No apuntaba nada bueno el once inicial de Q-Man con los cuatro jinetes del apocalipsis culé cabalgando nuevamente sobre el césped del Camp Nou. Aunque ver “a los de siempre” ya no sorprende a nadie y, por ello mismo, tampoco sorprende que no se llegase ni al 50% del aforo. Culpar a la pandemia ya no cuela. El tempranero gol(azo) del Valencia al menos servía para medir el umbral de aguante del socio: bastante/muy alto. Ni un silbido mientras el equipo trataba de rehacerse. Acaso porque frente a la alineación de los sospechosos habituales la gran novedad era la titularidad de Ansu Fati casi un año después. Es cuestión de tiempo que el chaval haga subir la asistencia en un gran porcentaje.

Porque cuando el equipo estaba en la clasificación más cerca del descenso que del líder, apareció el único asidero de esperanza real que tiene este equipo. Con una jugada que habría firmado con la zurda el único D10S del futbol, el canterano sembró dudas sobre su rendimiento tras la lesión: ¿acaso ha vuelto aún mejor que antes de ella? Su tiro de rosca a la base del palo certificó que el 10 sigue estando en buen lugar. Porque todo lo bueno del equipo pasó por sus pies… y hasta por sus manos.

El Eto’o de Bisau no se quedó solo en el gol: sus ganas y su presión adelantada, que aún le asemejan más al camerunés, hacían que el equipo pareciese otro. Al menos en ataque porque en defensa… cada llegada del Valencia seguía sembrando el pánico. Nada nuevo en el horizonte. Un nuevo gol del Valencia, y a pocos días de la primera gran final de la temporada en la Champions, habría acabado con la paciencia del público. Pero por suerte llegó el penaltito forzado por Ansu: algo a medio camino entre penalti claro y penaldo. Memphis lo lanzó con tal fuerza que su disparo hubiera llegado a Tennessee de ser necesario.

La victoria momentánea, y hasta justa, al descanso, demostraba que cuando al equipo le acompaña el físico, puede hacer un partido más que digno. Pero a la que falla el fuelle, se cumple la tendencia culé del ultimo lustro: siesteo y dos pasos atrás. Ese fue el único guion de la segunda parte con el equipo partido en dos: aguantar el resultado. Un tiro al palo del Valencia era un claro aviso de lo que podía suceder. El run-run de la grada mutaba en un ay-ay-ay que retumbaba al ver el cambio de Ansu Fati por Chutinho. Las fintas y filigranas del brasileño solo auguraban que el gol de Maxi López estaba al caer.

Pero como era el día de Ansu, hasta el saludo del canterano en el cambio pareció beatificarlo: con un Valencia volcado al ataque, aprovechó su soledad en el área para marcar el 3 a 1 que sentenciaba el partido. Es el momento de grabar sus highlight en estos tres larguísimos años y enviar el vídeo al e-mail del Newcastle: no habrá problemas con un archivo adjunto que apenas llegará a los 10 megas.

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