En un año cabe una vida. Literal. El pasado mes de agosto, durante la Vuelta a Polonia, Fabio Jakobsen se estrelló contra las vallas a más de 84 kilómetros por hora (le estrelló Groenewegen, para ser exactos) e ingresó en el hospital en coma inducido; ahora acaba de levantar los brazos como ganador de etapa en la Vuelta a España. De aquel accidente que estuvo a punto de costarle la vida le rescató el ciclismo en el amplio sentido de la expresión. Un comisario de la UCI amortiguó su caída a costa de unas cuantas costillas rotas. “Si ese hombre no hubiera estado allí, habría golpeado la estructura de la meta con la cabeza y no estaría sentado aquí». Su compañero Florian Sénéchal fue el primero en atender a Jakobsen. El ciclista francés levantó su cabeza y liberó sus vías respiratorias. «Otras personas se congelaron ante la escena. Florian vio el pánico en mis ojos. Había tanta sangre… En un acto reflejo, levantó mi cabeza para que la sangre pudiera salir de mi nariz y boca. Dice que me sentí más a gusto después de eso, pero no recuerda nada más. En las imágenes de la televisión se le puede ver llorando. Durante varios días se preguntó si había hecho lo correcto al levantar mi cabeza, algo que hubiera podido causar daño a la médula espinal. Fue una elección entre dos males y él tomó la decisión correcta».

Jakobsen quedó destrozado: contusión cerebral, fracturas en el cráneo, paladar roto, diez dientes menos, pérdida de partes de la mandíbula superior e inferior, cortes en la cara, un pulgar roto, magulladuras varias, una contusión pulmonar y una lesión en los nervios de las cuerdas vocales. “Tenía muchos problemas para respirar y miedo de asfixiarme por el tubo de la tráquea, pero también porque mi pulmón estaba contusionado. Tomaba todo tipo de medicamentos. Perdía el conocimiento, entraba y salía. Pensaba ‘esto es todo, ahora me voy a morir’. Esto sucedió tal vez 50, 100 veces. No morí, pero me sentí así. Fueron los días más largos de mi vida. Prefiero correr tres Vueltas a España seguidas que pasar un día más en la UCI». El destino tomó nota. O los ángeles de la guarda, si es que existen.

En diciembre, con algunas operaciones pendientes, hizo una previsión de su futuro más inmediato. «Espero volver al pelotón en marzo, pero los médicos quieren hacerlo paso a paso. Sería bueno volver al máximo nivel en agosto, un año después del accidente. Mi suerte es que no recuerdo nada de lo que ocurrió. No tengo pesadillas y no tengo miedo de estrellarme. Solo sabré si no tendré miedo de correr de nuevo cuando esté de vuelta. Sé que si quiero volver, no puedo correr con miedo. Un ciclista asustado frena». El destino volvió a tomar nota.

En el Tour de Valonia, el pasado julio, Jakobsen ganó dos etapas. En Molina de Aragón ha sumado su tercera etapa en la Vuelta, esta vez en su recién estrenada condición de ciclista renacido. «Es un sueño hecho realidad. Ha sido un viaje largo, pero estoy feliz de estar aquí de nuevo. Esta es la victoria de mucha gente. De los doctores y de los cirujanos, del equipo médico en Polonia, de mi familia…». Jakobsen fue felicitado por el pelotón entero.

La resurrección de Jakobsen dejó en un segundo plano la caída del líder a falta de dos kilómetros (su pérdida de tiempo no se contabilizó por estar en los tres últimos kilómetros). Antes de esa primera explosión, teníamos escrito que la etapa había sido un completo aburrimiento. Y el destino tomó nota.

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