Era mucho soñar que España pudiera ganar a Estados Unidos (81-95). Sólo Ricky Rubio (38 puntos) jugó para hacerlo y hubiera hecho falta otro héroe, al menos para competir hasta el último minuto, vencer era una quimera y las quimeras son cabras con cabeza de león. El resto es conocido porque era previsible. Nos penalizaron las pérdidas (17). Nos masacró Durant (29 puntos). Nos faltó ser perfectos. A excepción de Ricky, y con la salvedad del vuelo que pueda tomar Garuba, ninguno de nuestros jugadores es lo que era. Somos nostalgia. Y aunque el agradecimiento es obligado (veinte años felices, nada menos), la pena resulta inevitable. Porque la emoción sólo duró dos cuartos y también porque el símbolo de esta generación, Pau Gasol, se pasó la mayor parte del partido en el banquillo (jugó 6:17), sin presencia en los últimos instantes, cuando al menos nos hubiera quedado eso.

Ricky fue el único jugador a la altura de la expectativa (sus 38 puntos baten el récord de Pau en unos Juegos), pero que sólo añadiera dos asistencias a su estadística demuestra la precariedad del juego colectivo. Sergio Rodríguez (16) también se quedó en dos pases de canasta. Del quinteto titular, Rudy, Abalde y Marc terminaron sin puntos. Abrines tampoco anotó en 28 minutos. Willy Hernangómez fue el mejor de los secundarios: diez puntos, diez rebotes, tres asistencias y tres tapones. Así se dibuja el partido de España.

La sensación es que Estados Unidos se dejó varias marchas por meter. No es el mejor equipo americano que hemos visto (Adebayo se queda muy corto como fuerza interior), pero tiene recursos para acabar con cualquiera. Y parece que han cubierto el cupo de distracciones.

El resumen final lo firmó Pau Gasol: “No se pueden valorar veinte años por un partido. Para mí, estar aquí ha sido un gran éxito, un gran orgullo, volver a vestir esta camiseta. Me hubiera gustado que el resultado hubiera sido diferente, como a todos los españoles, pero hay que jugar cuarenta minutos de gran baloncesto para ganar a este equipo, y nosotros hemos jugado bien, pero no ha sido suficiente”.

Tanto Pau (41 años) como Marc (36) confirmaron que ha sido su último partido con la Selección. «Es el momento de bajar de la atracción a la que nos hemos subido hace muchos años —explicó Marc—. Hemos tenido una gran suerte, pero es el momento de dejar a la nueva generación que se suba, que disfrute y que tengan su propia experiencia».

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