Si el día anterior el portero del Sheriff Tiraspol había sido el protagonista del partido, esta vez lo fue el del Benfica, pero no por su actuación (ni siquiera tuvo que lavar la equipación), sino porque su nombre sonaba a premonición. Pronúnciese Odisseas Lajodimos para entenderlo mejor. Primero porque la jodimos nuevamente en Champions y segundo porque el club habrá de pasar una odisea hasta que algún día vuelva a ser serio candidato al título. Si ya tiene problemas contra equipos de mitad de tabla para abajo en la Liga, hacer algo en Europa es una quimera.

Más aún si Q-Man deja claro desde el principio que él va a su bola. No le importa menospreciar a su equipo día sí y día también en ruedas de prensa. Cuando avisó de que “No podemos esperar milagros en la Champions”, resultó que la definición de “milagro” era “ganar al Benfica”. La meritocracia es algo desconocido para él. Un ser mitológico tal vez. Solo eso puede explicar la nueva titularidad de Le-marqué-un-gol-al-PSG y sus dos compañeros del Trío Calaveras. Eso o la definición de dislate que en su día dio Einstein: “Locura es hacer lo mismo una y otra vez y esperar resultados diferentes”. Aún así, su equipo sigue haciendo historia. Si el Barça nunca había perdido en su debut en casa en la Champions, antes del partido en Lisboa llevaba ni más ni menos que 60 años sin perder contra el Benfica. Un “aguántame el cubata” de manual para el míster holandés.

Frenkie de Jong, la viva imagen del Barcelona y del barcelonismo. CORDON PRESS

Así que no hubo que esperar demasiado tiempo para poder rajar: apenas pasaron tres minutos desde el saque inicial hasta que el uruguayo Darwin Nuñez confirmó que si se hubiera fichado a Eric García la temporada pasada, como se especuló, el equipo tampoco hubiera mejorado. El Barça trató de reaccionar con De Jong al mando pero todo lo bueno que hacía Frank lo estropeaba su primo lejano Luuk. No, bien pensado, no pueden ser parientes. Las actuaciones de De Tronk hacen que Saviola parezca ahora un buen fichaje. El amago de despertar del equipo no gusto a un Q-Man, que decidió cortar la reacción de raíz: metió al De Jong bueno como tercer central y el equipo perdió definitivamente cualquier atisbo de amenaza en ataque dejando a Memphis tan retrasado del área que mutó su apellido a Delay.

No era descartable que ante tal espectáculo a Laporta se le cruzará por la mente hacer algo inusual. Por ejemplo, un cambio de entrenador en el descanso. Si lo pensó, seguro que al final del partido se arrepintió de no haberlo hecho al ver cómo el equipo no solo no reaccionaba, sino que el Benfica comenzaba a tener más la pelota. Con el 2-0 más cerca que el 1-1 Q-Man perpetró un triple cambio que incluía a Ansu Fati. Era su manera de hacerle entender lo que significa llevar el 10 a la espalda: “Sal y arregla este desastre tú solito”. No le dio tiempo al canterano ni a intentarlo porque al minuto de pisar el césped un desbarajuste defensivo terminaba en el segundo gol local. El abandono del equipo fue tan lastimoso como el penalti de Dest que cerraba la ya nada sorprendente nueva goleada. Y con el registro de 0 disparos a puerta en dos partidos.

La decadencia del equipo en Europa es progresiva: de humillación en semis, a humillación en cuartos. Y ahora de humillación en octavos a humillaciones en fase de grupos contra el equipo del bombo 3. Los más optimistas dirán que ganando los seis puntos al Kief (Núñez copyright) y al Benfica en casa, la clasificación está hecha si el Bayern sigue en su modo apisonadora. Pero si uno vuelve a leer la frase y la medita se preguntará: ¿Alguien en su sano juicio ve a este Barça ganando tres partidos seguidos en la Champions?

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