Se presentaba un fin de semana con un menú atractivo. Por ejemplo, en la Vuelta, dos etapas de montaña, en Fórmula 1 el Gran Premio de Bélgica en un circuito que la mayoría de los pilotos señalan como su favorito y en fútbol los debuts de Messi o Varane, el morbo del que pasará con Mbappé y por supuesto todos los partidos de la jornada. 

El sábado el primer partido de la Premier fue la capitulación del Arsenal ante el City. Arteta dijo al final que empezaron bien y Guardiola quiso hacerle un favor a su antiguo ayudante, pero hubo poco partido. El partido de la jornada llegaría después, tras la etapa de la Vuelta. 

No fue la etapa diferente a las de siesta y sprint que criticamos al Tour y en esta misma Vuelta. La última subida se había vendido como algo que seria espectacular, pero 15 km al 6% es un puerto tendido y fácil para los mejores. La etapa la salvó Bardet y el resto de la fuga; los ciclistas que buscaban el triunfo final fueron de la mano hasta el final. El ataque de López valió 4 segundos. Un 0-0 en toda regla. 

Afortunadamente el día lo salvó la intensidad del Liverpool-Chelsea, un partido del máximo nivel. Una vez que el Chelsea se quedó con 10 jugadores en la jugada del penalti del 1-1 mostró un curso de defensa organizada y efectiva, forzando al Liverpool a chutar desde fuera del área. La primera parte había sido un partido diferente, con un Chelsea incisivo en las contras y un Liverpool que parece olvidar los malos meses de la pasada temporada. 

Terminé el sábado con el Betis-Madrid, un partido que debió resultar soporífero para quien no tenga filias ni fobias con los contendientes. El partido estuvo lleno de errores en ambos lados y, como madridista, sólo me quedan los tres puntos y la esperanza de mejorar. 

El domingo obligó a un continuo salto de canales. El perfil de la etapa de la Vuelta me decepcionó un poco: final en descenso y el último puerto era corto y de tercera categoría. Aún así, había terreno por delante. Mientras tanto, la lluvia retrasaba el Gran Premio de F1 a la vez que prometía una vereda interesante. Sin lluvia muchas carreras apenas son una procesión de coches en Scalextric. Mientras llegaban noticias volví a la Vuelta, con un panorama idéntico al día anterior: fuga por delante y los favoritos mirándose. 

De cuando en cuando cambiaba al Wolves-United. Siempre eran jugadas de ataque malogradas por los locales, corderos con piel de lobo. En Bélgica seguía lloviendo aunque los coches salían a demostrar que no se veía nada. 

¿Y en la Vuelta? Nada. Bueno, seamos justos con la exhibición de Majka, similar a la de Bardet. Celebremos que ciclistas extranjeros como estos dos, el líder o el danés Nielsen den tanta  importancia a la ronda española. Los líderes ciclistas son hoy los que parecen ir en un Scalextric, de nuevo con un ataque muy al final, esta vez de Yates para obtener 15 segundos. Las excusas se suceden al final de la etapa, unas mejores que otras, pero nos vamos sin saber si algún rival hubiera tenido un mal día. 

El United acaba ganando 0-1 como no podía ser de otra forma y en Bélgica la lluvia concurre el Gran Premio en un desfile sobre agua durante dos vueltas y reparte la mitad de los puntos en juego sin competir. Un punto de vista apunta lo absurdo de la situación y otro que las posiciones se ganaron en la calificación del sábado. Lo que queda más claro es que los aficionados, empapados, deben sentirse estafados. La justicia de la competición sugería correr el lunes. 

Sin un canal que me ofrezca en Inglaterra la Ligue1 dejé de lado el debut de Messi y las celebraciones de Mbappé. ¿Qué significan? Yo qué sé… recuerden que Ronaldo viajaba hacia el City y acabó en el United. 

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