíso lejos de las insalubres ciudades españolas a la que todo el mundo anhela ir y del que nadie desea regresar.

Y en el centro de todo esto, de los esclavos y de la rica burguesía que vive a costa de ellos, se esfuerza por situarse y dominarlo todo Pepa Gómez, la criada perversa, la mujer sin escrúpulos. Ella quiere vivir la vida que no le correspondió por nacimiento a costa de lo que sea. En Cuba ella se hace llamar Isabel Palau, que en catalán significa palacio. Ese sueño la devora por dentro y por fuera. La injusticia debe ser subsanada de la manera que sea, sin importarle el daño que hace.

Esta novela es un maravilloso homenaje a toda una época y a la gente que la vivió, a la decadencia del lujo absurdo sostenido sobre la barbarie más inhumana que haya conocido el mundo. Es un delicioso cóctel de ricos y pobres, de libres y esclavos que te embriaga los sentidos y que querrás apurar hasta el final, como se hace cuando no sabes cuánto vas a tardar en poder disfrutar otra. Es una jícara de canchánchara, es ron y son habanos, son risas y son llantos. Es Cuba.

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