Diremos Sheriff porque es más fácil que decir Athanasiadis. Pero sería de justicia recordar el nombre del portero que hizo posible la victoria de su equipo en el Bernabéu, primera visita y primera participación en la Champions. Athanasiadis, Georgios en su casa, lo paró todo. Y fue mucha la tarea. Fuego de morteros, que diría el querido Delmás. Disparos por arriba y por abajo, de lejos y de cerca. No se comprende que un guardameta de semejante categoría y 28 años esté desterrado en Tiraspol, capital de Transnistria. Los caminos del Señor son inescrutables y a veces simplemente puñeteros. Aviso a los que tienen ahorros: el futbolista de los guantes de oro está valorado en 600.000 euros, por si quieren comprárselo.

No, el Sheriff no hubiera salido con vida de no ser por su portero. Pero salvada la vida, el equipo demostró que sabe jugar a la pelota, que su entrenador, Yuriy Vernydub (no pidan que lo escriba de nuevo), es un tipo capaz, que tiene un plan y que cuenta con un grupo con talento suficiente para complicar la vida a cualquiera. También merece una mención especial el director deportivo (prefiero no imaginar su nombre), responsable —quiero suponer— de las contrataciones de centrales tan competentes como Dulanto y Arboleda, y de un mediocentro griego, Kolovos, al que también es posible llevárselo a casa si pagamos a escote.

Constatado lo anterior, en diez partidos jugados en las mismas condiciones de presión y temperatura, el Real Madrid habría ganado nueve. Lo normal, por bueno que sea el portero contrario, es que la repetición de oportunidades concluya en goles, varios, merecidos o afortunados. Eso dice el cuento de la lechera y eso mismo podrían contar tantos equipos que se encerraron en su área en el Bernabéu con la mínima ambición de que pasara el tiempo. Es verdad que algo distingue al Sheriff de las víctimas conocidas. El equipo tiene un descaro casi insolente para quien carece de alcurnia. Casi todas sus salidas tenían sentido, especialmente las que conducía por la izquierda un tal Cristiano, de apellido Leite, otra joya de la que puede presumir el señor director deportivo.

Hay que dar por hecho que el Real Madrid defendió mal por permitir que un recién llegado (al mundo) le hiciera dos goles. Sin embargo yo creo que la culpa la tuvo el destino en íntima colaboración con Athanasiadis. No era el día. Ni la noche. Y tampoco es Jovic un delantero capaz de llevar la contraria al destino. Junten eso, añadan que el Madrid estaba en deuda con la suerte, y obtendrán un bebedizo tan amargo y áspero como tragarse una estrella de sheriff.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here