Hace unos días me llegó a casa el nuevo CD de Stafas, un poco antes de su lanzamiento oficial. Un detalle de la banda y de su discográfica a los seguidores fieles que ya hemos adquirido la entrada para el concierto de presentación. Día 27 de noviembre en la Sala Copérnico de Madrid, dicho sea de paso.

Había olvidado ya el ritual que supone la primera escucha de un disco en formato físico. Las plataformas y el actual ritmo de vida han masacrado la magia de antaño. Para la generación X ir a comprar música, en vinilo, cinta y más tarde en CD era un acontecimiento. Que además precisaba de una planificación concienzuda para aprovechar al máximo los escasos recursos económicos con los que la mayoría de jóvenes contábamos.

En el documental de Paul McCartney 3,2,1 —imperdible— el músico reflexiona sobre ello y lo que suponía su viaje de vuelta a casa en autobús, tras visitar una tienda de discos y cambiar dinero por felicidad. Cómo se leía todas las reseñas, las letras, los créditos; cómo escudriñaba las fotos y cualquier otro detalle en el interior de la funda hasta llegar a casa y comenzar la ansiada escucha. Con los protagonistas de esos sueños vigilando desde la pared.

Con Melodías para un mundo de locos he vuelto a sentir algunas de esas vivencias perdidas.

Stafas es una banda madrileña creada por Michel Molinera, uno de esos genios desconocidos que sigue pensando que la música es un arte, que es una expresión que debe basarse en la verdad, que debes creerte lo que haces y además que predica con el ejemplo obrando en consecuencia. De ahí lo de desconocido.

Decían Les Luthiers en uno de sus espectáculos;

Buscando un artista de éxito, un músico de calidad…

—Sí, una de dos…

Este es su sexto disco, tras un largo paréntesis que la pandemia se encargó de prorrogar. La banda la completan en la actualidad Jimi de Diego, que ha compuesto dos estupendos temas en esta entrega, Javier del Palacio y Richard Hidalgo.

Conocí a Michel hace mucho tiempo, cuando vivíamos de noche, en su garito al lado del Retiro, La Silla Eléctrica, aunque llevamos bastantes años sin coincidir. Todo el que habla de él y que lo ha tratado coincide en que es un buen tipo. Y esto, como diría Lennon, “is something to be”. En una jungla como el mundo de la música, la unanimidad en esta definición equivale a Nobel de la Paz. Un tío sencillo y natural, pero con mucho carisma. Dicen el resto de Stafas que en sus ratos libres es como Miguel Strogoff. Traducido a milenials antilibros: que se mueve más que los precios del megavatio.

Hablando del disco, lo primero que tengo que decir es que me ha impresionado. Me ha dejado con la boca abierta porque es una barbaridad. Hasta el punto de decidir dedicarle estas líneas y no sólo alguna reseña en redes sociales.

No tiene desperdicio y no podría escoger ningún tema por encima del resto. El estilo rocanrolero y gamberro de siempre con la voz rota y tan característica de Michel se combina con unas melodías brillantísimas, unos arreglos muy cuidados y ramalazos de las raíces de la música americana. Hay metales como en No tengas miedo, guitarras potentes con armonías bestiales en la épica No me arranques la raíz, armónicas salvajes —a cargo de Ramoncín, por cierto— y medios tiempos deliciosos como en Y voló, que cierra el disco. Hay de todo, menos tregua o temas de relleno.

Grandes músicos al servicio de las canciones y no al revés.

Esta entrega debería suponer, si queda algo de justicia en el negocio musical (valga el oxímoron), el ascenso de Stafas a la primera división del rock español. Este año han publicado dos excelentes trabajos Robe y Fito, los referentes más importantes en la actualidad y Melodías para un mundo de locos me ha proporcionado sentimientos muy parecidos. Sin atender a los medios promocionales con los que cuentan los tres lanzamientos, el contenido musical juega en la misma liga y muchos seguidores de los dos primeros se sorprenderían gratamente si le echan una oreja.

Siempre me ha gustado el estilo de Michel a la hora de escribir. Y eso que lo ha hecho en muchos registros, adaptándose a la historia en la que estuviera en cada momento. En este disco se ha superado. Las letras te llegan y te llagan, porque se nota que le salen del corazón y de las tripas más que nunca. Hay mucha verdad volcada en cada canción y empatizas al momento. Mucho más si te ves reflejado.

Como muestra este botón de Hey tú:

Y un día cambié, y cambié por querer, por querer quererte.

Y así me olvide, me olvide sin querer, me olvidé de quererte.

Y volví a cambiar, y cambié para ser, para ser el de siempre.

Hay psicólogos que hacen carrera con mucho menos fundamento que estas tres líneas.

La mirada a la realidad es directa, clara, cruda en algunos casos, pero manteniendo la esperanza y siempre tratando de encontrar el vaso medio lleno en la locura que nos rodea.

Tengo que reconocer que cuando escuché el final de Una canción que olvidar se me metió algo en el ojo…

Perdido en medio del mar, tan sólo queda remar

y de eso no se olvidó.

Y cuando cree naufragar, le resucita escuchar

“No pasa nada papá”

Ahora toca disfrutar de todos estos temazos en directo, donde la banda tiene su razón de ser y da su mejor versión. Pero hay que vivir los conciertos de este y de cualquier otro grupo de MÚSICOS con mayúsculas con todos los sentidos.

Y eso implica guardar el móvil, con los prejuicios y las modas bajo llave.

STAFAS ESTÁN DE VUELTA, MANO A MANO, GOLPE A GOLPE

¡PERO ANTE TODO LA ACTITUD!

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