Marta Abelló es barcelonesa. Desde Barcelona ha ido saltando de mundo en mundo, de tierra en tierra, sin querer detenerse nunca, sin pensar jamás que ya había visto bastante, sin dejarse nunca nada en el tintero. Siendo niña, con Aventura en el castillo de Enid Blyton cogido con fuerza bajo su brazo, decidió una luminosa tarde de verano salir a explorar la vida. Desde ese día no ha parado de mostrarnos paisajes que luego nos morimos por recorrer, porque en cada trazo que ella pinta —porque ella pinta libros— nos contagia de sus ganas. En sus obras describe colores a los que sólo les faltaba el apellido: Azul Málaga, blanco Antequera, verde Hungría, amarillo Egipto…

—¿Cómo hace una barcelonesa para escribir una novela que va de Cádiz a Campanillas pasando por Antequera?

—Un ratito a pie y otro caminando… No, en serio. Son los personajes y sus historias los que me llevan de un lugar a otro. Anteriormente lo hicieron a Hungría, al Egipto medieval o a Nueva Orleans, por ejemplo, y en esta ocasión me he detenido en un entorno mucho más cercano pero no menos maravilloso.

—Hay un gran trabajo de investigación detrás, pero ¿cuál fue la chispa?

—La chispa fue descubrir el dolmen de Menga en Antequera y su especial relación con la Peña de los Enamorados. Y me preguntarás, ¿qué relación existe entre el dolmen, la Casa Baena (inspirada en el Cortijo Jurado) y las escenas situadas en Cádiz? Pues bien, ese triángulo un tanto mágico es la esencia de esta novela y parte de la magia de la escritura.

—¿Cómo te imaginaste a Martina y qué hay de ella en ti?

—Una escena dio el punto de partida a la trama. Imaginé a Martina en la cubierta de un barco, entre la bruma y agarrada al pasamanos, huyendo de su vida anterior y regresando a España. ¿Qué tiene de mí? Bien, ella, como todos mis personajes, tienen todo de mí, bien sea de mis vivencias o de mi observación del mundo. Al escribir vivo sus vidas y las cuento a los lectores.

—Pero, a ver, te imaginas a Martina en un barco… ¿Y luego inventas el resto?

—Luego tiro del hilo y sé que regresa a Cádiz. Y veo el puerto envuelto en niebla y los carros de los porteadores; siento el aroma a Semana Santa que desprende la ciudad. Después aparece la anciana Dorita callejeando por La Viña con sus zapatos desparejados en dirección a la playa de La Caleta. Hay bajamar… El hilo que une a Dorita con Martina se enreda y la madeja comienza a extenderse hacia Málaga, donde se han cometido unos crímenes y entonces me toca averiguar quién y porqué los ha cometido y qué papel tendrá el destino de Martina en ellos.

—¿Has huido alguna vez como ella, aunque sea de manera metafórica?

—Todos huimos de algo, ¿no? Quizás la vida es eso: huir y avanzar hacia adelante en pos de los sueños.

—Eran increíbles las leyes acerca del poder del marido sobre su esposa. Fue precisamente en esa época donde se empezó a luchar por la igualdad.

—Sí, en esa época surgieron diversos movimientos y protestas contra las pésimas condiciones de trabajo de las mujeres que hicieron avanzar su posición en la sociedad. En la novela trato de reflejar las distintas problemáticas entre las marcadas clases sociales de aquellos tiempos.

—Afortunadamente, todo ha cambiado. Antes, las mujeres no podían salir y ahora no se recogen.

—Lo importante es que seamos libres. Pero sensatas, también.

—Hablando de cambios. ¿Te costó trabajo reconocer tus paisajes en el entorno de la Casa Baena, ahora que está tan transformado?

—Como ya sabes, para la creación de la Casa Baena me inspiré en el Cortijo Jurado (anteriormente Heredia) y su majestuosidad del siglo XIX en el altozano de Campanillas, pero también en otras localizaciones como la finca de La Concepción. Aunque ese pasado quedó atrás, el Cortijo mantiene todavía ese halo imponente, desafiando al tiempo y a su propia leyenda, inspiradora siempre.

—Tú comenzaste a escribir por Enid Blyton.

—Sí, lo cierto es que la lectura y la admiración por las novelas que esa escritora brindó a los de nuestra generación fueron el detonante para querer escribir las mías propias, y quizás por eso casi siempre incluyo tramas de aventura y cierta intriga.

—Su hija pequeña, en su autobiografía, la critica por dura y fría ¿Crees que se puede salvar a un autor aunque no te guste como persona?

—Naturalmente. Lo que importa es la obra, no el autor.

—Y volviendo a tu novela. ¿Dónde crees que se cecea más, en Cádiz o en Málaga?

—Creo que más en Cádiz. Pero en mi novela lo que importa es el acento, como dijo la gran Lola Flores.

—Y esa figura del inglés expoliador, Angus, ¿de dónde la has sacado? Tiene mucho de real…

—Me encanta Angus Slorrance: ese aire aristocrático e inquietante, su fascinación por los tesoros de la antigüedad y ese carácter manipulador que tanto daño hace a Alejandro Baena, el protagonista. Los personajes malvados dan mucho juego, ¿no crees?

—Es que los malos de tu novela, son muy malos.

—Ahí discrepo. Todos mis personajes tienen sus claroscuros. Los malos tienen sus porqués y sus motivaciones pero también tienen corazoncito. Mira sino a Gaspar… Y los buenos también a veces se comportan de forma ruin. Esa es la riqueza y verosimilitud de un personaje.

