El pasado martes el Bayern Múnich marcó 12 goles en la Copa alemana. Ayer le metió una manita al Hertha con triplete de Lewandowski. Y en poco más de 15 días visita el Camp Nou. Sudores fríos al recordar el 2-8 de apenas hace un año y al contemplar que, al final del partido, el hoy vicecolista de la liga había realizado más tiros a puerta que el propio Barça.

Se empieza a ver meridianamente claro que el Q-Man canterista amante de los jóvenes jugadores ya es más una leyenda que una realidad. Cuando falta alguno de los tres fijos del centro del campo (Busquets-DeJong-Pedri), entra Sergi Tormento. Se intuye que incluso entrará Pjanic si acaba quedándose. Todo antes que dar una titularidad a Riqui ENP, Collado o Gavi. Y si falta Jordi Alba se cambiará a Dest de banda antes de apostar por Balde. Neto antes que Peña no hace falta imaginarlo, es un hecho. La marcha de Leo ha magureguizado aún más a un Ronald que se agarra a sus titulares sospechosos habituales, a quienes arrastrará al fondo del abismo si él cae.

El tempranero gol de Roberto a pase de Alba sería una buena y esperanzadora noticia si no fuera porque no estamos en la temporada 2011/2012 sino en la 2021/2022. Porque llamar canteranos a dos treintañeros suena a autoengaño. El gol ni dio ni serenidad ni calma a los locales porque en cuanto el Getafe despertó del golpe se valió de dos ex jugadores de La Masía para empatar el partido. Acaso para castigar la falta de canteranos en su rival, Aleñá asistió a Sandro, quien no dejó de cumplir esa bonita tradición que ya iniciaron décadas atrás leyendas como Mark Hughes o Julio Salinas: salir por la puerta de atrás del club para volver y marcarle. Los pitos hacia el canario solo se entienden si eran motivados por su nombre: silbidos indirectos para Rosell.

O porque el público estaba simplemente con ganas acumuladas de silbar tras más de un año esperando a hacerlo. Todos los vicios y males del Barça reflejados en ese gol eran un buen disparador para hacerlo. El principal destinatario, un clásico: el Hombre Gris. Ya se puede decir que es como Dios (jamás como D10S): supuestamente está en todos lados pero NUNCA aparece. Su mejor aporte llegó al término del partido cuando subió una foto a Instagram con la leyenda: «3 puntos más. Grande equipo!». Ni para esto ya muestra algo de creatividad el francés.

Tampoco se libró de los pitos el recién llegado y debutante Emerson Flan Royal. El brasileño fue un manojo de nervios durante todo el partido pese a seguir a rajatabla las indicaciones de su entrenador: “Hay que hacer faltas”. Su actuación al menos permitió pensar que Dest no es tan mala opción. Que Dani Alves (40 años) sea convocado por Brasil como lateral derecho titular por delante de él, ya era significativo para NO ficharlo. Que ningún fichaje procedente del Betis haya cuajado jamás (Cuéllar, Alfonso y Junior Firpo lo confirman) tampoco es un dato menor. Las normas para cuidar de los Gremlins eran tres y muy sencillas. Tanto como las que se necesitan para ser secretario técnico del Barça: no fichar a nadie del Arsenal. No fichar a nadie del Atleti. No fichar a nadie del Betis. No es tan difícil.

Antes de que el nerviosismo se apoderase de la grada (lo hará en cuestión de semanas, tampoco hay problema) Memphis-Tenessee siguió a lo suyo: demostrar que está muy por encima de unos compañeros de ataque cuyo déficit de calidad no se veía desde el tridente Alfonso-Saviola-Dani Lara. En realidad, es extensible al resto del equipo que hace tiempo que se ha convertido en una suerte de sucursal futbolera del Vaticano: idolatrando aún a iconos muertos y reliquias. Desde la cadera incorrupta de Sergio Busquets a algún trozo de la extinta cabellera de Sant Jordi (Alba).

Sin embargo, lo peor aún estaba por llegar: el portero del Getafe no iba a aparecer en toda la segunda parte mientras las ocasiones azulonas se sucedían. El porcentaje de acierto de la misma delantera titular del Valladolid de hace dos temporadas es digno de un equipo que aún estando en agosto ya huele a Segunda. A eso se agarró el Barça para llevarse los tres puntos porque su partido estaba siendo tan malo que incluso a alguno en la grada se ilusionaba con la posibilidad de ver el retorno de Chutinho. Así de fácil es ilusionar al aficionado de a pie. Y es que si el Barça pudiera vender las toneladas de aburrimiento que genera su juego compensaba su déficit en apenas unos meses. La buena noticia para el culé es que no volverá a ver su Barça hasta dentro de 15 días. La mala es que será frente al Bayern.

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