“Ayer fueron Zamora, Samitier, Quincoces, Regueiro, Gaspar Rubio, Gorostiza… más tarde vinieron Zarra, Gaínza, Basora, Campanal… luego Di Stéfano, Gento, Marcelino, Suárez, Kubala… y ahora Amancio, Rexach, Gárate, Marcial, Iribar, Lora, y tantos otros… hoy llegan Chelo, Menchu, Luisa, Piluca, Julita… una delantera de Primera División… cinco internacionales temibles, impresionantes, con un tiro a puerta fuera de serie…”.

Hace 50 años, el 7 de octubre de 1971, se estrenó en España Las Ibéricas FC, el primer trabajo como director del prolífico Pedro Masó (Anillos de Oro). En apariencia, la película podría pasar por un entretenimiento ligero (ligerísimo) filmado en los años del machismo rampante y el proto-destape (la primera teta del cine español se vio en 1969, en La Celestina). Sin embargo, más allá de la superficialidad de otras películas de la época, Las Ibéricas FC es una burla hacia las mujeres que juegan al fútbol, en un momento, y esto es lo fundamental, en que las mujeres estaban empezando a jugar al fútbol de forma organizada.

Las Ibéricas FC es la representación cinematográfica de una reacción del sistema ante un fenómeno que irritaba a las mentes más obtusas: el fútbol femenino. Quienes se oponían a que las mujeres jugaran al fútbol, esgrimían en primer lugar un difuso argumento estético, tal y como expuso el entonces presidente de la Federación Española de Fútbol, José Luis Pérez-Payá: “No estoy en contra del fútbol femenino, pero tampoco me agrada. No lo veo muy femenino desde el punto de vista estético. La mujer en camiseta y pantalón no está muy favorecida. Cualquier traje regional le sentaría mejor”.

También se alegaba una fantasiosa contraindicación médica. Se decía que el fútbol femenino podía tener consecuencias fatales en el organismo de la mujer y en su desarrollo, especialmente dañinas para la maternidad. En Las Ibéricas se añade otra afectación, esta de carácter psiquiátrico. Una de las futbolistas se empieza a sentir poseída por los espíritus de Pirri, Ufarte y Argoitia. La consecuencia es que comienza a afeitarse, beber coñac y fumar puros.

La película explora todas las formas de machismo imaginables, incluida la violencia de género.

—No puedo dejar a mi novio porque sacude unos guantazos divinos.

—¿A quién?

—A mí… el mes pasado me dio una que estuve tres días a base de fomentos.

—Tú eres una masoquista…

—De eso nada, lo que pasa es que le quiero.

—A mí me pega un tío y no sabes la que le doy.

—Lo dices porque no te han zumbado todavía, pero el día que te sacudan, ya me dirás, pasa lo mismo que con el primer beso. El día que se te presente un tío con dos remos te pierdes, y si te sacude, te mueres.

El guion está repleto de comentarios supuestamente picantes y casi siempre patéticos. Habla el entrenador del equipo (Manolo Gómez Bur): “A las mujeres hay que saber dominarlas, y yo sé cómo las voy a dominar… con este pito… pero tocándolo enérgicamente, este pito ha hecho milagros, hombres como castillos me han obedecido, imagine usted las mujeres…”.

Tina Sainz (4), Ingrid Garbo (9) y Rosanna Yani (11).

Ni qué decir tiene que las futbolistas de Las Ibéricas son frívolas, flojas, poco esforzadas, se pintan los labios durante los partidos y se pelean mientras el balón está en juego.

—Con esto puesto nos van a desnudar con la mirada…

—Oh, qué ilusión…

Para completar el catálogo de prejuicios, en las gradas del Calderón —allí se ruedan los partidos con el público postizo de los encuentros de Liga— se nos muestran dos homosexuales adornados de todos los clichés imaginables. Arremeten contra las chicas (“¡Vosotras a fregar, que es lo vuestro!”) y terminan por llenar el campo de ratones (“¡morderlas, morderlas!”) para mayor pánico de las jugadoras sobre el campo. En pleno delirio, los ratones se cuelan por el escote de las chicas y un viejo verde suspira: “¡Quién fuera ratón!”. Por cierto, los dos homosexuales mencionados (hay otro que es peluquero) acaban la película con un ojo morado y zarandeados por un rancio espectador.

