Si el Real Madrid ficha a Mbappé se hará con el mejor futbolista del mundo en relación edad/talento. Pondrá la primera piedra de una reconstrucción necesaria y hará valer su autoridad en el contexto del fútbol internacional, dominado ahora por la ilimitada capacidad económica de los clubes-estado. Parece claro que no es el dinero lo que convence a Mbappé (no sólo), sino el prestigio de la institución, también la posibilidad de sentirse protagonista absoluto y estrella sobre la que girará un proyecto de largo recorrido. Desde este punto de vista, hacerse con Mbappé por 160 millones es una oportunidad magnífica. A excepción de Haaland, no quedan estrellas con menos de 30 años (Neymar tiene 29, pero me permitirán que lo saque del radar).

Dicho esto, la posibilidad de desembolsar 160 millones de euros entra en contradicción con la rebaja salarial de un 10% que han asumido los jugadores de la plantilla como consecuencia del perjuicio que ha causado la pandemia en las cuentas del club. Esa misma política de austeridad pareció justificar las ventas del pasado verano y del actual, movimientos de la máxima coherencia institucional dada la situación. No ha pasado mucho tiempo desde estas declaraciones de Florentino Pérez: «Estamos todos arruinados, hacemos la Superliga para salvar el fútbol».

La perspectiva ha cambiado con el anuncio de la oferta por Mbappé. La sensación ahora es que se estaba ahorrando para afrontar el fichaje, nada reprochable si no fuera porque se proyectó otra imagen: se hizo hecho ver (especialmente a los jugadores) que el club tenía que apretarse el cinturón. Los aficionados más fervorosos no ven problema alguno en esta cuestión: aseguran que los jugadores se habrán rebajado el salario con gusto si es para jugar con Mbappé, cosa que yo no tengo clara, no sé si por falta de conocimiento o de fervor.

Si estuviéramos hablando de economía casera, lo razonable es que el Madrid pospusiera el fichaje al próximo mes de junio, cuando el jugador quedará libre. En tal caso sólo tendría que pagar la prima de fichaje, que es algo así como un atraco amistoso que se ha hecho costumbre en el mundo del fútbol. Por elevada que fuera la prima, no alcanzaría nunca los 160 millones ni probablemente la mitad.

Sin embargo, asumo que ese escenario es incierto. Un año es mucho tiempo. Y Florentino no querrá exponerse a otra temporada en blanco, esta vez con público en las gradas y con los dichosos audios resonando en sus oídos. Además, lo más probable es que todo esté acordado ya. Con el jugador y con el PSG. Es fácil que estemos asistiendo a la representación de una negociación cerrada. En tal caso, formaría parte del protocolo que el Real Madrid haya ofrecido 160 millones y que el PSG los haya rechazado en primera instancia. ¿Esperaba alguien que lo aceptara a las primeras de cambio? El siguiente en manifestarse debería ser el jugador, quizá con una depresión que lo aleje de los entrenamientos o con una declaración desgarradora. A continuación, será el turno de Al Khelaifi, que saldrá a escena para declarar que el PSG no le cortará las alas al jugador, que la persona está por encima del dinero y que el traspaso se cierra en 200 millones.

Quiero pensar que personajes tan duchos en las artes de la negociación van por delante de nosotros. Me cuesta imaginar que el Real Madrid haya hecho pública una oferta sin hablar antes con el PSG. Me cuesta creer que Florentino se arriesgue a que le den calabazas o que el orgullo lleve al PSG a rechazar 160 millones (quizá 200). No olvidemos que los jeques lo son por algo. Y no es precisamente por rechazar millones.

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