Tiene el último fin de semana de los Juegos un sabor parecido al final de las vacaciones: algunos sitios a los que íbamos ya han cerrado y mientras hacemos nuestras maletas quizá hasta llueva. Nos quedamos sin dónde ir tras quince días saltando de deporte en deporte y de una opción de medalla a otra para ir actualizando el recuento . 

Simplificar el desarrollo de los Juegos en las 17 medallas logradas por España es un error por múltiples razones. No es lo mismo ganar una medalla en balonmano o baloncesto, donde solo hay dos oros en oferta, que ganarla en gimnasia deportiva, donde hay 14. Entiéndase que cada medalla tiene un mérito enorme y no sugiero lo contrario; quiero decir que para medir el nivel del deporte español debe pesar más el bronce del balonmano (solo cuatro países han logrado un resultado mejor) que la plata de Zapata en gimnasia, puesto que el botín, dentro de lo que ofrece el deporte, es un porcentaje menor. Del mismo modo, España ha sido la potencia número 1 en karate, modalidad de katas (un oro y una plata), y no se puede lograr mucho más. 

Hay que entender el medallero como un entretenimiento, como algo que nos permite conversaciones en el bar o en el trabajo y que nos acerca a algún deporte que nunca vimos, como la escalada.

Tengamos en cuenta las fortalezas y debilidades del deporte español. Nunca seremos capaces de ganar viente medallas en natación como Australia (ocho de oro). Contamos al mismo tiempo con dos o tres nadadores y un gimnasta del máximo nivel, pero no disponemos de un equipo numeroso que pueda generar medallas desde diferentes disciplinas. Donde hubo un Zubero está Belmonte, donde hubo un Deferr está Zapata. Solo la vela y el piragüismo están en posición de luchar consistentemente por varias medallas en unos mismos Juegos, pero nunca hablaremos de 20. 

A mi modo de ver, tanto la natación como la gimnasia son dos de los tres pilares fundamentales de los Juegos, siendo el tercero (y quizá el más importante) el atletismo. De nuevo, quedarse con “solo un bronce” significaría que nuestro atletismo es peor que nuestra gimnasia, y nada más lejos de la realidad. Además de que el bronce de Peleteiro exigió una marca excelente (equiparable al esfuerzo de Carreño para el suyo, teniendo que superar a Djokovic) hay que añadir muy buenos comportamientos del equipo masculino en 110 metros vallas, 800, 1.500, 5.000, longitud y maratón, sin olvidar el buen hacer del equipo de marcha. Se rozó mucho bronce, pero se compitió. Quizá tengamos una buena generación a punto de hacer algo en Paris. 

Tenemos además la desgracia de ser fuertes es deportes de poco peso en el medallero. Fútbol, balonmano, baloncesto o waterpolo solo ofrecen una medalla por categoría y necesitamos muchos deportistas para llegar allí. Necesitamos todo un equipo para recoger un bronce, cuando una nadadora de elite puede cosechar ella sola cuatro medallas. Quizá el baloncesto podría iniciar la competición con un concurso de triples y otro de tiros libres, o dar medallas a los máximos anotadores, reboteadores o asistentes. Aunque quedaría raro que, después de perder con Eslovenia y Estados Unidos, Rubio volviera con un oro al máximo anotador. 

Por último, hay que saber escoger las batallas. Cuando miramos al medallero tenemos que hacerlo sabiendo que hay una serie de países que por la combinación de su población, economía y tradición deportiva son inalcanzables para España. Olvidemos a Rusia, China, EEUU, Alemania, Australia o el Reino Unido. Italia o Francia también deberían estar por delante, aunque la ambición sería acercarse a ellos. Podemos compararnos con Canadá, Holanda, Ucrania, Polonia… y aún así estos son países con los que no competimos directamente. Me contaron que en la clasificación por puntos (considerando puestos de finalistas) España es la quinta potencia. Me parece un buen resultado. 

Lo más importante es poder sentarnos ante la televisión y poder disfrutar de una carrera, una regata o un partido con un cierto cosquilleo sabiendo que competimos por algo. Si hemos pasado un buen rato, el resultado es menos importante. Ajustando un poco la frase de Coubertin, lo importante es competir. 

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