Naturalmente, su reacción al leer el título del artículo es esperar una secuencia de actos negativos. Es un problema no solo del castellano, sino de muchas otras lenguas que usan «perro» como peyorativo.

Aprovechando que se acerca el 26 de agosto, una de las fechas en las que se celebra el día del perro (en el Reino Unido y en otros lugares se celebra en julio) me gustaría contradecir ese sentido peyorativo y resaltar las grandes virtudes del llamado mejor amigo de los humanos. 

Siempre se dice que el perro es fiel. Yo iría un poco más allá y diría que el perro es incondicional. Si se da un poco de cariño a los perros de la familia, ellos lo darán todo a cambio. En algún lugar leí que nuestros perros son una parte de nuestra vida, tanto en años como en el desarrollo del día a día. Para ellos, nosotros lo somos todo en los mismos sentidos. 

Si me lo permiten, voy a hablar “de mi libro”, o para ser más exacto de mis dos libros, Jasper y Freddy, ambos cruce de cocker spaniel y caniche, nacidos con dos años de diferencia y hermanos de madre. Siempre creí que tenían una relación especial por esa hermandad real que los unía, pero la cosa fue mucho más allá. 

De Jasper no me queda más remedio que hablar en pasado. Hace 15 meses su corazón dijo basta. Jasper era un buenazo, amable, inteligente, expresivo y con unos ojos que le hacían ser un perro guapo. Cuidaba de Freddy y de los perros de mis hijastras, también cuidaba de mis nietos. Él solo aprendió que estos perros, niños y adultos eran su manada y los protegía, aunque nunca fue violento. En el paso de cachorro a adulto Freddy tuvo momentos en los que, instintivamente, atacaba el liderazgo de Jasper. Hubo peleas, siempre iniciadas por el joven pretendiente. Jasper nunca quiso ir más allá de defenderse. 

Todavía le echamos de menos y no creo que el sentimiento se pierda. El veterinario, que hizo todo y más por ayudarle, me avisó de la probabilidad de que Freddy estuviera deprimido un tiempo. Fueron hasta cuatro meses en los se le notó la tristeza. Me van a tener que perdonar los puristas si uso sentimientos humanos para definir el comportamiento de los perros, pero es mucho más sencillo. Y si se puede poner en duda que sientan amor en el concepto humano, es innegable que crean un vínculo emocional con nosotros y otros perros. 

Jasper, lejos de sentir el complejo de príncipe destronado con la llegada de Freddy, le adoptó y le educó a su manera. Decidió protegerle y cuidarle. Jasper era como el padre de Freddy. Cuando uno estaba sin el otro, aunque fuera 15 minutos, lo pasaban mal y se les notaba cierta ansiedad. En nueve años apenas pasaron tiempo separados. Solían tumbarse junto al fuego espalda contra espalda, significando a la vez confianza total y protección. 

Poco más de un mes después de la pérdida de Jasper se celebraba en el Reino Unido el día del padre (en junio). Una de mis hijastras me regaló un almohadón forrado con, casualmente, la última foto que me hice con Jasper. Freddy se acercó al almohadón, olisqueó la foto de su hermano, la lamió suavemente y se retiró. Mi mujer y yo nos quedamos alucinados con el gesto. 

Si algo ha tenido de bueno la pandemia es que, trabajando desde casa, pude pasar las últimas nueve semanas de Jasper con él y a partir de ahí no dejar a Freddy solo. 

Un paseo por la playa es más divertido con ellos, una noche de invierno es más acogedora con los perros frente a la chimenea. Volver del trabajo y ser recibido por dos perros que te ofrecen su juguete favorito llenos de alegría porque ya estás en casa siempre provoca una sonrisa sincera. Ellos son así. Incondicionales, cariñosos, protectores, divertidos, excelente compañía. Jasper llegó a casa en 2009. Desde entonces ha habido infinidad de momentos en que tanto él como Freddy nos han hecho los días mejores. Ya es hora de convertir la expresión “día con perros” en algo positivo. Muy positivo.

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