Nada es tan extraño. Lo extraño era pensar que el Real Madrid no acusaría esta temporada las ausencias de Sergio Ramos y Varane. O imaginar que a Modric, Casemiro y Kroos no les pesarían las piernas (aún más). O que Vinicius vendría al rescate. O que Benzema resultaría suficiente para marcar los goles que faltan… o que Jovic sería una opción. Cada uno es libre de ilusionarse como estime conveniente, pero en lo que respecta al Madrid hay demasiada experiencia acumulada como para llevarse a engaño. No sabemos hasta dónde llegará Camavinga, ni el recorrido que tendrá Miguel Gutiérrez y hasta entiendo que genere incertidumbre Hazard si consigue librarse de las lesiones. Pero lo demás lo sabemos casi todo. Sabemos que Benzema sostiene todo el armazón ofensivo del equipo y cuando él está ausente no queda apenas nada. Sabemos que la defensa es poco fiable, aunque el portero lo disimule muy bien. Conocemos el carácter de los veteranos, orgullosos e irreductibles, y tenemos pruebas de que no se dejarán ir, de que pelearán cada torneo hasta el límite de sus fuerzas. Pero también hemos comprobado que no se puede vivir de puntillas.

Perder sucesivamente contra el Sheriff Tiraspol y el Espanyol es un aviso para navegantes optimistas. Esta es otra temporada de transición, aunque los viejos del lugar y los jóvenes impetuosos nos repitan que en el Madrid no hay transiciones y aunque hayamos visto con nuestros propios ojos cómo se ganó una Liga mientras aún se guardaba luto por Cristiano.

Hasta que el Real Madrid no fiche a Mbappé y construya a su alrededor un nuevo proyecto —si es lo que pretende— seguirá siendo un equipo de viejos campeones con unos cuantos becarios. No ha cambiado nada. Cualquier rival puede hacer cosquillas al león y quizá el Espanyol no sea un cualquiera. Raúl de Tomás es uno de los delanteros de más categoría de la Primera División (no sean ventajistas y no lo comparen con Jovic). Ya no es lo que remata, sino lo que juega. Lo que ordena al modo de Benzema, aunque desde un escalón inferior. Darder o Aleix Vidal son también futbolistas de altísimo nivel. Con eso ya sufre el Madrid, dominador al principio y desbordado luego.

El gol de Raúl de Tomás, en íntima colaboración con Embarba, dejó en evidencia a la defensa entera. El que marcó Aleix Vidal se concentró en ruborizar a Nacho, que se precipitó en la salida y fue burlado con un caño, sotana, túnel, porra, caguero, violín, ingle perforada, ventanita, bolígrafo, sandía y nuez moscada. Con todo eso. No hay regate más doloroso para quien lo sufre ni más gozoso para quien lo ejecuta.

El vuelo del Madrid se establece, diría que históricamente, en su capacidad para remontar resultados adversos en los últimos minutos. Hasta el momento, había sido implacable (Mestalla, San Siro…), pero algo se quebró contra el Sheriff con estrella. Después del extraordinario gol de Benzema —una clase de recorte y confección— el asedio fue mínimo y desordenado.

No es el fin del mundo. Es la continuación.

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