Porque no me digan que la cosa no tiene su enjundia. Le dan un premio, bueno, no, le dan todo un Premio Planeta a Carmen Mola y en vez de un ama de casa, pequeñita y dulce, profesora de instituto, van y aparecen tres tíos como tres trinquetes. Y la gente, en lugar de reírse, como se solía hacer antes en este país, la gente va y monta en cólera, porque últimamente la gente monta en cólera como antes se montaba en burro: a diario, por obligación pero además, poniéndose muy digna. Y lo que ha cambiado el cuento, Venancio, que de pronto me pongo a pensar que si hace unos años unos hombres se hubiesen puesto nombre de mujer, hubiera dado igual el motivo, directamente hubiesen sido tachados de maricones. Y sin embargo, en 2021, si un hombre se pone nombre de mujer… es tachado de machista. Tal cual. Somos de pocos grises.

Y es que siendo la sorpresa mayúscula como lo ha sido entre la concurrencia, más lo ha sido cómo se lo han tomado algunos, que se han llenado de ira y de razón a partes iguales, haciendo aspavientos y dándose golpes de pecho. Laicos y progres, pero golpes de pecho al fin y al cabo. Por ejemplo: una librería que únicamente vende obras femeninas lo ha retirado de circulación y tiene todo el sentido. Si sólo venden libros de mujeres y Carmen son tres mozuelos, se entiende y no es criticable. Pero yo voy al resto, es decir, a los columnistas de algunos periódicos, a tertulianos o a la consejera de nosequé de la Generalitat de Catalunya. Se han enfadado y se han sentido ofendidos por la aparición de esa Santa Trinidad y los han llamado machistas, los han acusado de reírse del género femenino en general, de no respetar a las mujeres en particular, de usurpar una identidad y de yo no sé cuantas cosas más… esa actitud es intolerable y debería hacernos recapacitar.

Cuando los autores comenzaron a usar ese pseudónimo lo hicieron sin el más mínimo ánimo de ofender. Ni en sus mejores y más húmedos sueños hubiesen siquiera llegado a pensar en estar donde se encuentran, en lo más alto. Fue una mera broma de unos amigos que ya trabajaban juntos, y por despistar decidieron llamarse Carmen Mola (¡Vaya si mola!) para así triunfar en esto del noir. Allí que se lanzaron Jorge Díaz, Agustín Martínez y Antonio Mercero a escribir al alimón o como se diga, cuando lo hacen tres.

Sin embargo, esto ha sido aprovechado para soltar mandobles de espada medieval, porque una de las cosas que he tenido que leer es que dentro del mundo cultural hay un establishment machista y reaccionario que quiere apartar a la mujer del foco de la fama, para que sean solo los hombres los que triunfen. Como lo oyen. Me los imagino en sus reuniones, con sus barbas victorianas y sus puros. Y pienso en las ganas desesperadas que tienen algunos de que les den likes aunque sea diciendo frases impropias incluso de una ameba y aún de un paramecio para así poder salir del anonimato en el que se hallan por su propia incompetencia, y empezar a vivir de esto. Si no es así no se entiende.

Pero a mí me mola Carmen Mola, esa Santa Trinidad, porque Carmen existe. Si la has leído, Carmen es real y vive en su piso con sus tres hijos. Y ningún lector de Carmen se va a sentir ofendido. Ella, para todos, va a seguir ahí, con su cara dulce, sus clases, su día a día y asesinando a la gente de la manera más bestia que puedas imaginar. Los que leen a Carmen se habrán reído un montón con estos tres notas, porque la gente que lee tiene la mente más abierta y es más feliz; eso se nota. Y los que se enfadan, los que se irritan, los que se ofenden, los amargados, no han leído a Carmen Mola. Bueno, probablemente no han leído nada. Y eso también se nota.

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