Susana López (Erandio, Bizkaia, 1963) es doctora en Ciencias de la Información por la Universidad del País Vasco y ha impartido clases en varias universidades españolas. Gran parte de sus publicaciones son trabajos de investigación referidos al mundo de la comunicación. Su tesis doctoral trató sobre la prensa y la transición política. 

Fue galardonada con el Premio Iparragirre de Relato por Ausencia de madre, una dramática historia de violencia intrafamiliar. La infancia usurpada, un relato sobre la Guerra Civil y sus huérfanos, alcanzó similar reconocimiento en el Certamen del Foro de la Memoria Histórica de Córdoba y ha sido finalista en los premios Bruma Negra de relato. Pero todo esto muchos de ustedes ya lo saben.

Lo que no saben es que Susana López es tímida y de carcajada fácil. Su fuerte es contar ese mundo de vidas desgarradas, las vidas de aquellos que no la tenían, los sentimientos de aquellos que no querían dejar de sentir. Su talento se basa en que es capaz de mostrarnos a través de sus personajes cómo discurrían, uno junto al otro, de la mano, el amor y el dolor. Y hoy, Susana López ha cerrado un rato su portátil para venir a vernos y contarnos cosas de su vida y de cómo ve esta vida que nos ha tocado vivir.

—Muchas gracias por aceptar nuestra invitación Susana. Es un verdadero placer tenerla aquí con nosotros. Bienvenida a A la Contra. ¿Café, té, agua?

—Café. Siempre. Soy una adicta, me tomo unos seis al día. La culpa es de las mujeres de mi familia materna, que eran muy cafeteras. Cada vez que ibas de visita, lo primero que hacían era preparar café de puchero. A veces lo tomábamos de pie en la cocina.

—Permítame decirle, aunque ya se lo habrán dicho a menudo, que ‘El silencio más noble’ me ha impresionado.

—Te agradecería que me trataras de tú. Ni mis alumnos me hablan de usted. Y soy bastante mayor para me echen años encima. Ja, ja. Me alegro de que te haya impresionado mi novela, aunque con que la hayas disfrutado me quedo satisfecha. Es bonito que tus lectores te digan que les ha gustado lo que escribes y, desde luego, esta novela me está dando muchas alegrías.

—En tu novela, hablas de nacionalismo vasco, españoles, la guerra civil, maquis, maketos, la Sección Femenina… Me temo que aún no son temas fáciles.

—Pablo Casado acaba de declarar que si llega al Gobierno derogará la ley de la Memoria, justo cuando se cumplen 85 años del golpe militar de 1936. Derogará una ley que, en mi opinión, ha llegado demasiado tarde, de ahí que se hayan mantenido y se extiendan interpretaciones maquilladas de la Dictadura. El profesor Julián Casanova, en el diario El País, hablaba esta misma semana del peligro de retomar los viejos argumentos de la manipulación franquista para justificar aquella guerra. Está visto que en España sigue habiendo una parte de la población que niega (o al menos justifica) aquel espantoso episodio de nuestra historia. En cuanto escribes u opinas sobre el tema, hay quien se siente ofendido y te tacha de sectario.

—Tus novelas tocan siempre temas sensibles, como en ‘Vías muertas’ o en ‘Khalil’…

—En Khalil hablo de la inmigración ilegal y de cómo hasta los que nos decimos “no racistas” podemos desconfiar de los demás por su origen. Sin embargo, esta novela no se desarrolla en ningún lugar definido, precisamente porque los prejuicios hacia el de fuera son universales. Vías muertas parte de un intento de atentado terrorista de ETA a un subinspector de la policía nacional en Bilbao. Luego se desarrolla en Segovia. Pero sí, creo que en esta, aun siendo una novela policíaca, se tratan temas de ese orden, como el enfrentamiento ideológico o la visión que se tiene del País Vasco desde fuera.

—Tú has dicho que esta novela te la contaron a retazos tus mayores cuando eras una niña. ¿Eras una de esas niñas calladas que se sientan a escuchar y que las abuelas adoran?

