Qué Tour más fantástico. Todo es posible. La etapa más larga de la carrera nos sitúa ante un escenario inesperado. Van Aert pasa a ser líder del Jumbo y candidato a ganar la carrera, por qué no. El belga tiene 3:13 de ventaja sobre un Pogacar sin equipo y quizá sin tantas fuerzas como creíamos. La fortuna del esloveno es que el Movistar siempre sale a la ayuda de algún rival: alguien en el coche pensó que Carapaz es más enemigo que Pogacar y los azules hicieron el trabajo del UAE para neutralizar el ataque del ecuatoriano. Que Carapaz saliera malamente del Movistar (dijo que se quedaba y se largó) es un detalle que no debemos pasar por alto. Tampoco la legendaria caraja táctica del grupo Abarca en sus diferentes denominaciones. Por cierto, Van der Poel, sigue líder.

La etapa fue espléndida. Van der Poel y Van Aert se metieron en una fuga en la que también estaban Nibali, García Cortina, Cavendish o Yates. En total, 29 ciclistas de los cuales diez habían ganado ya al menos una etapa  en el Tour, ese era el nivel. El equipo de Pogacar hizo lo posible por reducir distancias y quedó en evidencia. No son nadie. La escapada rondó los siete minutos, impulsada en muchos momentos por Van der Poel, muchacho que se está ganando el derecho a tener una estatua. Qué generosidad en el esfuerzo. Qué clase. Qué planta. Qué huevos.

En el grupo cabecero había demasiados lobos como para que reinara la armonía. Mohoric se fue por delante y quedó claro que Van der Poel peleaba por el amarillo. Por un momento llegamos a imaginarle también como candidato al triunfo final. Dividido entre el deseo de competir en Tokio y la posibilidad de disputar el podio en el Tour. Con los tipos tan grandes no hay suposiciones descabelladas.

La escena más hermosa de la tarde nos la dejaron el propio Van der Poel y Van Aert, trabajando juntos por el amarillo que es y que podría ser. La escena más lamentable la dejó Movistar cuando reaccionó al ataque de Carapaz en el grupo principal. No basta con conocer a tus enemigos; hay que saber ordenarlos. Y el primero de todos es Pogacar. Dejarle a él la responsabilidad de responder a Ineos hubiera sido lo más inteligente y ya tendremos ocasión de comprobarlo.

Roglic reventó y perdió casi cuatro minutos (ningún compañero le esperó); si sólo fue un mal día (consecuencia evidente de la caída que le lijó el cuerpo) todavía tendrá cosas que decir. Lo de Nairo es más penoso: perdió 18:37 en relación con el ganador.

Y dejamos para el final al vencedor de la etapa, otro esloveno bendecido por los dioses, Matej Mohoric. Ya ha ganado en las tres grandes y no sería extraño que repitiera en este Tour.

Y ahora, la mejor noticia. Después de siete terremotos, uno por etapa, llega la montaña.

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