Leo en la prensa, con cierta sorpresa, una afirmación de un conocido entrenador español. En el trasfondo de la misma noto cierto rechazo:«En el fútbol de ahora hay más atletas que futbolistas». Lo enfatiza como si hubiera algo reprochable en esta realidad. Y qué hay de malo, me pregunto. Ojalá todos los jugadores que pisan los campos de fútbol fueran atletas.

En un deporte como el futbol, en el que un jugador está en contacto con el balón poco más de dos minutos por partido, sería bueno que los protagonistas exhibieran capacidades condicionales como la Resistencia, la Fuerza y la Velocidad, fundamentales en cualquier deporte en general y en fútbol en particular. Dichas capacidades justifican lo que hace el jugador los 88 minutos en los que no toca la pelota (correr, esprintar, saltar, frenar, chocar) y su optimización mejora en un porcentaje muy alto todas las acciones técnicas con balón: controlar, disparar, conducir, cabecear, pasar o driblar. No pasemos por alto que con las interrupciones del VAR los partidos duran se prolongan y los esfuerzos brutales hay que repetirlos cada tres días.

Afortunadamente no sólo no existe una contradicción entre el Atletismo y el Fútbol, sino que son complementarios. Cada vez aparecen más profesionales de la preparación física que ponen en práctica sistemas específicos de entrenamiento que provienen del Atletismo. La idea es que los jugadores sean cada día más atletas sin dejar de ser unos magníficos futbolistas. ¿O es que Mané, Salah, Haaland, Mbappé, Kanté, Vinicius o Sané no son futbolistas? La alta intensidad del fútbol actual ha venido para quedarse. Y los esfuerzos en cada partido —en cuanto a duración y frecuencia— son tan exigentes y extenuantes que requieren del jugador del siglo XXI el equilibrio perfecto entre Atleta y Futbolista. Es tal la evidencia que ni siquiera necesita un debate.

Amén.

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