—Era una niña alegre que no paraba de jugar. Es lo que tiene haber nacido en una familia donde no me ha faltado de nada. Mis padres son maravillosos, en casa disponía de todas las comodidades, me llevaron a un buen colegio y me dieron mucha más libertad que a la mayoría de las jóvenes de mi época. ¡Cómo para no ser feliz!  Y sí, en casa me acostumbraron a las largas sobremesas, donde varias generaciones compartíamos canciones y anécdotas. Yo disfrutaba mucho escuchando a los demás. Me fascinaban las batallitas de mi padre y de mis abuelas. De ahí viene la fuente de inspiración, de lo escuchado. Luego, la historia es pura imaginación, salvo algún capítulo que es recreación libre de algunos episodios vividos por mis abuelas.

—Déjame decirte que hay una cosa que me ha llamado la atención y es que no parece que juzgues a nadie, que simplemente narras, a pesar de la dureza de lo que describes.

—Desde que un lector, al que por cierto le había gustado la novela, la calificó de novela política, digo en mis presentaciones, para que no haya sorpresas, que esta historia está escrita desde el punto de vista de los perdedores. Mi intención no ha sido ser equidistante, condeno abiertamente aquella guerra y a quienes la provocaron y también a los que la aplaudieron y supieron aprovecharse del régimen. Sin embargo, en mi novela aparecen también personajes del bando vencedor que son buenas personas, como Carmen, la esposa del falangista. Y lo hago porque las personas son más que su ideología y en el bando vencedor también hubo gente de buen corazón. No haber incluido un personaje de este tipo habría sido negar una realidad.

—¿Qué hay de ti en Lucía, Elvira y Renata?

—Siendo tres mujeres tan distintas de carácter, les une la fuerza interior para crecerse ante las dificultades y la solidaridad hacia quienes necesitan ayuda. Eso es lo que tengo yo de ellas. La vida me ha enseñado que, cuando las cosas vienen mal dadas, es cuando me hago más fuerte.

—¿Ibaia, el pueblo ficticio de tu novela, es tu Erandio natal?

—Por supuesto. Decidí cambiarle el nombre porque así podía diseñar el escenario a mi gusto, sin necesidad de ser rigurosa, me daba mayor libertad creativa.

—¿Y cómo siendo de Erandio has nacido en Erandio? Nos habían comentado que los de Erandio y los de Bilbao nacen donde les parece.

—¡Ja, ja! ¡Qué fama tenemos! La verdad es que cuando yo nací Erandio era un barrio de Bilbao. Lo anexionaron durante el franquismo en contra de la voluntad de los erandiotarras. Tuvo que llegar la democracia para devolverle su independencia. En cualquier caso, siempre que me preguntan fuera de mi tierra de dónde soy respondo que de Bilbao porque Bilbao es un referente y todos los vizcaínos nos sentimos orgullosos de nuestra villa, ahora que es bonita y también antes, cuando era industrial y gris.

—Tú has ejercido la docencia en varias ciudades, ¿te parece que hay mucho desconocimiento de España a Euskadi y viceversa?

—Depende de las personas. Cuanto más abiertas son de mente más se informan y por lo tanto más conocen. Hace muchos años, tenía yo 16, fui a Segovia como monitora de un campamento para niñas. Estando en la Plaza de la Catedral nos oyeron hablar y, probablemente por el acento, un grupo de hombres jóvenes se dio cuenta de que éramos vascas. Delante de las niñas nos llamaron etarras. Eso ya no pasa. Otra vez, hará unos doce años, una alumna de Valladolid me confesó que no conocía el País Vasco porque sus padres no la dejaban ir, por si acaso. Esa imagen de mi tierra me producía mucha tristeza y mucha rabia. También he tenido que responder a mucha gente sobre cómo vivíamos en el País Vasco y cómo veíamos el futuro. La mayoría me preguntaban con interés sincero y con respeto y yo contestaba encantada, me gustaba hacer de embajadora de mi tierra. Ahora que ya no hay terrorismo se está extendiendo la idea de que sacamos los cuartos a los españoles y de que somos insolidarios. Habrá que combatir con hechos y palabras este nuevo estereotipo.

—La docencia la ejerces en la rama de Información. Durante años has formado a futuros periodistas. ¿Qué crees que es lo que deberían tener más claro todos esos futuros periodistas?

—En este momento mis alumnos son de una escuela de negocios, van a ser expertos en marketing o en gestión de empresa. Pero sí, durante muchos años, he aportado mi granito de arena a formar futuros periodistas. ¡Y no sabes la alegría que me llevo cuando veo que algunos de ellos tienen trabajo como informadores! En mi opinión deben tener claro que su profesión es difícil, que su trabajo está en el punto de mira y que deben ser honestos. Y por supuesto que han de tomar conciencia de la responsabilidad que recae sobre ellos, no deben olvidar que son la garantía de una sociedad libre.

