Los sigo desde antes que se pusiera de moda el verbo. He acudido a sus actuaciones en vivo en salas, en teatros, en discotecas. No pudo ser en el Retiro, cuando dieron sus primeros pasos, por edad y logística.

En sus comienzos existía el epígrafe fiscal real de “excéntricos, charlistas y caricatos”. Si buscan una definición para su estilo no la encuentran mejor. Hablo por supuesto de la pareja Faemino y Cansado, auténticos referentes para cualquier aspirante a cómico de las siguientes generaciones.

De aquella época, los famosos ochenta, donde se vivía libertad verdadera en Madrid, vienen numerosos chistes que siguen apareciendo en sus shows. A nosotros nos encanta viajar, ya sea in situ o con desplazamiento.

Se les empezó a conocer tras sus primeras actuaciones como “los del mono rojo” por su característico atuendo. Uno de sus primeros personajes fue el faquir Takir que caminaba sobre patatas fritas y comía chocolatinas exhibiendo al público su certificado de diabético. Sin duda se estaba gestando algo grande…

Siempre es lo mismo, pero nunca es igual. La química que logra en el escenario este dúo de genios parece cosa de Walter White. Es un misterio, pero cada vez te lo pasas mejor en sus espectáculos aunque ya sepas lo que van a decir.

Pese a tener personalidades antagónicas, o tal vez por ello, logran una simbiosis perfecta que no da respiro a un espectador que, en su mayor parte, ya está ganado para la causa antes de que abran la boca.

Se les ha denominado humor inteligente, surrealista, absurdo, sutil. Y tienen un poco de todo, pero lo que les hace grandes es que su estilo es inclasificable por ser único.

En plena fiebre de cómicos imitadores, a ellos no se les ocurrió otra cosa que realizar las imitaciones, pero de muertes famosas o de celebridades en el dentista.

A principios de los noventa actuaban una vez al mes en Galileo. Para reservar mesa tenías que ir a la cola la semana anterior y pasarte un rato bueno. Y eso antes de que se emitiera el programa en La 2 que les catapultó a la fama masiva, aunque de manera temporal.

De aquella mítica serie de programas nos quedaron en el recuerdo para siempre el hombre tuporaqui, el hombre bala, la bestia humana, los chistes finales del budista, el águila, el arzobispo de España (nadie que lo haya escuchado ha podido evitar canturrear al leerlo) o el pato. Sketches brillantes como la visita a la óptica o el gag del psicólogo y los corderos. Y para ellos quedó en el recuerdo la hipoteca, que bien merecido lo tenían después de muchos años peleando.

El mérito que tuvieron en aquel momento, a mi juicio,  fue seguir haciendo exactamente lo que querían y conseguir que la televisión se adaptara a ellos y no al revés.

Consiguieron el impacto inicial, pero no entraron en la rueda para mantenerse en el medio. Se vislumbraban demasiadas concesiones en el horizonte.

Optaron por volver a su hábitat natural de las actuaciones, con aforos más grandes aprovechando el tirón eso sí,  y han consolidado una carrera tan brillante como coherente con su idiosincrasia.

Si en algo es un maestro Javier Cansado es en el lenguaje, en exprimirlo de mil maneras con juegos de palabras, expresiones, gazapos intencionados, dobles sentidos… Es un maestro para todos aquellos a los que nos gusta emplear el lenguaje en clave de humor y buscarle las vueltas.

Y Faemino tiene una vis cómica inclasificable. Haga lo que haga te ríes, no hay manera de evitarlo. Ya sea haciendo mimo completamente blanco como diciendo que su polla es como el cuello de Fernando Alonso…

Personalmente, mi parte favorita de sus shows siempre ha sido el final, el homenaje a sus tíos abuelos murcianos Arroyito y Pozuelón, que contaban chistes como nadie (no se sabe si bien o mal, pero como nadie).

El chiste por supuesto es lo de menos. Las disquisiciones y filosofadas de vida con las que salpican la trama son gloria bendita. Yo no hago puénting ni atao…

Particularmente brillante es su reflexión sobre el charcutero y el científico. El  segundo, con todos sus títulos y premios, acaba atropellado por no mirar antes de cruzar.

Por cosas como esta son un auténtico referente de las nuevas generaciones de cómicos y raro es encontrar alguno que merezca la pena, que no les cite como influencia.

Gracias por tantos ratos de felicidad y larga vida a Faemino y Cansado, porque como suelen decir, lo importante es tener salud.

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