Quizá de todas las andanzas de Gasol como profesional del baloncesto, de sus numerosos éxitos como privilegiado deportista, aquel final de su segunda temporada en Los Ángeles Lakers, el año de su primer anillo de campeón, pudo ser el más completo. El mejor equipo del mundo en el baloncesto de clubes, sin comparar con sus veranos de selecciones nacionales, necesitaba de Pau un paso al frente en una materia que no había necesitado dominar hasta la excelencia, la defensa. Los playoff fueron cumpliendo los pronósticos, dejando para la Gran Final el duelo previsto; Los Ángeles Lakers eran los campeones de la Conferencia Oeste, mientras los Orlando Magic de Superman Howard habían sorprendido a Los Celtics y a Miami Heat, el otro favorito, haciéndose con el oficioso título de campeones del Este.

De nuevo Gasol llegaba al último campamento antes de la gran cima, en su primera temporada completa en el equipo, y de nuevo se apuntaba en él la capacidad del equipo para hollar el pico más alto de su profesión; el anillo NBA.

Lo que sucedió durante ese playoff fue el trabajo más fino e inteligente que podemos recordar en un hombre alto del baloncesto a ese nivel. Gasol había ido asimilando todo tipo de presiones —del entrenador, de la prensa, de sus compañeros—, sin elevar excesivamente la voz, y sin cambiar de un modo evidente su presencia en la cancha. Pero había ido preparando una sorpresa en caso de que el enfrentamiento con Howard se hiciese realidad. Es difícil asegurarlo, pero es probable que la sorpresa la recibieran hasta sus propios compañeros. Gasol estaba absolutamente preparado para defender a Howard, con un músculo que no parecía el más importante en el choque de cuerpos gigantes tan cerca de la canasta. Pau se planteó la serie de partidos frente a Superman como un reto mucho más intelectual que físico, usando su cerebro de privilegiado deportista para poner todos los recursos técnicos posibles a su favor (anticipación en los movimientos, elección de lugares en los que enfrentarlo, uso de las faltas en momentos importantes pues Howard era un muy irregular lanzador de tiros libres, convencimiento previo y manejo de las ayudas de sus compañeros de modo absolutamente coordinado), convirtiendo un combate individual en inferioridad de condiciones, en una batalla coral de la que salió como brillante vencedor y hombre clave en la victoria final de su equipo.

Lo que Pau puso de manifiesto, durante ese playoff que terminó de rematar su perfil de mito del Deporte Español y Mundial, fue la privilegiada capacidad de un deportista de equipo para potenciar todas sus fortalezas como competidor y minimizar sus posibles debilidades en el momento justo y en el lugar correcto. En el Arte de la Guerra, aquel general chino, explicaba las claves de su filosofía en dos principios…

Todo el Arte de la Guerra se basa en el engaño.
El supremo Arte de la Guerra es someter al enemigo sin luchar.

…y Pau Gasol, nos explicó durante aquellas dos semanas de Final NBA frente a los Orlando Magic de Superman Howard que él también podía disfrazarse. Tomó el disfraz de Szun Tzu, y ofreció una bella lección de inteligencia deportiva para los anales del baloncesto.

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