Con 18 años, Depay apareció en el fútbol de élite de la mano de Dirk Advocaat en un PSV dinámico y ofensivo. Poco duró allí: en el verano del 2015 el United cerró su fichaje adelantándose a un Arsenal dubitativo.

A Old Trafford llegó un delantero sin definir, un chico de 21 años con virtudes evidentes y que parecía que iba a marcar diferencias desde muy pronto. Regateaba por los dos perfiles y arrancaba en seco de forma explosiva. Además tenía un magnífico disparo de media y larga distancia.

Van Gaal lo vio claro: era un diamante por pulir. Así que intentó ofrecerle el contexto más apropiado para su crecimiento. Memphis arrancó la pretemporada en punta junto a Rooney. El entrenador holandés le dio mucha libertad dentro de un 4-4-2 que parecía perfecto para él. Como delantero casi sin ataduras tácticas, Depay podía moverse por cualquier parte. Pero tener grandes cualidades y saber entender el juego son aspectos que no siempre van de la mano. A Memphis le sobraban cualidades pero le faltaba conocimiento, capacidad para aprovechar, disfrutar y rentabilizar con su fútbol la libertad que Van Gaal le dio.

En pocos partidos con la camiseta de los de Manchester quedó claro que Memphis era aun muy joven para entender tanta libertad, así que el holandés le ubicó en la banda. La idea era clara: que consolidase su juego haciendo lo que sí se suponía que sabía hacer. Pero en el costado del ataque se ahogó. Pese a tener regate, velocidad, determinación, buen centro y un chut demoledor, a Depay le faltaba campo. Ese fue su gran problema. Con 21 años, la banda le hacía sentirse enjaulado y en el centro se perdía. Nadie lo explicó mejor que Simeone cuando que le compararon a Griezmann con Joao Félix: “La libertad no es para todos, y a algunos les confunde”.

El United, agobiado por el síndrome que sufren muchos grandes —la inmediatez— no tuvo paciencia con él y lo traspasó una temporada después al Olympique de Lyon. En Francia encontró lo que necesitaba: tiempo, pocas urgencias, además de una liga menor donde desarrollar su juego. Desde su primer partido todo fue un recorrido positivo, tan solo una lesión en el cruzado que le hizo parar casi una temporada (2019-20) frenó esa evolución hasta lo que es hoy en día, a punto de cumplir 28 años.

Sus primeros días en can Barça están siendo muy brillantes y generando unas grandes expectativas. Ha llegado a Barcelona absolutamente maduro, con un repertorio de juego clarísimo. Si el contexto le acompaña, está preparado para decidir partidos. Pero llega tras la salida de Messi y no nos deberíamos confundir; Memphis no se parece en nada al argentino.

Lo pasó mal en Manchester en comparación con Cristiano Ronaldo. Pero si le dejan ser él mismo, como en Lyon, va a ser un muy buen jugador y desde luego muy productivo para los de Koeman. Evidentemente no va a llegar al nivel de Messi en el Barça (nadie puede aspirar a tanto), pero a poco que sea regular en su juego demostrará que es un jugador top.

Pero cuidado. El Barça y la Liga española no tienen nada que ver con el Lyon y la Ligue 1. De momento y pese a su buena adaptación al juego del equipo, en San Mamés sólo dejó detalles sin continuidad. Seamos pacientes.

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