Revisitar un clásico absoluto puede ser un ejercicio peligroso por numerosos motivos, pero la cuestión principal es que aquellas sensaciones que nos dejó en un momento determinado puede que no se ajusten a los preceptos de una actualidad que demanda el aquí y el ahora preferiblemente para el día de ayer, con una inmediatez que puede ser muy contraproducente hasta niveles insospechados.

Con el aviso del regreso del mítico Diablo 2, y una puesta al día que denotaba el interés por un clásico imperecedero, los veinte años transcurridos prometían en convertirse en un hecho absolutamente intrascendente en comparación con su legado. Aquí están nuestras impresiones.

Hijo de su tiempo

A estas alturas hablar de la trama de Diablo 2 no resulta un aspecto crucial por los años que han pasado. No obstante, hay que reconocer que la aventura sigue tan fresca y atractiva como en el año 2000, cuando aquella Blizzard reinaba con mano de hierro en el corazón de los gamers de PC gracias a extraordinarios títulos como la saga Warcraft, Starcraft y también el propio Diablo. Su segunda parte pretendía ampliar su universo oscuro y tenebroso que se ajustaba a los principios de más grande y mejor, abandonando el entorno de Tristam y los laberínticos niveles de su abadía en pos de unos escenarios que añadían una mayor profundidad a las andanzas de nuestros héroes.

La historia se mantiene a un nivel extraordinario porque cuando las cosas se hacen bien, no hay impedimento que surja para que disfrutemos durante incontables horas. La puesta a punto que podemos disfrutar gracias a la versión Resurrected es sensacional desde todos los puntos de vista, pasando de las gloriosas cinemáticas que han sido santo y seña de la franquicia totalmente reconstruidas partiendo de cero; te permiten ir avanzando en la trama de forma admirable. La versión original puede ser recuperada pulsando L2 más el panel táctil en PS5, como ha sido en nuestro caso. Se nota el tiempo transcurrido, pero lo importante es el propio juego y las absorbentes y oscuras mazmorras en las que nos adentraremos.

Gracias al nuevo motor 3D, aquellas sensaciones opresivas que padecíamos en la aventura del héroe/heroína vuelven mejor que nunca con unos efectos de luz realmente asombrosos. También un nivel de detalle en su amplio bestiario que no deja de ser una auténtica maravilla para esta segunda entrega de la saga. Sin olvidarnos de la evocadora música que nos acompaña en todo momento y que respeta al 100% la esencia de lo que fue Diablo 2 en su momento, aunque adaptada a los tiempos que corren. Es un fiel reflejo del sensacional trabajo realizado por Vicarious Visions.

No hay que olvidarse de que el juego base ofrece incontables horas e incluye todo el contenido posible, desde la excelente expansión posterior que se interesaba por los destinos de Baal, el Señor de la Destrucción, a todas las clases de personaje que permiten un abanico amplio de posibilidades entre los combatientes cuerpo a cuerpo aunque con variantes como el bárbaro o el paladín. Entretanto los lanzadores de conjuros reciben un grupo muy sólido y sin dejar de lado las opciones que trae consigo el druida o la siempre eficiente amazona.

Un lastre que perdura

Desafortunadamente no todo va a ser positivo en esta versión Resurrected. La esencia de Diablo 2, para bien o para mal, se ha respetado al dedillo y eso no le sienta bien en comparación con lo que ofrecen otros juegos más modernos o, sin ir más lejos, el propio Diablo 3. Su gestión de inventario era (y sigue siendo) un verdadero dolor de cabeza y la huella del pasado no le ha venido nada bien.

Podríamos enfrascarnos en infructuosos debates sobre la idoneidad de respetar el espíritu de una obra hasta su mismísima esencia, pero hay aspectos a los que no les vendría mal una puesta al día. Los consumibles y demás, o las mecánicas del teletransporte o identificación de los objetos, son una oportunidad perdida, al contrario de lo que ocurre con la excelente implementación del mando para la versión de consolas, lo que no deja de ser llamativo puesto que este título proviene a fin de cuentas del PC y sigue siendo la mejor plataforma para jugar por medio del teclado y del propio ratón.

Por último, mencionar que habrá que diferenciar entre la modalidad offline y online, donde está la fuente de incontables horas de entretenimiento y es que no resultan ser vasos comunicantes con lo que nuestro personaje en solitario y sin conexión a internet no podrá ser utilizado en nuestras aventuras con amigos u otros usuarios. La ausencia del cooperativo que sí que estaba en Diablo 3 puede llegar a ser desconcertante pese a que estamos hablando de títulos totalmente distintos aunque nos hubiera gustado que formara parte de las opciones existentes, siempre que los numerosos problemas con los servidores te ofrezcan el margen para disfrutarlo tal como se merece.

Conclusiones

Diablo 2 se convirtió por derecho propio en fuente de inspiración para el género de los ARPG (Action Role Playing Games) allá por el año 2000 y aunque la nostalgia puede un elemento peligroso a la hora de rescatar a un clásico imperecedero, lo cierto es que Vicarious Visions ha puesto toda la carne en el asador a la hora de ofrecernos una versión actualizada que refleja el mimo y la atención al detalle que requiere un juego así.

Sin embargo, ciertas mecánicas fruto de su época y que han sido respetadas por desgracia por fidelidad a su espíritu, no han envejecido bien. En su momento había que navegar a través de los farragosos menús porque no quedaba otra, pero no están del todo justificados ni entendidos para una época actual en la que se busca una mayor agilidad y dinamismo, totalmente comprensible en casos como en los de la gestión de nuestro inventario.

No obstante, Diablo 2 Resurrected es una apuesta a ganador en este título tan adictivo, evocador y oscuro que profundizaba en la saga hace un par de décadas y que supone una ocasión idónea para los nuevos jugadores y también para aquellos que ya disfrutamos en su momento mientras vamos al Este, siempre hacia el Este… 

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