Si acaban de incorporarse a su trabajo o todavía se sacuden los últimos restos de arena antes de emprender la operación retorno, sepan que La Liga ya comenzó. Lo hizo con la clandestinidad que acompaña a esos partidos de viernes noche, en plena ola de calor y con las estrellas de nuestro fútbol atravesando los Pirineos a la velocidad de las Perseidas. Digamos que las expectativas de nuestro campeonato no cotizan al alza después de perder a algunos de sus buques insignias. Ni siquiera Madrid y Barça, otrora colosos europeos, se salvan ya de las rebajas en este fútbol pandémico. La vacuna en este caso es un acuerdo con un fondo de inversión que presenta tantas aristas como esas hipotecas que dependen del Euribor. A esta hora solo el Atleti, favorito al título, esboza una media sonrisa. El resto es ruido y furia. Como ha quedado claro en un verano tan escaso de fichajes como prolífico en debates y desencuentros. Ahí están Tebas y Rubiales, con Florentino y Laporta haciéndole los coros. Se acabaron las presentaciones galácticas y hasta los culebrones del verano. La decadencia del fútbol español era esto: exportar talento y reciclar cedidos. Bienvenidos a la temporada 21/22.

La tendencia menguante de nuestro fútbol ha llegado a la cúspide de la pirámide. Esta vez fueron Madrid y Barça los que vieron impotentes como perdían piezas fundamentales. Ramos y Messi dejaron huérfana la capitanía aunque por caminos diferentes. Si en Madrid no quisieron ponerse de acuerdo, en Barcelona no supieron o no pudieron. Sea como fuere, el gran beneficiado ha sido un PSG que se ha reforzado con dos piezas de lujo a coste cero. Más sal en la herida. El ogro de París sigue amontonando quilates y a su constelación une ahora los ardientes deseos del camero y el argentino, que son los mismos: un último baile con la Orejona. Mientras tanto, el vacío que dejan en lo deportivo y en lo emocional va más allá de sus respectivos equipos, porque ambos eran iconos de La Liga. El campeonato busca ahora nuevos referentes.

Un campeón, un equipo en obras y otro arruinado

Y a la espera de que el cuento de Mbappé tenga algún verano final feliz, el Real Madrid sigue haciendo granero. Todo se precipita hacia un nuevo mercado sin grandes desembolsos en la Casa Blanca. Alaba, recambio de Ramos, llegó gratis. También se marchó Varane rumbo a Old Trafford. Y el último en salir ha sido Odegaard, éste con parada en el Emirates. Entre ambos han dejado alrededor de 75 kilos en las arcas. Y por ahora las únicas novedades blancas son los refichajes de Bale, que vuelve del Tottenham, y Hazard, al que esperemos que las lesiones le den este año un respiro. Los goles de Benzema y el sempiterno centro del campo blanco (Casemiro-Kroos-Modric) son las principales armas del Madrid para presentar batalla en La Liga. Los blancos parecen un reflejo de su estadio, todavía en obras.

Ronald Koeman se dirige a su afición en el pasado trofeo Joan Gamper con sus jugadores detrás. Foto: Siu Wu. CordonPress.

Más dramática aún es la situación del Barça. No solo por lo inesperado de la marcha de Messi, sino porque su partida ha puesto al descubierto la situación económica del club con toda su crudeza. Tanto es así que ni la salida del argentino ha aliviado las cuentas y en Can Barça han tenido que esperar a ultimísima hora para poder inscribir a sus nuevos fichajes. Piqué, tras rebajarse su sueldo, se ha erigido en el nuevo líder de la caseta y fuera de ella, twitch mediante. Pero los fichajes de Memphis Depay, Kun Agüero, Eric García y Emerson Royal (el único por el que el Barça ha pagado) no ilusionan a una parroquia culé que todavía llora al ídolo perdido. Los vientos esperanzadores de Laporta se han esfumado de un plumazo y ahora solo la obligada vuelta a La Masía supone algo de luz entre tanta tiniebla. Koeman tiene una tarea homérica por delante.

El Atlético de Madrid celebra la última Liga en un vacío Metropolitano. CordonPress.

Ante ese panorama el Atlético de Madrid, actual campeón, se encuentra ante una nueva tesitura. Por primera vez desde la llegada del Cholo Simeone al banquillo empiezan una temporada con la vitola de favoritos. Y manejar ese rol se antoja el reto más difícil de este temporada. Los colchoneros no solo no han perdido piezas este verano, sino que han sabido reforzarse con Rodrigo de Paul, centrocampista argentino que será una extensión más de Simeone en el campo. Saúl pese a sus deseos de nuevas aventuras se ha quedado en el Metropolitano, y la vuelta del público a los estadios favorecerá más que nadie a los rojiblancos. Si el rendimiento de Luis Suárez vuelve a ser el del año pasado y Simeone es capaz de enchufar a Joao Félix, el Atleti estará en condiciones de saltar a la siguiente pantalla: revalidar el título doméstico, algo que no ocurre desde hace 70 años.