—A los niños, casi los veía a mi alrededor. Me da la impresión de que a ti también te impactaron.

—Los niños dan mucho juego en esta novela: los del hospicio y de la calle, los buscavidas, los que tienen que trabajar en el campo o los educados con privilegios e institutriz. Sabios  todos en su inocencia.

—Te emocionas al hablar de tu novela y de sus personajes ¿Te emocionas también mientras escribes?

—Ciertas escenas es inevitable sufrirlas como en otras reír. Reflejo la vida y la vida es emoción.

—¿Y también son a veces tus personajes los que te transmiten sus emociones?

—Siempre. Yo vivo a mis personajes, me pongo en su lugar y no los juzgo.

—Pero cuéntanos cómo eres… ¿Cómo es dedicarse en cuerpo y alma a escribir?

—Pues es una manera más de estar en el mundo, de comprenderlo y vivir más vidas aparte de esta. Es un don mágico y hechizante pero a la vez también es un látigo, como dijo Truman Capote.

—Estructuralmente, en tu novela usas unas divisiones interiores deliberadamente cortas.

—Es una novela coral con diferentes ambientaciones y quise plasmar la forma más ágil posible el paso de unas escenas a otras. Supongo que mi formación como guionista y mi amor al cine influye también en ese planteamiento tan visual de la trama.

—Y tus descripciones son asombrosas, como pinceladas…

—Me alegra que lo hayas apreciado así. El truco está en dar luz a los detalles y en recrear paisajes, sabores, colores y aromas: sensaciones que den poder y magia a las palabras.

—Marta, ¿de qué color es Málaga?

—Azul. Ese azul cerúleo que se te graba en la mirada.

—Los barceloneses que escribís tenéis ventaja. Esa ciudad tan literaria y las mejores editoriales. Soy de los que piensan que el castellano le debe mucho a Barcelona.

—Tal vez, pero los andaluces tenéis la ventaja de vuestros paisajes singulares y de ser cuna de muchos poetas. Aquí ganamos todos.

—Tú comenzaste con relatos cortos en catalán y luego pasaste al castellano. Por cierto, he leído Insomni en original y me ha gustado…

Insomni es uno de mis primeros relatos premiados y le tengo mucho cariño. ¡No conocía tu faceta leyendo en catalán!

—¿No sería bueno que hubiese Erasmus obligatorios entre comunidades? Si nos conociésemos más, a lo mejor nos llevábamos mejor…

—Lo ideal es mente abierta, siempre. Y los ojos puestos en las maravillas que nos rodean. Y las manos, tendidas.

—Tras tus relatos cortos, te lanzaste con Los hijos de Enoc, que fue tu llegada al estrellato.

—Bueno, previamente escribí varias novelas (una premiada), aunque como sabes Los hijos de Enoc se movió durante más de un año en las listas de best-sellers de Amazon y pasó a ser publicada de nuevo con Booket (Planeta) en 2019. Es una novela muy especial para mí que estuvo a punto de quedar guardada para siempre en un cajón pero su destino, ya ves, ¡era otro! Finalmente este año 2021 publiqué con Planeta Tierras de niebla y miel que, ambientada en la España del siglo XIX, combina aventura, misterio, crímenes y un toque de realismo mágico. Los lectores dicen que es muy visual y les ha acercado mucho más a Cádiz, a Málaga y a Antequera. ¡Algunos incluso siguen la ruta de las diversas localizaciones de la novela!

—Yo lo he hecho. Y otra cosa, ¿crees que se puede triunfar sin tener un agente literario?

—Se puede, por supuesto. Pero un agente literario te ayuda a hacerse visible ante las editoriales, es un filtro ante ellas, alguien que puede darte valiosos consejos y siempre te ayudará a conseguir un buen contrato. El triunfo o no depende de otros muchos factores, pero para mí es dedicarme a lo que me apasiona y tener la fortuna de haber encontrado en el camino no solo a un agente sino a un profesional y amigo que me guía y acompaña en este mundo un tanto peculiar de la escritura.

—Es que tu agente aporta ideas, también tu editora, luego viene el corrector…¿Cuánto hay de original hoy día en la obra de un autor?

-La obra es original y auténtica, naturalmente. Ten en cuenta que los cambios o sugerencias (ya sea del editor o del corrector ya en el proceso final) siempre se hacen por consenso y te ayudan a poner negro sobre blanco los puntos débiles que pueda tener la trama o a potenciar los fuertes. La escritura siempre es reescritura.

—Y la pregunta es obligada, aunque a los escritores no os gusta contarlo, ¿qué estás haciendo ahora?

—Pues ahora mismo estoy en el proceso de documentación y lecturas para una nueva novela ambientada en la Edad Media, ¡una época apasionante!

—¿Qué le dirías a aquellos escritores a los que les rechazan sus manuscritos todas las editoriales?

—Cada escritor y su escritura es un mundo, pero si creen en su obra que insistan y nunca se den por vencidos. Y, por supuesto, autopublicar es un camino a considerar siempre llevando un producto bien acabado, corregido y revisado. Hoy en día el mundo de la autopublicación es un medio más de llegar a los lectores y que estos descubran grandes diamantes en bruto allí escondidos.

—Y es que dicen que ahora hay más escritores que lectores…

—Cicerón dijo lo mismo hace 2.000 años: “Estos son malos tiempos. Los hijos han dejado de obedecer a sus padres y todo el mundo escribe libros.” ¿De actualidad, no? Pero a mí me representa más la opinión de Borges: “Que otros se enorgullezcan por lo que han escrito, yo me enorgullezco por lo que he leído».

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here