Aportemos un poco de perspectiva para no dejarnos engullir por el desánimo: superado el primer tercio de la competición, el Cádiz está fuera de la zona de descenso. Sé que leyendo los apocalípticos tuits y las catastrofistas conversaciones en Facebook parece difícil de creer, pero los números son tozudos: si interrumpe ahora mismo la lectura de esta crónica y le echa un ojo a la clasificación, verá a cuatro equipos por debajo de los gaditanos. Sí, en serio.

Aplicada el árnica, al lío.

Llegaban los de Cervera a Getafe paladeando aún los efluvios positivos de la última victoria en San Mamés. Nada (o casi nada) hacía presagiar lo que ocurriría en el Alfonso Pérez. Citemos en el “casi” al mal fario de los parones de selecciones y a los jugadores que quedaron fuera de combate o disminuidos durante el paréntesis: Osmajic, Fali, Jonsson, Lozano.

Con todo y con eso, Cervera dispuso sobre el verde un once de garantías. Estaban los habituales (los nombres de Marcelo y Negredo no le rechinaban a nadie) y, en una primera lectura, todo parecía en orden. Se avecinaba un partido cerrado entre equipos recios, donde las defensas se impondrían y solo algún detallito aislado podría decantar la balanza. Pero no.

Nada más rodar el esférico se notó un abrumador diferencial de intensidad. Los azulones ganaban los duelos individuales, los balones divididos, las refriegas aéreas. Duró poco, lo suficiente para que en el minuto seis Olivera, a pase de Damián Suárez, le comiese la tostada a un despistado Carcelén. Conseguido el botín los locales replegaron líneas y, poco a poco, el Cádiz se fue sintiendo más cómodo. Superó por momentos a su rival y generó peligro en el área de David Soria. Durante algunos tramos se atisbó el empate como una lucecilla lejana, pero se llegó al intermedio con desventaja en el marcador.

Por desgracia, Cervera no parece inspirarse en la obra de Francis Ford Coppola. Las segundas partes de su equipo están siendo tenebrosas y esta vez marcó un nuevo hito en la bipolaridad cadista: al apañadito Dr. Jeckyll que fueron los amarillos en el primer tiempo, le siguió un Mr. Hyde calamitoso y desnortado, que no sabía ni por dónde le venían los golpes.

El encuentro se empezó a perder en el descanso, cuando el míster cambió la banda derecha al completo desequilibrando al equipo. Es cierto que por ese carril el Getafe creaba problemas, pero a cambio Carcelén había aportado cierta fluidez en la salida de balón y Salvi había generado algo de tibio peligro (del que engendra uys que no se escuchan en el cuarto de al lado). Sea por las sustituciones, sea porque Quique adelantó a los suyos o sea porque está escrito en alguna estrella malévola, lo cierto es que el Cádiz se descompuso tras la reanudación. Fue concediendo terreno y ocasiones, hasta que encajó el enésimo gol a balón parado. Cervera inició entonces un carrusel de cambios, tanto de hombres como de posiciones, que terminó por desquiciar a los suyos. Creo que solo Haroyan y Espino acabaron el choque donde lo empezaron.

Desde ahí hasta el final, presenciamos los minutos que ningún aficionado quiere recordar. Los locales seguían martilleando la meta de Ledesma hasta conseguir dos goles más en nuevos errores absurdos de nuestra zaga. Testuces gachas, rictus serios, digestiones cortadas. Un cuatro a cero en el campo del colista no es buen almuerzo, no.

El caso es que en la tragedia intermitente que está protagonizando el Cádiz, tocó pinchazo. Como de costumbre, las reacciones son desaforadas: insultos, dimisiones, crujir de dientes.

Tal vez la mesura sea mejor consejera. El equipo, junto a partidos lamentables, ha protagonizado buenas actuaciones, victorias de mérito. Es cierto que al entrenador le está costando encontrar una línea estable y que el ambiente raruno tampoco ayuda, pero hay tiempo y margen de mejora. Deben recuperarse lesionados y deben ficharse jugadores útiles, que vengan para aportar desde el primer entrenamiento y que no sean ni esperanzas de futuro ni veteranos en retirada.

Porque este año, de lo que se trata, es de que al final de la temporada sigamos viendo a tres equipos por debajo en la clasificación.

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