Aunque la evolución artística de Pedro Masó le llevó a dirigir doce años después Anillos de Oro, una serie moderna ideológicamente (guion de Ana Diosdado) que trataba asuntos como el divorcio, el aborto o la homosexualidad, su forma de entender el erotismo, y en cierta medida su cine, fue explicada por él mismo en una entrevista para El Mundo en 2003: “A mí no me gusta la mujer desnuda, sino en transparencias. Una criatura con unos tenis y unos calcetines cortos, y una camisa sobre un apunte de la braga tiene mucho más encanto que una señora en pelotas en la ducha. Yo procuro que en todas mis películas haya situaciones eróticas porque son necesarias, como lo son en la vida”. 

Asombrosamente, las críticas a la película no fueron malas y nadie se alarmó por el machismo o la ridiculización de las mujeres. Esta es la reseña de Antonio de Obregón en ABC:

“Resulta obvio decir que lo importante, más que situaciones y chistes y gritos del público o de los actores —la película es gritadísima—, son el grupo espléndido de muchachas elegidas que todo lo justifica, desde actrices tan bellas y capaces como Rosana Yani, Ingrid Garbo, Tina Sainz, Margot Cottens, a una figura de los tablaos tan interesante como La Contrahecha, que debuta con suerte y personalidad. Especialmente hay cinco que pudieran ser otros tantos premios de belleza en las más exigentes competiciones. Todo esto, el colorido, el entusiasmo que se ha puesto y los claros objetivos que se pretenden: una película archipopular de un tema y un ambiente tan en candelero como el fútbol, hacen que no se repare mucho en la consistencia del tema, arropado por elementos musicales, coloristas, espectacuJares, cuyo denominador común, protagonista, es el ansia de competición en los arrebatados ámbitos multitudinarios”.

La Contrahecha, por si alguien se lo pregunta, fue una bailarina de flamenco de nombre Encarnación Peña Gómez (Sevilla, 1946), que recibió ese apodo como una forma irónica de referirse a su cuerpo escultural. Masó se enamoró de ella y le dio papeles en Las Ibéricas FC y Las colocadas, sus únicas incursiones en el cine como actriz y en las que promocionó su manera sensual de bailar.

La trama de Las Ibéricas, en el éxtasis de los tópicos, hace coincidir al equipo femenino con un equipo sueco que ha llegado a Madrid para enfrentarse al Atlético. Uno de los fornidos escandinavos cae rendido ante una de las chicas y exclama: “Donde estén las españolas que se quiten las suecas”. Curiosamente, entre las actrices que interpretan a las ibéricas había mayoría de extranjeras: Rosanna Yani es argentina, Ingrid Garbo alemana, Claudia Gravy congoleña, Isabel García guineana, Colette Jack francesa… La madrileña Tina Sáinz, la única protagonista española, es señalada por el guion como la menos agraciada de las chicas…

Como se puede suponer, la historia acaba en boda múltiple, un final que ya era sugerido por la canción de la película, resumen filosófico de la trama: “Once corazones que en el césped laten como un solo corazón, once corazones que se entregan llenos de ternura y de calor, once corazones que al final vencieron al deporte y al amor. Once chicas, once sueños, once lindos minishorts…”.

El entorno en 1971

Y ahora vayamos al contexto, fundamental para entender que Las Ibéricas FC no era una película inofensiva…

Diez meses antes del estreno de Las Ibéricas FC, el 8 de diciembre de 1970, se había jugado en Villaverde (Madrid) el que se tiene por el primer partido de fútbol femenino entre clubes disputado en España. Se enfrentaron el Sizam Paloma y el Mercacredit, ambos equipos presididos por Rafael Ruiz Muga, organizador del evento y figura clave en la historia del fútbol femenino en España. La estrella del partido fue Concepción Sánchez Freire, de sólo quince años. Terminó con cinco goles (ganó el Sizam 5-1) y un apodo para toda la vida: Conchi Amancio. “Media hora antes no había nadie y después vimos a 8.000 personas. Parecía que toda la prensa de Madrid estaba allí. No sé cómo pasó. Los periodistas me pusieron Amancio porque yo regateaba mucho y muy bien. Amancio también era bajito y buen regateador”.

