Tenía nariz de boxeador porque fue boxeador. Y es posible que siguiera siéndolo hasta el puñetazo final, muerte por KO a los 88 años. “Es cierto que boxeaba bien. Tenía una izquierda que hacía daño, pero no me gustaba recibir golpes”. Decidió que sería boxeador en 1948 cuando escuchó por la radio cómo el púgil francés Marcel Cerdan (de padres alicantinos) se proclamaba campeón del mundo de los pesos medios frente al estadounidense Tony Zale. Belmondo tenía 16 años y al día siguiente se inscribió en un gimnasio. “Los matones no somos como piensan algunos. A mí me gusta el boxeo porque me hizo soñar de adolescente. Fue entonces cuando empujé las puertas del Avia Club y desde ese momento no he abandonado nunca este deporte. Quería hacer soñar a la gente como me hizo soñar a mí Cerdan… aunque yo no tenía su talento. Pero no perdí el tiempo, me construí como persona”. Belmondo disputó nueve peleas con el balance de siete victorias, una derrota y un combate nulo.

Jean-Paul Belmondo en el club Avia, donde aprendió a boxear. CORDON PRESS

“Hay deportes que no he practicado, pero no hay ninguno que no me guste”.

A los diez años fue elegido portero en el equipo de fútbol de su escuela. Y siguió ejerciendo como actor. Belmondo defendió la portería del Polymusclés, un equipo que reunía a personalidades del mundo del espectáculo. “Ya desde niño me encantaba tirarme a por la pelota. Creo que cada vez que los porteros volamos hacemos un poco de cine…”.

En 1973, Belmondo formó parte del grupo de inversores que crearon el París Saint Germain.

El ciclismo fue otra de sus pasiones y así se lo inculcó a su hijo Paul, más conocido por haber sido exnovio de Estefanía de Mónaco que por su incursión en la Fórmula 1 (siete grandes premios). En 2013, el viejo Jean-Paul siguió una etapa del Tour en el coche de dirección de carrera junto a su admirado Bernard Hinault.

También le fascinaba el tenis y fue de las primeras personalidades en dejarse ver en las gradas de Roland Garros, a mitad de los años 70. Le gustaba seguir los partidos de las primeras rondas para observar “cómo se forjaban los guerreros” que luego luchaban por el título. Era seguidor de Jimmy Connors y Adriano Panatta, pero decía que el mejor partido que había visto era la final de 1984, cuando Ivan Lendl remontó a John McEnroe dos sets en contra (3-6, 2-6, 6-4, 7-5 y 7-5).

Jean-Paul Belmondo y Alain Delon en la película Borsalino (1970). CORDON PRESS

Una tuberculosis terminó con su aventura en el boxeo y dio comienzo su carrera como actor. A partir de su éxito en Al final de la escapada (Godard, 1960), Belmondo surfeó como nadie por la Nueva Ola del cine francés. Hasta convertirse en mito. Era la viva imagen del canalla divertido y seductor, la alternativa a la belleza académica de Alain Delon (tres años más joven), con quien se llevó mal un tiempo y mejor con el paso de los años. “Éramos diferentes como un perro y un gato, pero no hubo ningún tipo de enemistad entre nosotros. Fue una invención de la prensa. Tuvimos caminos paralelos y complementarios, lo cual fue muy beneficioso porque de otro modo nuestras carreras no hubieran sido tan exitosas». Así lo explicó Delon hace veinte años, sin excesiva convicción, en la promoción de su última película juntos, Uno de dos.

De amores anduvo bien servido, como se espera de los de su condición. Su romance más sonado lo tuvo con la actriz Ursula Andress y el deporte tuvo un papel en su ruptura… Belmondo llegó borracho a la casa que compartía con Andress después de presenciar un combate de boxeo. Al encontrarse la puerta cerrada por dentro pensó que ella le estaba siendo infiel. Así que trepó con una escalera hasta la ventana del dormitorio. Andress no se tomó bien el asalto y empujó la escalera al vacío… y la relación también.

En 2001 Belmondo sufrió un ictus y la enfermedad reavivó su espíritu de boxeador. «El deporte me salvó, más en relación con el estado de ánimo que me proporcionaba, que con el estado físico en el que me encontraba. El deporte requiere resistencia. Es como en el boxeo: no me gustaba recibir golpes, pero cuando llegaban había que aceptarlo para seguir peleando. Fue lo mismo en ese momento”.

El final le llegó a los 88 años, en el último segundo del asalto definitivo. Gran pelea, sin duda.

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