Al asalto del podium

También cuentan con proyectos continuistas y bien asentados en Sevilla y Villarreal. Nadie se ha movido más (y mejor) que Monchi este verano, por lo que Lopetegui ha ampliado su abanico de opciones. Pocas más rutilantes que la llegada de Rafa Mir, hombre gol de la selección olímpica española y que pedía a gritos una oportunidad en un escaparate mayor. Junto a él, Dimitrovic, Erik Lamela (ambos a coste cero), Augustinsson, Gonzalo Montiel y alguno más por llegar (Delaney) apuntalan un plantel que ya estuvo en la carrera por la Liga hasta los últimos metros. Amenazan con repetir. En otro club donde llevan bastante tiempo haciendo bien las cosas es en el Submarino Amarillo. Tras levantar su primer título europeo la temporada pasada, los de Emery tendrán que compaginar Liga y Champions con la obligación de ser competitivos en ambos. No extraña que se hayan gastado 50 kilos (Danjuma, Foyth, Boulaye Dia, Mandi…) para ello, pues corren tiempos de bonanza en la Cerámica. El único temor a estas horas es que le arrebaten al chico del poble, un Pau Torres por el que puja fuerte el Tottenham.

Villarreal manager Unai Emery (centre) speaks with Pau Torres from the touchline during the UEFA Super Cup match at Windsor Park, Belfast. Picture date: Wednesday August 11, 2021.

Al rebufo de castellonenses y sevillanos viene un trío de clase media que opta a aumentar su nivel de vida. La primera es una Real Sociedad que también tocó metal, la Copa del Rey, la temporada pasada. Lo que junto al ascenso a Segunda división del filial dirigido por Xabi Alonso refrenda una apuesta por el trabajo bien hecho desde la base que además florece y alcanza al primer equipo. En Donosti han conseguido retener a sus principales estiletes para la próxima temporada. Así que con los goles de Isak, la veteranía de Silva, los chispazos de Januzaj y la verticalidad de Portu, Imanol quiere volver a poner Anoeta patas arriba, pero esta vez con público.

Con el fútbol de toque como premisa y el billete europeo como aliciente esperan en el Benito Villamarín a su Betis. Allí el equipo de Manuel Pellegrini intentará compaginar esas dos realidades sin perder de vista la estela de su vecino y rival, con el que ha empezado a acortar diferencias. La leyenda de Joaquín volverá a lucir de verdiblanco cumplidos los 40 mientras las palmas y los olés los siguen provocando Fekir y Canales, Curro Romero y Morante, vestidos de verdiblanco. La retaguardia se ha apuntalado con Pezzella, Miranda y Sabaly, y a la portería ha llegado Rui Silva.

El tercero en discordia es un Celta de Vigo que quiere seguir con el viento a favor que sopla en la ría desde la llegada del Chacho Coudet. Octavos la temporada pasada, siguen explorando la vía argentina con la llegada de Cervi (Ex-Benfica) o Diutaro quien se puso bajo palos en el debut. El genio de Iago Aspas sigue al frente del barco y a falta de mejores ofertas Renato Tapia y Denis Suárez se mantienen en Balaídos. Su presencia se hace indispensable si se quiere volver a oír la Rianxeira en Europa.

Entre la permanencia y la revelación

Lo que sigue a continuación es un furgón de incertidumbres. Equipos que aspiran por igual a ser la decepción del año o retomar la senda de sus días de gloria. Entre esas incógnitas ninguna como la del Granada, un equipo de autor que ha perdido al que fuera el director de todo, Diego Martínez. Su sustituto, Robert Moreno, es otra incógnita más. También hay dudas en Valencia. No sobre el estilo que tendrán los chés comandados por Bordalás, pero sí sobre las aspiraciones reales de un equipo que lleva demasiado tiempo dando palos de ciego. Sin grandes fichajes, el método Bordalás y la implicación de los Gayá, Soler y Guillamón parecen las únicas certezas. Las dudas en Bilbao son de otro tipo. Superado el efecto Marcelino, en el Botxo miran de reojo a una plantilla escasa de calidad y sin la determinación de campañas anteriores. A los leones les falta voracidad ofensiva y los cachorros no terminan de coger el testigo de los veteranos.

De enemigos íntimos a compañeros de viaje. Bordalás y el Valencia. Foto de Omar Arnau. CordonPress.

El resto de equipos conforman a priori, el furgón de cola, en un fútbol español que sigue igualándose por abajo. Entre ellos por tanto podemos encontrar a la revelación del campeonato, equipos como el Cádiz de Cervera que ya portó durante varios tramos de la temporada pasada esa vitola, o el recién ascendido Espanyol, un proyecto y un equipo que nunca fueron de segunda como dejaron claro en su único año en el infierno. Entre esos candidatos a sorprender a base de trabajo, esfuerzo y compromiso también aspiran equipos como el Getafe de Míchel o el Mallorca de Luis García Plaza, otro recién ascendido. Los madrileños cambiarán su registro 360º y quizá les lleve un tiempo entonar su nueva partitura, pero en el caso de los baleares se ha apostado por el método que les llevó de vuelta a la élite. Cualquier despiste o mala racha, eso sí, les condenará al sufrimiento. En esa pelea es más que probable que se encuentren con Osasuna, Levante, Alavés, Elche y Rayo, equipos para los que su Champions particular es mantenerse en Primera.

Este es el panorama de nuestro fútbol, con el talento haciendo mudanzas a otras ligas, con una igualdad ordinaria que equilibrará resultados, partidos y balances económicos, pero que nos alejará de las Ligas extraordinarias. La ilusión, sin embargo, la volverá a poner un aficionado que por fin vuelve a los estadios (también ahí andamos enzarzados con los porcentajes). Toca redescubrir el placer de las primeras veces. Porque al fin y al cabo, no hay nada como vibrar, sufrir, gritar, enloquecer, saltar, animar cantar o simplemente oler la hierba recién mojada un domingo por la tarde en la butaca de tu estadio, aunque sea en una Liga en recesión. Toca remontar. Hay partido.

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