Conchi Amancio
Conchi Amancio, ayer y hoy.

El 8 de diciembre da comienzo una revolución. Ese mismo día se jugó en Murcia otro partido femenino entre un equipo universitario y las representantes de un establecimiento comercial con arbitraje de José Emilio Guruceta. En Granollers se enfrentaron los dos equipos femeninos de la Unió Esportiva Centelles. En la prensa se anunció la celebración de un partido en Indauchu entre el Sondica y el Munguía, con saque de honor por parte de la alcaldesa de Bilbao, Pilar Careaga de Lequerica, la primera mujer a la que ETA intentó asesinar (1979).

Siete días después, el 25 de diciembre de 1970, jugaron en el Camp Nou una selección de la Ciudad de Barcelona (un Barça femenino no oficial) contra el Centelles. Curiosamente, las representantes del Fútbol Club Barcelona jugaron con camiseta blanca.

El 31 de diciembre se anunció la celebración para el 4 de enero de un partido de fútbol femenino que se jugaría en Vallecas después del tradicional encuentro benéfico entre toreros y actores. Como era costumbre estaba organizado por el gobernador civil de Madrid y patrocinado por la mujer de Franco, Carmen Polo. Los equipos femeninos estaban formados por las “folclóricas” (cantantes del género español) y las finolis (cantantes de amplio repertorio). Aunque la recaudación del evento estaba destinada a las guarderías del Patronato de Nuestra Señora del Socorro, se supo luego que Lola Flores cobró 20.000 pesetas por jugar. Este hecho, el del cobro, hace pensar que el partido no fue una ocurrencia espontánea al calor de la polémica recién creada, sino una reacción del sistema. El objetivo era desacreditar el fútbol femenino.

Lola Flores, bética y folclórica.

Tal y como cabía esperar, el partido fue un circo. Por el lado de las folclóricas, y con la camiseta del Betis, jugaron Lola Flores (47 años), su hermana Carmen, Gracia Montes, Rosa Morena, Marujita Díaz, Rocío Jurado o Conchita Bautista. Por las finolis, y con la equipación del Rayo, se alinearon Encarnita Polo, Mara Lasso, Gisia Paradís o Luciana Wolf…

Arbitraron (es un decir) Júnior y Juan Luis Galiardo. Manolo Gómez Bur ejerció como masajista sobón y los ardores, si los hubo, se vieron aplacados por el fresquete: cuatro grados bajo cero. El partido, por llamarlo de alguna manera, acabó con empate a un gol y no tardó en programarse una revancha en Sevilla para el mes de marzo.

Entretanto, el fútbol femenino español, el de verdad, continuaba dando pasos adelante. Del 24 de enero al 28 de febrero se disputó el Trofeo Fuengirola, un campeonato nacional oficioso en el que tomaron parte el Sizam Paloma de Madrid, Racing de Valencia, Peña Femenina Barcelona y Polideportivo Fuengirola (primer campeón). 

El 21 de febrero de 1971 la Selección española (la selección clandestina, como ha pasado a la historia) disputó su primer partido internacional pese a no estar reconocida por la Federación. Lo hizo sin escudo y sin himno, con Portugal de contrincante (3-3). El incansable Rafael Ruiz Muga organizó el partido en La Condomina y contó con la inestimable ayuda del presidente del Murcia, José Codina Benítez, y de Juan Antonio Samaranch, entonces Delegado Nacional de Educación Física y Deportes y antes presidente del Comité Olímpico Español. Samaranch hizo llegar equipaciones completas de la Selección. En agradecimiento, Muga rebautizó al Mercacredit como Olímpico Villaverde y fundó una revista del mismo nombre dedicada al fútbol femenino. Más de 3.500 personas se dieron cita en las gradas después de pagar entre 40 y 50 pesetas.

Este fue el equipo de España: Kubalita; Virginia II, García, Herrero; Feijoo, Angelines; Vázquez, Virginia I, Cruz, Conchi y Laura. 

