La plata que la Selección española de baloncesto cosechó en el Eurobasket de 1935 (perdió la final contra Letonia por 24-18) supuso su clasificación para la cita olímpica de Berlín 1936. Así se contó en la prensa de la época: «Quién nos iba a decir que estos jugadores de un deporte semidesconocido en Madrid conquistarían para España un triunfo tan resonante como el que acaban de lograr en Ginebra, sin duda, el acontecimiento deportivo de la temporada». El equipo estaba formado por Armando Maunier (Olimpic), Juan Carbonell (Barcelona), Rafael Ruano (Rayo), Fernando Muscat (Layetá), Cayetano Ortega (Madrid), Rafael Martín (América), Emilio Alonso (Rayo).

El equipo español jugó su primer partido a las cuatro horas de llegar a Ginebra (victoria ante Bélgica por 25-17), pero se sobrepuso a todas las dificultades. La primera, la inferioridad física. Rafael Martín no llegaba al 1,60 y muchos rivales medían 1,80 e incluso 1,90. Pese a todo, Martín se convirtió en uno de los favoritos del público y fue apodado por la prensa local como «el pequeño Zamora». El basket-ball era un juego que estaba lejos de ser popular en España, aunque reclamaba su espacio: «Nos interesa que el público deportivo de Madrid acuda a presenciar nuestros encuentros regionales y pueda ver por sus propios ojos que también este deporte se muestra para el espec­tador ameno e interesante, y que, sin duda alguna, podrán encontrar en él tan­ tas emociones o más que en cualquier otro de los hoy preferidos por el público, y que, a pesar de tener fama de viriles, no les tiene nada que envidiar el basket”.

Los jugadores de la Selección posan con el diploma que les acredita como subcampeones de Europa.

Sin embargo, la España republicana se negó a participar en los Juegos de la Alemania nazi (a cambio organizó la Olimpiada Popular de Barcelona, que no llegó a celebrarse). De modo que la selección masculina de baloncesto tuvo que esperar 24 años para tomar parte en unos Juegos Olímpicos. Los años que separaron ambas competiciones fueron un desierto para el baloncesto español. Hasta 1959, España no participó en ninguno de los nueve Campeonatos de Europa que se disputaron desde 1937. En cuanto a los Mundiales, se perdió los de 1954 y 1959.

Para acudir a los Juegos Olímpicos de Roma 1960 la Selección tuvo que acceder a través del Preolímpico celebrado en Bolonia días antes del inicio de la competición. El combinado nacional afrontó esta fase previa con la baja de Lolo Sáinz. El joven madridista entró en la convocatoria, pero tuvo que abandonar la concentración por un diagnóstico de cáncer de pulmón. Cuando el médico que le atendió descubrió que la radiografía pertenecía a otro paciente ya era demasiado tarde. Sáinz tuvo que esperar hasta Sydney 2000 para representar a España en unos Juegos Olímpicos, esta vez como seleccionador.

El equipo español que viajó a Bolonia fue seleccionado por tres técnicos y dirigido por Eduardo Kucharski. La federación ni siquiera había reservado plazas para la Selección en la Villa Olímpica, lo que evidencia las pocas esperanzas que había puestas en un equipo liderado por Alfonso Martínez y Emiliano Rodríguez. España consiguió el billete a Roma con un juego moderno y rápido que le valió para ganar cuatro de sus cinco encuentros. Taiwán, Surinam, Bélgica y Canadá sucumbieron ante los de Kucharski. La única derrota llegó ante Checoslovaquia.

En los escasos días que separaron el Preolímpico de los Juegos, la Selección tuvo tiempo de disputar un histórico amistoso. Cuatro días antes del debut olímpico, España se vio las caras ante Estados Unidos en Lugano (Suiza). El primer enfrentamiento entre ambos países terminó con un contundente 91-59 favorable a los estadounidenses, la mejor selección USA anterior a Los Ángeles 84. Las dos grandes estrellas del equipo eran Oscar Robertson y Jerry West, dos leyendas de la NBA que por aquel entonces despuntaban en la universidad. Para medir el océano que separaba a las dos selecciones basta con un dato: Oscar Robertson (1,96), que ocupaba la posición de base, superaba por un centímetro al jugador de mayor altura de España (Juan Martos con 1,95).

