Comienza la NFL y se puede hablar de 32 historias diferentes, tantas como equipos participantes en esta espectacular competición. Entre todas ellas, nos quedamos con la de los Bills y los Browns. Dos equipos que tras unos exitosos inicios llevan décadas sin asomarse a los puestos de honor y que esta temporada, por fin, tienen unos jugadores y un staff técnico que aspira legítimamente a conseguir el ansiado anillo. Sus respectivas aficiones son de las más fieles de la liga, y eso que han soportado dolorosas decepciones. Veamos la trayectoria de estas inimitables franquicias.

Los Bufallo Bills se crean en octubre de 1959 de la mano de Ralph C. Wilson y son admitidos como equipo de la American Football League (AFL) que, por aquel entonces, competía de forma independiente a la National Football League (NFL). Comienzan a jugar la AFL en 1960 y en apenas cinco años, en 1964, se alzan con el título venciendo a los San Diego Chargers. Al año siguiente, repetirían éxito frente al mismo rival. Su gran entrenador, Lou Saban, dejaría el equipo tras el bicampeonato, y comenzaría la primera época de sequía de los Bills que durante veinte años no fueron capaces de disputar siquiera una final de conferencia.

En 1986 toma los mandos del equipo Marv Levy y comienza la era más mítica y, paradójicamente, más dolorosa de la franquicia de Buffalo. Tras dos apariciones consecutivas en PO los Bills se plantan en la Super Bowl de 1990. Allí les esperan los Giants de Belichick y Bill Parcells. Ambos equipos disputan un igualadísimo partido que se resuelve en una última y dramática jugada. El kicker de los Bills, Scott Norwood, tiene en sus pies la victoria. Apenas quedan segundos para que acabe el partido y si acierta con una patada de 47 yardas dará el anillo a los Bills. Todos los jugadores de Levy aguardan, con las manos unidas, el resultado del lanzamiento, pero todo se rompe. La patada sale fuera, por poco, y los Bills pierden el Super Bowl.

Tras una derrota tan dramática se podía esperar el hundimiento del equipo, nada más lejos de la realidad. Al año siguiente los Bills repiten marca de 13 a 3 y tras unos brillantes Play Off se citan nuevamente en la Super Bowl frente al entonces llamado Washington Redskins. Nuevamente el infortunio se ceba con los Bills. Su quarterback Jim Kelly sufre cuatro intercepciones y son derrotados por 37-24.

Después de una nueva derrota en la Super Bowl lo más normal hubiera sido la regresión del equipo como tantos otros perdedores en el gran partido. ¿Les sucedió eso a los Bills? Para nada. En 1992 pierden la división, pero consiguen calificar a Play Off con una marca de 11-5. En el partido de wild card se enfrentan a los Houston Oilers, en Buffalo, y se vive uno de los partidos más antológicos e inolvidables de la historia de la NFL. Los Oilers comenzaron el partido arrasando a los Bills. Por si fuera poco, se lesiona Jim Kelly que tiene que ser sustituido por Frank Reich. El marcador se pone 35-3 a favor de los Oilers y algunos espectadores deciden abandonar el estadio ante semejante humillación. Craso error. Los Bills comienzan una remontada increíble e histórica y consiguen forzar un empate a 38 que conlleva la correspondiente prórroga en la que se impone el equipo de Buffalo por 41-38. Éxtasis total en las gradas. Tras esa hazaña el equipo se impone en el divisional y en la final de conferencia y parece lanzado al anillo. Sin embargo, en su tercera Super Bowl consecutiva sufren una tercera decepción, esta vez frente a los Dallas Cowboys que vencen claramente por 52-17.

Los Bills llevan tres derrotas seguidas en el partido más importante que existe y ante todo el país. ¿Se desmoronaron? Pues no. En 1993 finalizan con una marca de 12-4 que les permite recuperar el título divisional. Tras nuevas victorias en los Play Off disputan su cuarta Super Bowl consecutiva. Nuevamente les esperan los Cowboys y nuevamente les derrotan, esta vez por 30-13.

El equipo había llegado a cuatro Super Bowl seguidas, un hito inalcanzable hasta la fecha para cualquier otro equipo. Ni siquiera los Patriots de Brady han conseguido igualar ese hito. De ese legendario equipo destacan el mencionado Quarterback Jim Kelly; el running back Thurman Thomas y el defensive end Bruce Smith, todos ellos con sus respectivos números de camiseta retirados por la franquicia (12, 34 y 78).

La cuarta derrota consecutiva sí fue demasiado. Desde entonces los Bills no han vuelto a pisar el estadio en el partido más importante del año y van ya veintisiete años seguidos de sequía. Pero lo peor no ha sido su continuada ausencia en las Super Bowls, sino el terrible dominio de los Patriots en su división que apenas ha permitido dos títulos divisionales a los Bills durante casi tres décadas.

Sin embargo, en 2017, sin hacer mucho ruido, llegaba Sean McDermott para liderar al equipo. Si algo destaca de la trayectoria de dicho coach en los Bills es que siempre ha superado las expectativas. En el primer año, de aclimatación, sorprendió consiguiendo la clasificación para PO. Llevaban desde el siglo pasado sin lograrlo. En su segundo año decide una remodelación total del equipo con un montón de incorporaciones. Las más acertadas: Josh Allen como quarterback y Brian Daboll como coordinador ofensivo. Con tanto cambio, muchos pronosticaban apenas un par de victorias, pero consiguieron ganar seis partidos. En su tercer año logra, de nuevo contra pronóstico, una nueva clasificación para Play Off. Y el año pasado, en la que ya sí se exigían los PO, el equipo da un nuevo salto y se planta en la final de conferencia. 

