“Todo en la vida trata sobre el sexo excepto el sexo. El sexo trata del poder”. Esta tan lapidaria como clarificadora frase de Óscar Wilde, la que abre este libro, es la que nos da la clave de lo que nos vamos a encontrar. La novela histórica siempre ha sido considerada el filón de muchos escritores para llegar al gran público. Se toma un contexto determinado, unos personajes, una historia de amor y a triunfar. Pero claro, ese es el camino sencillo. Marta Robles (Madrid, 1963), con una trayectoria profesional de más de 30 años, pensó que eso era muy fácil, que a ella no le valía. Y decidió darle una vuelta de tuerca al asunto.

Este ensayo sobre nuestra historia que discurre a lo largo de trece siglos no es una Breve Historia de España. Pasiones carnales hace ese recorrido desde el punto de vista de las relaciones sexuales y de las artes amatorias de nuestros gobernantes. Se nos cuenta cómo el sexo, la lujuria, la pasión desenfrenada, el fornicio como moneda de cambio, e incluso  a veces el amor, contribuyeron a crear esta España que nos ha tocado vivir. Dicho de otra manera, de cómo de aquellos polvos vinieron estos lodos…

Hay encuentros amatorios que son narrados de una manera novelada, inventada, probablemente sí… pero muy explícita. Sin duda, el verano es la mejor época del año para disfrutar de esta novela por si tienen que darse un chapuzón de agua fría. Les pongo en antecedentes. En el capítulo que narra la vida de Alfonso X y su llegada al trono a los 30 años, se mezclan intrigas políticas con pasajes íntimos del Rey en la cama con sus amantes. Por allí pasan doña Mayor Guillén de Guzmán o María Pérez, la Balteira, una de las más afamadas juglaresas de la época… Cuando lo lean, que estoy seguro que lo harán, entenderán ustedes por qué lo llamaban El sabio.

Hay más, mucho más. La batalla contra el infiel que inició Don Pelayo mientras gritaba desaforadamente “¡Santiago y cierra España!” fue a partes iguales por ardor patrio y por el ardor que le causaba Egilona, el amor de su vida, que se casó primero con Rodrigo y luego con un poderoso musulmán.

Este es realmente el valor de este ensayo novelado. Aunque todos esos sucesos no se estudian en los libros de Historia, se han conservado escritos que los constatan fehacientemente. De Pelayo y Alfonso El Sabio, podemos saltar a Felipe II —incansable e insaciable, entendemos que con los asuntos de estado— o descubrir los enormes atributos, imaginamos que políticos, de Fernando VII. Así hasta llegar a Alfonso XIII, ese rey juerguista y mujeriego que tuvo infinidad de amantes amparado en su posición, en la devoción de su pueblo y en el silencio de la prensa. El monarca encargaba películas pornográficas mientras permitía que la Iglesia censurase los inocentes besos en el cine mudo de la época.

Insisto en que la base de esta novela-ensayo es absolutamente rigurosa y bebe de diversas fuentes bibliográficas que incluyen a Menéndez Pidal o a De la Cierva. Pasiones carnales es un libro delicioso y tremendamente ameno, narrado con mucha agilidad y con un preciso y exhaustivo conocimiento del tema. Un libro capaz de mostrar todas las debilidades que tenían aquellos que nos gobernaban por designio divino o por una noche de pasión y locura. Esta novela, en estos tiempos bárbaros y de desinformación, es una excelente manera de comenzar a adentrarte en la compleja Historia de España y en sus principales hitos, que fueron muchos, pero siempre desde su verdadera causa, desde el punto de vista humano de aquellos que también tenían su corazoncito, henchido de sangre y latiendo desacompasadamente.

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