—En los últimos 20 ó 30 años, ¿crees que el periodismo ha mejorado o ha empeorado?

—Creo que el periodismo sigue siendo malo, regular o bueno dependiendo del medio de comunicación y del periodista. Sí observo que, muchas veces, sobre todo en televisión, es tendencioso, y no me gusta. Me preocupa que se mezclen los géneros periodísticos, la opinión con la información, incluso con la publicidad. Por ejemplo, a veces se presentan como expertos en un tema personas que son meros opinadores. O en la radio, donde en espacios informativos, se confunde al oyente presentando como noticia textos llenos de trazos más propios del género de opinión. Como la radio es más inmediata, resulta más fácil que el periodista opine sin que el oyente se dé cuenta. En la prensa escrita, la lectura permite una mayor reflexión y es más difícil equivocar al lector.

—Actualmente existe una micronización de la información, hay fuentes de información por todas partes. ¿Crees que esta sobreexposición es buena para el ciudadano? Me da la impresión de que en un mundo donde la información es tan abrumadora, el ciudadano está más perdido que nunca, más perdido que Risto Mejide en ‘El Club de la Comedia’.

Ja, ja. No sé muy bien qué papel haría Risto Mejide en El Club de la Comedia. Supongo que él no sería muy gracioso como monologuista aunque seguro que podría escribir un monólogo muy bueno. Pero, en serio, respondiendo a tu pregunta, el exceso de información puede ser perniciosa no sólo para la comprensión de la realidad sino incluso para la propia salud mental. Por ejemplo, conozco personas mayores que viven asustadas pensando que cualquier día les ocupan la casa. El problema, sin embargo, más que la abundancia de información es la falta de criterio para discernir qué fuentes son fiables y cuáles no. Si no, ¿cómo es posible que la gente se crea tantos bulos? Que la capacidad de crítica se desarrolle entre los jóvenes depende en gran parte de nosotros los docentes.

—¿Crees que nos dirigimos hacia un periodismo cerrado y de suscripción?

—La llegada de internet al mundo del periodismo tiende a un modelo de negocio basado en la suscripción, lo mismo que la industria audiovisual. Antes eran muy pocos los suscriptores de prensa diaria, ahora si no te suscribes apenas te dejan leer unos cuantos artículos. Al igual que en el caso de la televisión, siempre quedarán medios en “abierto”, lo que habrá que ver es la calidad de la información de esos medios.

—¿No te parece que ese sistema hará un poco más libre a la prensa de lo que es ahora?

No estoy segura, aunque me temo que la publicidad seguirá siendo necesaria y los propietarios tendrán intereses que quieran proteger. Esto ha pasado siempre a lo largo de la historia del periodismo, y aun así merece la pena contar con los medios de comunicación porque nos hace más libres.

—Pero hablemos de literatura y de tu novela. ‘El silencio más noble’ lo publicó Click Ediciones, del Grupo Planeta, sello que únicamente publica en digital. ¿Cómo recuerdas ese paso a papel, tan importante para un escritor, en el sello Booket, también del Grupo Planeta?

—Me llamó mi editora de Click, Adelaida Herrera, y me llevé una alegría muy grande. Primero, porque significaba que la novela se estaba vendiendo bien y segundo porque se abría la posibilidad de que los lectores no digitales pudieran leerlo. Muchas personas me preguntaban si estaba en papel y decirles que no me frustraba mucho. Y la sensación que me provoca verlo en mi estantería, cogerlo, olerlo y pasar las hojas es muy placentera, no te voy a engañar.

—¿Nos puedes dar alguna pista acerca de la temática de tu próxima novela?

—No me gusta mucho adelantar la trama de lo que tengo entre manos. Soy un poco supersticiosa y temo que si hablo no lograré publicarla. Sólo te diré que trata de una mujer de ochenta años que en sus últimos días repasa su anodina vida. Como diría Kiko Ledgard: ¡Hasta ahí puedo leer!

—Tú cuentas que te encantan las novelas largas y que ‘Khalil’ fue un experimento de novela corta ¿Cómo será esta?

—No lo sé, aunque intuyo que más breve que El silencio más noble pero más larga que Khalil. A ver hasta dónde me lleva el personaje.

