Cuando pasen los años, que pasan rápido como habrán podido observar, recordaremos al Real Madrid de esta época por cinco futbolistas que serán cuatro cuando también se haga memoria de los años post Cristiano. Estoy casi convencido de que los nombres de Modric, Kroos, Casemiro y Benzema serán fijos en el recuerdo, una de esas letanías que perviven en la mente de los viejos aficionados incluso cuando se borra lo demás. Su mérito no es sólo haber formado parte de los equipos (titulares) que ganaron tres Champions consecutivas, sino seguir siendo futbolistas esenciales cinco años después (aún titularísimos).

Esa longevidad en la excelencia es tan infrecuente como extraordinaria. Baste decir, a modo de anecdotario, que Kopa, Rial, Di Stéfano, Puskas y Gento —los cinco evangelistas blancos— coincidieron en una única temporada y en sólo ocho partidos de Liga y dos de Copa de Europa. Por cierto, el debut de tan magna delantera en Chamartín se saldó con una derrota por 2-3 contra el Real Valladolid. Los caminos del fútbol también son inescrutables.

Es posible que a alguien le extrañe este elogio de la singular sociedad Modric, Kroos, Casemiro y Benzema (tres medios y un delantero) después de vencer al Granada, que es un rival menor incluso en comparación con su versión de hace una temporada (resten lo que fue el equipo y lo que es ahora y sabrán cuánto vale Diego Martínez).

Sin embargo, el protagonismo del cuarteto no puede ser pasado por alto: Kroos propició el primer gol y asistió a Nacho en el segundo, Benzema y Modric inventaron el tercero y Casemiro iluminó a Mendy en el cuarto. Insisto, cinco años después que van camino de ser seis.

Es cierto que hay jóvenes que corren sus pases y también deben ser reseñados. Asensio volvió a dejarnos la miel en los labios, como hace cada mes y medio para luego guardar bajo llave el tarro de las esencias. Es verdad que Vinicius volvió a ser el futbolista entusiasta de últimamente, gol incluido, también responsable del harakiri granadino. Y para hacer justicia habría que citar igualmente a Alaba, Nacho o al indescifrable Mendy (el peor de los buenos o el mejor de los malos). También al portero, claro. Pero cumplido el trámite, todo nos devuelve al cuarteto de cuerda y viento. Cuando ellos están bien, todo se ordena. Cuando ellos se pierden, nadie se encuentra.

Al grupo sólo le falta un apodo y desde aquí me permito convocar un concurso de ideas. En el siglo pasado las sociedades pasaban a la inmortalidad tanto por su rendimiento como por lo ingenioso del sobrenombre. Las resonancias marvelianas son indudables: La Eléctrica (Oviedo), Las Maravillas, Los Catedráticos (Athletic), El Huracán de Les Corts (Barça), Los Cinco Magníficos (Zaragoza), El Quinteto Mágico (Real Madrid), La Delantera de Seda (Atlético)…

A falta del bautizo queda la genuflexión. Son grandes estos cuatro. Es posible que alguno ya sea viejo y es seguro que tienen más por detrás que por delante. Pero siguen tirando de un equipo que a esta hora es líder de la Liga y que vaya usted a saber.

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