Este año muchos los ven como candidatos al Super Bowl, si McDermott vuelve a superar las expectativas estaríamos ante el soñado anillo. Se presenta una temporada apasionante en Buffalo.

Los Cleveland Browns tuvieron un inicio de andadura sencillamente glorioso. La franquicia se crea en 1946 de la mano de Arthur B. Mcbride cuya primera decisión importante no pudo ser más acertada: contratar a Paul Brown. El legendario entrenador de high school y college se pone al frente del equipo y los éxitos no tardan en llegar. El equipo de Cleveland se impone en la transitoria liga AAFC (All America Football Conference) durante cuatro años consecutivos. Al año siguiente, se integra en la NFL (en aquella época separada de la AFL, la otra gran competición de football americano) y, en contra de lo que muchos pensaban, los Browns siguen siendo un equipo muy competitivo hasta el punto de que entre 1950 y 1957 juegan siete veces la final de la NFL, y consiguen llevarse en tres ocasiones el anillo de campeón (en 1950 y 1955 frente a Los Ángeles Rams, y en 1954 frente a los Detroit Lions).  A continuación, se suceden unos años sin grandes éxitos, pero entre la temporada de 1964 y 1969 vuelven a enlazar una racha triunfal con cuatro nuevas presencias en la final de la NFL y un nuevo título, el conquistado en el citado año 1964 frente a los Baltimore Colts.

Sin embargo, en 1970 se produce la fusión definitiva entre NFL y AFL, creándose la NFL como hoy la conocemos, es decir, con dos conferencias (NFC y AFC) que deciden su campeón por separado, pero organizan su calendario de forma conjunta, y el anillo se decide en un partido entre los campeones de ambas conferencias ahora ya mundialmente conocido como Super Bowl. Pues bien, esta nueva era ha supuesto una especie de maldición para los Browns puesto que desde que se instauró este sistema no han vuelto a jugar ni una sola final de la NFL, y van ya 52 años de sequía. 

Este periplo de más de medio siglo de fracasos tiene dos momentos especialmente dolorosos. El primero, sin duda el peor, tuvo lugar en noviembre de 1995. El propietario de los Cleveland Browns es Art Modell y anuncia a traición que la franquicia se mueve a la ciudad de Baltimore. Obviamente el anuncio causó un tremendo shock en Cleveland, que rápidamente se transformó en indignación para acabar desatándose con furibunda rabia. Los fanáticos seguidores de los Browns se rebelaron frente a su destino e iniciaron una serie de movimientos y manifestaciones para protestar frente a dicha decisión. No pocas de esas manifestaciones terminaron en altercados.

El partido de la despedida de los Browns de Cleveland se disputó el 17 de diciembre de 1995 frente a los Cincinatti Bengals. Obviamente el resultado era lo de menos. Algunos aficionados optaron por destruir parte del mobiliario del estadio como forma de protesta, sin embargo, ese partido dejó momentos muy emotivos. Al finalizar el encuentro, varios de los jugadores de los Browns fueron a saludar a los aficionados y acabaron abrazados a ellos. Muchos no pudieron contener las lágrimas, los Browns se iban de Cleveland.

Pero no sería para siempre. 

Ante el revuelo causado (que incluyó demandas judiciales) el comisionado de la NFL prometió que, no más tarde de 1999, los Browns estarían de vuelta en Cleveland. La problemática se encauzó con una imaginativa solución, algo así como dejar la franquicia en suspenso, pero conservando el logo, el nombre, los colores y el palmarés. De esta forma los Browns volvían a Cleveland en 1999 a través de un draft de expansión que supuso la creación de un plantel completamente nuevo de jugadores. El equipo que se mudó a Baltimore fue denominado Ravens y, para desesperación de los aficionados de Cleveland, fue la base sobre la que conquistaron dos anillos para la ciudad de Baltimore.

El regreso de los Browns de Cleveland no supuso un impulso para la franquicia. Al revés, durante el presente siglo XXI los Browns solo han tenido tres temporadas con más victorias que derrotas (2002, 2007 y la pasada temporada de 2020) y solo han ganado un partido de Play off en este siglo, la victoria del año pasado frente a los Pittsburgh Steelers. Por si todo eso fuera poco, los Browns entraron en la leyenda negra de la liga al ser uno de los equipos que han tenido una temporada en blanco de victorias, concretamente en el 2017, y dirigidos por el detestado Hue Jackson estuvieron toda la temporada sin ganar un solo partido. 

Sin embargo, este largo período de medio siglo de sin sabores puede estar abocado a su fin. El año pasado con la llegada del coach Stefanski se vieron los primeros brotes verdes. Once partidos ganados y la citada victoria en PO frente a los Steelers. Esta temporada se presentan con una de las mejores plantillas de toda la liga, para algunos la más completa, y no hay ningún impedimento deportivo para pensar que no puedan competir de tú a tú con los otros tres grandes favoritos de la conferencia (Chiefs, Bills y Ravens). Puede que estemos ante el resurgir de una franquicia histórica, aunque también puede que todo sea un espejismo.

Desde luego, si los Browns con esta plantilla no son capaces de competir al máximo nivel aparecerán de golpe todos los fantasmas acumulados durante cincuenta años. De una forma u otra hay una gran historia reservada para los Browns este año, falta comprobar si será un resurgimiento a lo grande o un hundimiento total. 

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