El 19 de marzo de 1971 se celebró en el Pizjuán el partido de vuelta entre folclóricas y finolis. Antonio Burgos lo recibió así desde las páginas del ABC de Sevilla: “Cuando folklóricas y finolis enfundaron en las convencionales camisetas sus generosos perímetros torácicos, creo que comenzaba una nueva era en los espectáculos españoles”. Esta vez, el beneficiario del partido fue la obra social ADA, una entidad de ayuda a los marginados. Las folclóricas hicieron valer el factor campo y ganaron por 3-0, hat-trick de Carmen Flores (madre de Quique Sánchez Flores). Las finolis fallaron dos penaltis. Estos fueron los equipos:

Finolis: Maruchi González; Encarnita Polo, Gisia Paradis, Elena, Rosalía, Angela Rhu, Soledad, Mara Cruz, Paloma Cela, Rosa Fontana y Gloria Cámara.

Folclóricas: Cuqui Fierro; Carmen Martínez, Cloti Martínez, Gracia Montes, Eulalia del Pino, Marujita Díaz, Carmen Blasco, Rosa Morena, Carmen Flores, Lola Flores y Esperanza Fierro.

Así vio Mingote en ABC en marzo de 1971 el nuevo fenómeno del fútbol femenino.

En mayo se reunieron en el Hotel Claridge de Madrid una representación de los presidentes de clubes femeninos: pretendían ser reconocidos por la Federación para disputar un campeonato de Primera División la temporada siguiente. Este es un extracto de la entrevista que le hicieron en ABC a Javier Jiménez, presidente del Valencia CF femenino, promotor del encuentro. El señor Jiménez aporta los siguientes datos: “En España unos 950 equipos femeninos de fútbol, de los que 40 cuentan con organización y base. De ellos, sólo diez o doce estarían en condiciones de actuar en un torneo nacional».

—Usted, cree, de verdad, que la mujer está capacitada para jugar al fútbol?

—Si practica otros deportes, por qué no. Tenemos informes médicos favorables, y con una preparación adecuada, la mujer puede jugar al fútbol. Hay deportes que son, aunque no lo parezca, tan violentos como el fútbol, y la mujer los practica sin trabas

—Tengo mis dudas, como usted comprenderá…

—Es lógico, por que quién no las ha tenido. Pero yo sostengo que el fútbol femenino puede llegar a ser una realidad en España como ya lo es en otros países.

—Entiendo que la mujer tiene menos aptitudes físicas que el hombre para la práctica del fútbol…

—Pero tiene, en cambio, mayor espíritu de sacrificio…

En julio, la Selección clandestina afrontó su primer partido fuera de casa, en Italia. Perdió 8-1, lo que no es tan raro si pensamos que las italianas tenían una Liga desde 1968.

La mascota del Mundial 71 femenino.

Entre agosto y septiembre se disputó en México el segundo Mundial de fútbol femenino (el primero se celebró un año antes en Italia), de nuevo sin el reconocimiento de la FIFA. Participaron seis selecciones (México, Argentina, Austria, Dinamarca, Inglaterra e Italia); la Federación española no atendió la invitación a pesar de que los gastos corrían a cargo del sponsor principal, Martini & Rossi, que pagó desplazamientos, hoteles y uniformes. Las futbolistas no vieron dinero alguno aunque los estadios se llenaron previo abono de las correspondientes entradas. A la final en el estadio Azteca acudieron 110.000 espectadores (Dinamarca venció a México por 3-0). El éxito del torneo se salpicó de detalles un tanto cuestionables: los postes se pintaron con rayas rosas, los miembros de la organización vestían del mismo color y una de las marcas patrocinadoras fue un refresco adelgazante, Dietafiel.

La UEFA tomó nota y encargó a sus federaciones asociadas el fomento y la gestión del fútbol femenino. En Inglaterra, la FA, que lo había prohibido en 1921 por ser «inadecuado para las mujeres», levantó la prohibición y medio siglo después se disputó la primera final de la Copa FA femenina (Southampton Stewarton-Thistle, 4-1).

La Federación Española prometió ayudas al fútbol femenino que nunca concretó. Aquí las cosas van más despacio, ya se sabe. Hubo que esperar a 1983 para que la Selección disputara su primer partido oficial y se organizara la primera competición con el beneplácito federativo.

Las Ibéricas volvieron a jugar en 2016, pero ya no eran ellas, sino ellos. La Fundación Gomaespuma organizó un partido benéfico y el equipo de los humoristas se hizo llamar como aquel de hace 50 años.

Las Ibéricas por fin tuvieron gracia.

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