Según cumples años pierdes paciencia con el fútbol. La ganas en otras facetas de la vida, pero en lo que se refiere al fútbol tiendes a la intolerancia. Supongo que el proceso de envejecimiento se completa cuando balbuceas improperios y gritas “jueguen por las bandas”. No creo haber llegado a ese punto, aunque no debo estar lejos. Una mayoría de los partidos que veo me resultan tediosos, planos, previsibles. Me niego a conformarme con un par de detalles o un buen gol. Creo que es poca recompensa para quien dedica 90-96 minutos a la contemplación de lo que debería ser un magnífico espectáculo, así se vende y así lo compramos. En última instancia (y en primera), la emoción se reduce a los puntos, a quién los gana o los pierde. No se relaciona con el juego, ni con las ocasiones, ni con el ritmo. La diversión es el resultado.

Lo admito: es probable que sea víctima de la depresión post-vacacional (o post-vocacional). Y lo digo sin descartar que el partido fuera realmente un pestiño. El Betis me pareció un equipo decepcionante por completo. Sólo Miranda (por el futuro) y Guido (por el oficio) se salvaron de la mediocridad general. Y es poco salvar. Me pregunto cómo consiguió Pellegrini que el Betis terminara el pasado campeonato en sexta posición. Sólo me queda pensar que el equipo va de menos a más a lo largo de la temporada, que el grupo tiene virtudes que a mí me pasan inadvertidas. Quién sabe. Tal vez contra el Madrid agotaron su cupo de pases al contrario y ya no fallarán desde ahora.

Ante un rival tan flojo, el Madrid hizo lo justo para ganar y no fue otra cosa que esperar sentado. Digamos que venció por decantamiento. Porque tenía que ser así. Porque el talento se impone aunque no haya juego. Ni cerebro organizador, ni suficiente intensidad. Bastó con defender con orden, trasladar el balón a campo contrario y apoyarse en Vinicius, único factor imprevisible para lo bueno y para lo malo.

Que el gol de Carvajal llegara después de una pésima contra del Betis fue un justo castigo a la inoperancia de los locales, incapaces de canjear un par de billetes premiados. Lo mismo vale para la oportunidad que cerró el partido, un chut de Montoya con el portero fuera de cuadro.

El Madrid paseó por el filo de esa navaja: hasta el enemigo más amoroso puede colarse por una rendija. Si apura tanto se cortará muchas veces. Por cierto: todo lo que Isco hizo bien en el último partido lo hizo mal en este. Todo lo que tocó Bale fue de provecho, lástima que sólo tocara dos balones. Todo lo que sea imaginar un futuro sin Modric y Kroos resulta inquietante.

Entre las certezas que dejó el encuentro está que Miguel Gutiérrez es jugador para el Madrid, lo que significa que Mendy puede ser traspasado sin remordimientos. Por lo que se refiere a Alaba, el suizo prosigue su asentamiento y ya se postula como próximo presidente del club (de allí saltará a la ONU). La siguiente buena noticia tendrá presentación imperial en el palco del Bernabéu o en el techo retráctil.

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