España depende de sí misma para clasificarse para el Mundial de Qatar 2022. Habrá quien encierre la frase entre exclamaciones, pero yo me las guardo para mejor ocasión. Además, mi signo de puntuación es el punto y coma (abuso hasta el éxtasis); es como amagar que te paras y seguir corriendo. Sigamos, pues. La Selección ganó a Kosovo (0-2) y Suecia perdió en Grecia (2-1); donde había un cielo gris ahora hay un sol radiante. Si ganamos los partidos que restan (Grecia y Suecia) entraremos en el Mundial como primeros de grupo y aspirantes a lo que sea menester. Luis Enrique, de nuevo, habrá tenido razón.

Ya lo aviso: cualquier explicación adicional no hará más que enturbiar el primer párrafo. Así que ruego que se queden con lo anterior y se marchen a dormir. O a ver una serie. Incluso a leer. Seguro que la crónica del Grecia-Suecia es apasionante. Los griegos siguen vivos en el grupo gracias a los goles Anastasios Bakasetas y Vangelis Pavlidis; sólo queda confiar en que no se sientan tan vivos cuando a España le toque visitar Atenas (11-11-21).

Suponer que el partido que no ves es mejor que el que tienes ante los ojos es una clara demostración de insatisfacción futbolística y quizá existencial. La Selección no tuvo una noche desbordante en Pristina, ciudad llana aunque parezca esdrújula. Lo más relevante, quizá lo único reseñable, fueron los goles. Tanto Fornals como Ferrán (Comunidad Valenciana FC) se fabricaron los suyos a partir de unos rudimentos básicos. El primero enlazó giro y disparo en una jugada que estaba lejos de ser evidente. El chico lo celebró formando con sus dedos un corazón, ya saben. La costumbre tiene diez años y recemos para que no dure otros diez: Google popularizó el gesto en 2011 para vender su Google Glass y lucir fotos con el like incluido. No obstante, el primer antecedente se remonta a 1989, cuando el artista italiano Maurizio Cattelan se fotografió haciendo un gesto parecido. El trabajo de este artista evolucionó desde entonces hacia la provocación y el humor: en 2019 presentó la obra Comediante, compuesta por un plátano pegado a la pared con cinta aislante y vendida por 120.000 dólares.

El gol de Ferrán tiene menos literatura; digamos que fue un punto y coma: corrió, amagó frenar y siguió corriendo.

Entre una cosa y otra la selección de Kosovo dispuso de media docena de ocasiones claras o clarísimas, prístinas. Sobre ese filo caminamos durante todo el encuentro y el final del paseo lo hicimos silbando, confiados en que no nos marcarían aunque siguiéramos jugando dos años.

Poco más que decir. Que España va bien y que mejor si no entramos en detalles.

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