Tengo que confesar que los coches no son lo mío y que miro extrañado a mis amigos cuando dicen lo que cuesta cada modelo o las prestaciones que tiene. A muchos de ellos les encantaría tener un Ferrari o similar, pero la economía da para lo que da y se tienen que conformar con coches más modestos. Si vendieran Ferraris a 40.000 euros seguro que alguno se compraría uno. Pero eso no existe, salvo que sea un modelo viejo que ya no mola o esté tan averiado que nadie esté dispuesto a pagar más de esa cantidad. Las cosas valen en función de sus características, su exclusividad o de lo que el más loco está dispuesto a pagar por ellas. “¡Es el mercado, amigo!”.

El Atleti compró el equivalente a un Ferrari en el último mercado de fichajes. Concretamente el modelo Griezmann. Cuando salió a la venta por última vez en 2019 costaba 120 millones. Venía de serie con muchos extras, tenía bastante gol, había sido Campeón del Mundo, tercero en el Balón de Oro en 2018, Bota de Plata en un Mundial, … El Atleti lo ficha ahora a préstamo y con una cláusula de compra de 40 millones sencillamente porque Griezmann ya no es el jugador que era. Si lo fuera costaría mucho más y tendría pretendientes más ricos. Unos fichan (o tratan de fichar) Lukakus o Mbappés nuevecitos y otros van al mercado de segunda mano.

Ha jugado ya 5 partidos y es evidente que el Griezmann viene con una avería de cojones. Para empezar en la cabeza y en la confianza. Vamos, lo que viene a ser la junta de la trócola de un futbolista (y de cualquier deportista). Porque arreglar un esguince o similar es cuestión de medicina y de un poco de tiempo, pero esto es mucho más difícil curarlo en tres semanas. Como dijimos cuando se consumó su cesión-fichaje, Griezmann era un inconsciente futbolista que se divertía jugando, al fútbol y a otras cosas (entre sus pasiones estaba hacer vídeos). Dos años en el purgatorio del Barça le han borrado la sonrisa de la cara y le han metido un montón de dudas en su cabeza. Ahora en lugar de sonreír, duda, y eso puede ser mortal para un tipo como él.

Nadie sabe si algún día Griezmann volverá a ser el futbolista que fue. Tal vez bastaría con que ser acercase algo. Por edad (30) y cuentakilómetros (565 partidos) debería poder lograrlo, pero no sería el primer jugador con un declive prematuro. Tampoco es la primera vez que a Simeone le toca tratar de recuperar un futbolista averiado. Simeone cree (o creía) que sí puede conseguirlo y es la misión que se ha buscado. El debate ahora es cómo lograrlo. Buena parte de la afición del Atleti clama (obviamente más cuando se pierde) por sentarle en el banquillo, volver al once de la temporada pasada y que se gane el puesto. Comprensible en parte teniendo en cuenta que muchos no le tragan. Pero Simeone no ha hecho eso. Le ha dado bastantes minutos, pese a que fue suplente en el partido más importante que es el que suele marcar titularidades (Oporto). Seguramente tampoco juegue de salida en Milán.

Aunque quizás esté en minoría, entiendo y comparto lo que está haciendo Simeone para manejar el caso Griezmann. En primer lugar, porque que le esté dando minutos es una consecuencia lógica de haberlo fichado. El error, en todo caso, fue ficharle, no hacer que juegue ahora. Griezmann no es un fichaje cualquiera. Un jugador así, con todo lo que se coció para traerlo, no llega y chupa banquillo un mes. Más si tenemos en cuenta que el Atleti ha jugado 5 partidos en 14 días (o 6 en 17, contando el partido de mañana en Milán). Le está poniendo ante equipos teóricamente algo inferiores y repartiendo la carga de minutos entre la plantilla. Difícil recuperarle si no le hace jugar y no le da algo de la receta que más necesita: confianza.

Los hay que dicen que ponerle estando mal acaba con la meritocracia del grupo. La gente tiene la memoria muy débil y olvida que muchos jugadores para los que la afición pidió banquillo siguieron jugando por la “cabezonería” de Simeone. Cuando cree en un jugador, Simeone insiste. No es de ahora. Algunos de ellos no pudieron volver a su nivel, caso de Saúl o Costa, pero otros sí. Correa tenía que ir al banquillo por fallar goles (Levante, Betis) y todos sabemos cómo acabó la historia con un puntín que valió una Liga. O el caso del mismísimo Koke que parte de la afición quería defenestrar cuando pasó su particular travesía por el desierto. Por no hablar del ejemplo quizás más similar al de Griezmann: Thomas Lemar. ¿Cuántos partidos y minutos jugó Lemar sin “merecerlo”? Simeone confió en él como en pocos jugadores ha confiado teniendo en cuenta el rendimiento que daba, casi nulo. Ahora algunos aficionados le llaman Lemaradona, cuando antes otros (o los mismos) le deseaban pillar el virus.

