Con permiso de los ucranios circundantes: antes que fijarse en lo ocurrido resulta preferible quedarse con lo producido. El gol mil de Benzema, su doblete. Las dos asistencias de Vinicius. A partir de aquí, la brillante cartelería, casi todo es sombrío. Hubo pitos al Madrid y resultaron chocantes, y no por falta de oportunidad, sino porque uno pensaba que el público ya no pitaba, que lo que fue tradición había pasado al olvido, como las palmas de tango. Además, yo daba por hecho que la grada de animación contaría con un succionador de silbidos, una especie de aspirador gigante orientado hacia los sectores rebeldes, caso de existir.

Es reconfortante descubrir que no todo el público aprovecha los momentos de tedio para afanarse en las redes sociales. Sería fascinante (y quizá deprimente) saber cómo ha disminuido en los últimos 20 años la atención de los aficionados al fútbol. Me refiero a la capacidad de concentración durante 90 minutos de juego. Los que se distraen con el móvil tienen una visión tan parcial de los partidos como los que sestean y vuelven en sí cuando el locutor levanta la voz.

En este caso, los silbidos no sólo tuvieron un efecto evocador (qué tiempos aquellos), sino que influyeron en el juego, en tanto en cuanto espolearon al Madrid y provocaron una reacción eléctrica, un chispazo que recorrió el ataque y propició el segundo gol, el definitivo. Llegados a este punto sería de justicia regodearse en la pared de Casemiro, una espuela sublime que iluminó el gol. Tendemos a pensar que los jugadores de corte industrial lo son porque no están dotados de mayores talentos, pero los hay que eligieron jugar como fuera antes que malvivir de la poesía. Casemiro es de esa clase. Decidió que entraría en la fiesta aunque fuera de guardaespaldas. Y en la fiesta está.

El Madrid resolvió con ese gol un problema gigantesco. El Shakhtar era mejor y sus futbolistas estaban empezando a darse cuenta de lo que había detectado el público bastante antes. Hay mucha calidad en esa selección brasileña con sede en Donetsk. Tanta como indecisión en los últimos metros.

Sería bueno tomar nota del susto para no caer en tentaciones triunfalistas. No sólo el estadio está en obras, también el equipo. Todavía hay que ajustar piezas y establecer un régimen de descansos para los veteranos que jadean. Todavía hay que encontrar a alguien que suceda a Vinicius como jugador revelación.

Entretanto, y ante la duda, ganar es siempre la mejor opción.

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