Unos Juegos de más a menos

El 26 de agosto la Selección española tuvo su debut olímpico ante Uruguay, bronce en las dos ediciones anteriores. Los charrúas eran los favoritos de un grupo formado por filipinos, españoles y polacos. España sorprendió con una victoria en la prórroga (77-72) después de que Codina empatase el partido a dos segundos del final con dos tiros libres. La selección uruguaya llegó viva a los minutos finales remontando una diferencia de 16 puntos, pero no fue capaz de culminarla. En la prórroga solo lograron anotar dos puntos. Con esta victoria, la clasificación de España a la siguiente ronda era posible. Un día después estuvo cerca de obrar el milagro.

La Selección se enfrentó a Filipinas, un equipo que se caracterizaba por un juego duro y marrullero. Los españoles contaban con una ventaja importante en los instantes finales. A diferencia de lo sucedido ante Uruguay, la remontada filipina sí fue culminada con éxito (84-82). De acuerdo con la crónica de Carlos Pardo de El Mundo Deportivo, la excesiva dureza del equipo filipino fue permitida por el colegiado y resultó decisiva para el devenir del encuentro. “Buscató corrió hacia el cesto perfectamente desmarcado y el defensa filipino al verle en situación de marcar una canasta que aumentaba a diez la ventaja le ha propinado un fuerte empujón lanzándole contra los hierros cubiertos de cuero que sostienen la canasta. El golpe le ha producido a Buscató una dislocación en el tobillo que le ha obligado a abandonar la cancha, en un momento en que su juego efectivo y tenaz tenía un gran valor”.

La polémica arbitral también protagonizó los instantes finales del encuentro. Después de dos fallos consecutivos en el tiro libre de España, la selección filipina se puso por delante tras una canasta de dos. En la última jugada Lluís penetró hacia el aro buscando el empate cuando jugador rival cargó contra él. “Uno de los árbitros ha señalado la falta, pero en aquel instante, al parecer, ha sonado la campana que señalaba el final del encuentro. Los españoles han reclamado que se les dejase tirar los tiros libres. El señor Collati ha decidido que el encuentro había terminado en el mismo instante en el que el árbitro yugoslavo pitaba esta doble falta personal”.

Esta dolorosa derrota convirtió el partido ante Polonia en una final para la Selección española. Clasificar a la siguiente fase garantizaba un billete para los siguientes Juegos Olímpicos. Con la resaca de la oportunidad perdida y con la baja de Buscató por su golpe ante Filipinas, España cayó ante Polonia en un partido menos disputado que los anteriores (63-75). Uruguayos y polacos pasaron como primeros y segundos de grupo, mientras que la selección española jugó la fase de consolación.

Fue en el tramo final cuando el juego de los españoles se vino abajo. España cayó estrepitosamente ante Francia (48-78), México (66-80) y Puerto Rico (65-75). Una ajustada victoria ante Japón (64-66) colocó a la Selección en el puesto catorce de dieciséis, superando únicamente a la selección nipona y a una Bulgaria que no se presentó a la fase de consolación como protesta por la presencia de Taiwán en los Juegos Olímpicos. Los encargados de la federación utilizaron de excusa estos malos resultados para quedarse con la mitad del dinero de las dietas asignadas a la Selección.

Por primera y última vez, el ganador del torneo no se decidió en una final. Una liguilla entre los dos primeros clasificados de los grupos de campeones fue el método elegido para determinar los medallistas. Estados Unidos confirmó su oro tras vencer a Brasil por 90-63. Los sudamericanos se llevaron el bronce y la Unión Soviética logró la plata. Italia culminó la fase final como colista del grupo y cuarta clasificada.

La de Roma fue la primera experiencia olímpica de la Selección española de baloncesto. Antes de la recordada plata en Los Ángeles 84, España también se clasificó para México 68 (7º), Múnich 72 (11º) y Moscú 80 (4º). Con la generación dorada asentada en la élite se han conseguido los mayores éxitos en esta competición, con las históricas platas en 2008 y 2012 y el bronce de 2016. En Tokio, los últimos reductos de esta generación y sus ya maduros herederos intentarán lograr el último título que se le resiste a la Selección: el oro olímpico.

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