La meritocracia no es la única variable para decidir quién tiene que jugar. La decisión de hacer jugar a un jugador va más allá de su estado de forma o de lo que pueda aportar al equipo en un momento concreto. Hay otras muchas variables, entre ellas el rendimiento que el entrenador piensa conseguir con ese jugador en particular y con todo el equipo durante la temporada. No necesariamente en el siguiente partido. Acertada o equivocadamente (aquí me inclino más por lo segundo), el Atleti (y Simeone por tanto) decidió reforzar la parte ofensiva del equipo en detrimento de otras posiciones con evidentes lagunas, laterales y mediocentro principalmente. Se podría haber apostado por reforzar algo la estructura defensiva y esperar la explosión de Joao, el asentamiento de Correa como segunda punta y lo que pudiese aportar Cunha para paliar el esperable declive de Suárez. Pero no se hizo. Del acierto en esta decisión va a depender en buena parte el éxito de la temporada del Atleti y toca apechugar con ella.

Que al Atleti campeón de la 20/21 le faltaba gol es un hecho evidente para cualquiera que viese sus partidos. Algunos datos: 67 goles en Liga, una cifra justita para ser campeón (la más baja anotada por el campeón desde la temporada 2006/07, 66), y 7 goles en Champions en 8 partidos. Por poner esas cifras en contexto: son 10 goles menos en Liga y 19 menos en Champions (13 partidos jugados en lugar de 8) que los que consiguió el equipo campeón de la temporada 13/14. De los cinco jugadores de ataque que quedan de la plantilla campeona (Suárez, Correa, Joao, Carrasco y Llorente), solo dos han pasado de 10 goles en Liga en alguna temporada: Suárez (lo esperable en el delantero centro del equipo campeón) y el año pasado Llorente (12). Los demás, ningún año. El acompañante en la delantera de Suárez, Correa, ha metido 37 goles en 208 partidos de Liga con el Atleti, bien es cierto que jugando muchos partidos en banda. Anotó 9 goles el año pasado, 6 en la segunda vuelta donde jugó más veces de segundo delantero. Otro dato no menor si se piensa en aspirar a competir de alguna manera en Europa: la delantera titular ha marcado 19 goles en 97 partidos de Champions desde la temporada 2015-2016 (18 Suárez en 52 partidos, 1 Correa en 45). 0 goles la temporada pasada entre ambos. Que el gol no sobraba es palmario por mucho que el equipo ganase la Liga.

Vamos con los sentimientos, que al final son un aspecto siempre a tener en cuenta con el Atleti. A todos nos gustaría que los jugadores que ganaron la Liga sigan triunfando con el equipo. Si tuviéramos que personificarlo en casos concretos, Correa sería uno de los elegidos seguro. No solo porque metió el gol del título, sino porque su comportamiento ha sido intachable desde que llegó. Lo pasó mal (operación incluida), jugó poco, fuera de sitio, nunca se quejó y, ahora que le empieza a llegar el éxito y el reconocimiento, se ficha a un jugador o dos que supuestamente vienen para quitarle del once, o desplazarle de la posición donde se siente más cómodo. Otro punto más para odiar a Griezmann con Simeone de cómplice. ¿Querrá algún aficionado a Correa más que Simeone? Seguro que no (imposible olvidar ese abrazo en el Villamarín). Cuando tomó la decisión de recuperar a Griezmann seguro que lo único que le movió fue mejorar el equipo, justo lo que lleva haciendo desde que llegó. Porque esto al final va del Atleti, no de qué tal o cuál jugador triunfe. El equipo de este año tendrá que encontrar su manera de jugar a base de trabajar y en ese proceso habrá jugadores que ganarán o perderán protagonismo, o que cambiarán el rol que tenían. Apostar a que no cambiando nada del año pasado se va a volver a ganar la Liga es una visión utópica. Si no evolucionas, pierdes. ¿La evolución pasaba por Griezmann? Posiblemente no era la mejor alternativa, pero es la que se escogió.

Simeone, que es el que mejor conoce a los jugadores que tiene, parece que pensó que su prioridad era el gol, que lo que tenía no era bastante, y que él se encargaba de apañar la defensa con lo que había (su especialidad como entrenador). Se tantearon opciones como Vlahovic que no cuajaron. Acabó llegando primero Cunha, con cifras discretas como goleador, y luego Griezmann. Es su apuesta y lo lógico es que incida en ella y no se rinda a las dos semanas de haber empezado el proceso. Con el transcurso de la temporada, y teniendo en cuenta cómo funcione esta apuesta, tendrá que reevaluar si está saliendo como esperaba o no y en consecuencia ver qué camino seguir con el equipo. Lo que es absurdo es tomar una decisión de ese calado y renegar de ella nada más empezar. Griezmann puede acabar siendo carne de banquillo, pero no el primer día. Es más lógico intentar arreglar el Ferrari que dejarlo en el garaje porque no arrancaba cuando lo compraste a precio aparentemente de saldo.

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