Y se marchó, que diría el gran Perales. Probablemente porque es cosa del destino. Un destino que, lamentablemente, eligió al Barça para formar en su cantera al mejor futbolista de la historia. Ese mismo destino que quiso que este semidiós vestido de corto eligiera jugar casi toda su carrera profesional en este club autodestructivo. Según los estudios psicológicos es una conducta orientada hacia el daño a uno mismo, bien buscando un daño inmediato o bien mediante un daño que no tiene por qué mostrar sus efectos en el mismo momento, sino que es de carácter acumulativo y sus efectos negativos se ven con el paso del tiempo.

Cualquiera de las dos cuadra con este club que fue capaz de expulsar no una sino dos veces a Johan Cruyff, el Profeta que cambió el rumbo de una institución que hasta 1989 era un Arsenal de la vida. Que se cortó a sí mismo las alas cuando, en plena pelea por entrar en los anales del fútbol y luchando codo con codo con los mejores equipos de la historia, prescindía de Guardiola por haber ganado tres ligas y dos Champions en cuatro temporadas. Incluyendo un 2-6 en el Bernabéu y un 5-0 en el Camp Nou al eterno rival ¡Habrase visto! Se atrevieron con el mejor manager y con el mejor entrenador de su historia. ¿Serían capaces de hacerlo también con el mejor jugador, no de la historia del club, sino de la historia a secas? Como diría un castizo: “¡Aguántame el cubata!”. Pues mejor aún: Salida forzosa. Sin homenaje oficial. Sin un “mucha suerte en tu nueva aventura, ésta siempre será tu casa”. En contra de su propia voluntad. E incluso sembrando la duda de que su estratosférico sueldo había lastrado las arcas azulgranas. Insuperable.

Y de la negación del sábado se pasó a la ira contra Bartomeu, las vacas sagradas y hasta contra el utillero del Barça B, que ninguna culpa tiene. O a la esperanza de que la situación aún cambiaría: autoengaños como “hay tiempo hasta el 31 de agosto” o “Ha de ser un one-club-man y terminar su carrera en el club de su vida”. La depresión de ver a Messi subirse al avión rumbo a Paris iluminó una epifanía donde se cae en semifinales de la Europa League frente al Wolverhampton Wanderers. Con dos goles de Trincao. Y llega la aceptación final al ver a Leo luciendo la elástica parisina. Todo desemboca en un estado de calma asociado a la comprensión de que las pérdidas son fenómenos naturales de la vida. Dicho en otras palabras: uno está como el famoso perro del meme “This is fine”.

Pasados los cinco estadios del duelo que promulgaba Kübler-Ross ya no importa el qué, el cómo o cuales han sido las ofertas, cuándo se habló sobre qué importe, o quién ha engañado a quién actuando a sus espaldas, etc. D10S se ha ido y solo queda un panorama apocalíptico. Un solar en lo económico con contratos de patrocinadores cayendo en picado y una marca Barça que hoy vale un 50% menos que hace cuatro días. ¿Alguien quiere poner el nombre de su empresa en una camiseta con el 7 de Griezmann? Con el “X” de Chutinho. ¿Qué número llevaba? Risas enlatadas. Lo deportivo es casi aún peor: el equipo pierde más de 30 goles y más de 20 asistencias aseguradas por temporada. Sin el Alpha y el Omega del juego, se ha de cambiar todo… en menos de una semana. Solo una noticia positiva: las vacas sagradas ahora no podrán esconderse, se les verán todas las costuras desde la primera jornada.

Y alguien que ya ha mamado los sinsabores de “una liga cada catorce años”, Copas de la Liga y/o Recopas para tapar gestiones vergonzosas, el gaspartismo, el tardofrankismo… lo ha visto meridiano. En pleno verano, es habitual ver en la prensa deportiva que “talequipo espera un gesto por parte del jugador”. Pues bien: hacer que Messi salga así ha sido un gesto del club para decirme que me vaya. Han puesto el último clavo en mi ataúd de culerdo. Si no les tembló la mano con Johan, ni con Pep ni con Leo… ¿qué puede importar un simple aficionado de a pie como yo? Eso sí, mi último deseo como culé es que el Barça descienda a Segunda para recordarles al Hombre Gris, al Urkel del fútbol, a Chutinho, a Jordi Alba o a Sergi Tormento que los contratos son para cumplirlos. Y que Piqué y Busquets cierren su periplo azulgrana de la mejor manera posible: celebrando el título en la última jornada de la temporada 2022-2023 tras ganar en San Mamés… al Amorebieta.

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