—Una curiosidad. ¿En tus lecturas prefieres clásicos o contemporáneos?

—Me gusta más la narrativa contemporánea, entendiendo por contemporánea la que se ha escrito desde los años cuarenta. Y creo que la razón está en mi formación como periodista, el lenguaje de la novela contemporánea es más directo. No obstante, alterno la literatura clásica con la literatura contemporánea. Es bueno beber de distintas fuentes. Puedo estar con Pérez Galdós una semana y a la siguiente con Carmen Santos. Y luego abro una novela de Wilkie Collins o me encierro con Vargas Llosa.

—A mí me encantan las novelas sobre mujeres fuertes y valientes, con carácter, como ‘El silencio más noble’. ¿Compartes esa preferencia?

—No diría tanto como preferencia. A mí me atrapan las historias de personajes, que protagonistas y secundarios estén muy bien desarrollados y que sean complejos. Por ejemplo, me gustan los thrillers pero en muchos de ellos lo que prima sobre todo lo demás es la trama. Esos me suelen defraudar. Necesito que además de la resolución de una investigación, los personajes me hablen, me cuenten sus dudas, sus miserias…Por ejemplo, de la escritora Dolores Redondo me ha gustado mucho más su novela Todo esto te daré que la Trilogía del Baztán, precisamente por la complejidad de sus personajes y su vida interior. Es una gran novela.

—Hablando de mujeres fuertes y valientes, a ver, di la verdad… ¿Quién manda en casa?

—¡Ja ja! Depende de qué cuestiones hablemos. Mi marido suele decir que las decisiones más importantes de nuestra vida en común las he tomado yo. Pero no es verdad. Ponemos las cosas sobre la mesa y decidimos juntos. Yo decido qué comemos porque él no sabe cocinar. Y él decide qué coche compramos porque yo solo me fijo en el color y eso no basta. En el resto vamos de la mano.

—Y una pregunta que, siendo una vasca de pro, trasciende mucho más allá de todo lo imaginable ¿Quién cocina mejor de los dos? Dime, dime, si no nos escucha nadie…

—Ya te he respondido antes. Él ni sabe ni le interesa. Podrías pensar que en casa del ciego el tuerto es el rey. Pero no. Lo hago bastante bien, aprendí viendo a mi madre en la cocina. Ahora, no me pidas cosas muy de moda, que soy de cocina tradicional, de cazuela, puchero y salsas. ¡Y dicen que mi ensaladilla rusa no tiene rival!

—Para ir terminando, verás que el peso de la sección deportiva en este diario es importante… así que dime, ¿sabes quién ganó la Liga el año pasado?

—No estoy segura. No sigo la liga, no soy futbolera, aunque me gustan las competiciones de selecciones nacionales, como la Copa de Europa o los Mundiales. Probablemente porque es cuando, además del dinero, los jugadores tienen una motivación más elevada. ¿Ganó el Atletico de Madrid?

—Sí, y dirás que no eres muy futbolera pero alguien nos ha comentado que cuando gritas los goles del Athletic se te escucha en Guipuzcoa… ¿Es eso cierto?

—No tanto, pero me pongo nerviosa. Si llegamos a la final de la Copa pongo una banderita en la ventana. En las últimas finales la tuvimos que quitar con mucha pena. David no gana a Goliat hace mucho tiempo. No hace falta ser futbolera para ser del Athletic, nuestro equipo es un sentimiento que alcanza a todos los vizcaínos, no solo a los de Bilbao, independientemente de a qué partido político votes o del grado de nacionalismo que corra por tus venas.

—Pues al final, siendo tú de Erandio y yo de La Línea de la Concepción, no hemos necesitado un traductor, menos mal, eso que nos ahorramos. Déjame decirte que teníamos muchas ganas de conocerte, que ha sido un verdadero placer tenerte aquí con nosotros en A la Contra y que esperamos que con tu próxima novela, nos vuelvas a regalar otro estupendo rato como este.

—Me ha encantado hablar contigo. Y te he entendido a la perfección, lo cual no siempre me pasa con todos los gaditanos. Me refiero a la forma de hablar, claro. Tengo debilidad por Cádiz, he pasado algunos veranos allí y además de sol he encontrado muy buena gente y mucha alegría. ¡La próxima vez hablamos con un atún de almadraba para compartir! Te confieso que me gusta más que el bonito del norte, pero no se lo digas a nadie ¿eh?

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