Esta es una historia que hemos leído y visto en el cine otras veces. Una historia de esas que hablan de conspiraciones internacionales, de malvados con altos cargos, de corruptos sin escrúpulos y de los desmanes que cometen aquellos que deberían defendernos mientras nadie cree que pueda estar pasando algo así. Próxima estación: conspiración es una de esas historias y presenta todos esos aditamentos. Y, por supuesto, también aparecen héroes que nos quieren defender de todo eso. Es decir, que esta novela es un thriller de libro, aunque presenta una novedad que la hace diferenciarse de las demás.

En esta conspiración los que vienen a defendernos son dos tipos normales que se encuentran de pronto envueltos en algo muy grande, algo que los sobrepasa por completo y en lo que, sin embargo, no dudan en involucrarse porque son los únicos que se lo creen. Hablamos de Xabier García, un inspector de policía vasco, y de Marcos Labairu, un maquinista de cercanías del Euskotren.

Un incidente fortuito provocado por un demente que lanza piedras al tren que conduce Marcos inicia las pesquisas: aquel tipo había sido una persona normal. Eso le lleva a investigar y a relacionar el caso con otros acaecidos en distintas partes de Europa, sin que nadie le preste la más mínima atención, y mucho menos la policía, claro está. Hasta que el inspector García lo hace, movido por la curiosidad y por las ganas de ascender a partes iguales. A partir de ahí, la bola se va agrandando.

Jorge Urreta (Bilbao, 1972) ha preferido que los momentos de acción no se dejen sentir y ha trazado una línea de continuidad durante toda la trama en la que va manteniendo la tensión, pero sin sobresaltos. Lo logra desdramatizando las situaciones con diálogos amenos y distendidos durante las escenas más insospechadas y utilizando un lenguaje tremendamente coloquial y no exento de humor, incluso en situaciones en las que los protagonistas deberían estar preocupados.

Ambientada en Euskadi, esta novela se mueve hasta Madrid pasando por Escocia. La trama va llevando al lector de un lado a otro, como si estuviera subido en un tren a mucha velocidad, consciente de que el choque sería brutal. Es una obra muy amena a pesar de sus 430 páginas y recomendada especialmente para los viajes. Los de avión, también valen.

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