Los caminos del señor son inescrutables y los de algunos ciclistas también. El desenlace de la etapa con final en el terrible Col du Portet fue asaz sorprendente, y no por el ganador (el pequeño Mozart), sino porque fue Carapaz quien le sirvió el triunfo en bandeja. El ecuatoriano, que había subido simulando un cólico nefrítico, atacó a falta de 1’5 km a los únicos gallos con plumas, Pogacar y Vingegaard. El arreón le hubiera servido para ganar la etapa a 300 metros de la meta, pero a 1.500 metros le explotaron los petardos en los bolsillos. El líder se enganchó a su rueda y el danés terminó por hacer lo mismo. De modo que ni ganó la etapa ni sacó ventaja a su único rival por el segundo lugar del podio. Escupir contra el viento tiene el mismo efecto. El incidente hubiera dado para un sabrosísimo episodio de El día menos pensado, pero Ineos no practica el nudismo.

El caso es que Pogacar ganó la etapa que se había propuesto. Lo hizo después de pasarse gran parte de la ascensión atacando y pidiendo relevos, lo que es tanto como querer matarte y pedirte amistad a continuación. Es listo. Y es jefe, condición que no siempre acompaña al talento. Ganará el Tour y nos postraremos de hinojos, pero llegará el día en que las exhibiciones innecesarias le pasarán factura. La foto de la victoria queda preciosa, pero no era necesario que reventara al equipo por una victoria de etapa a falta de una etapa pirenaica más, Tourmalet incluido.

La jornada tenía que haber sido homérica y sólo fue imponente. Unos cuantos franceses soñaron con ganar el día de su fiesta nacional, pero querer no es poder. Además, ya está dicho, Pogacar se había propuesto vencer de amarillo para callarle la boca al Ventoux. Y lo consiguió, aunque para ello tuviera beberse la sangre de todos sus compañeros. La pelea por el segundo escalón del podio es lo único que nos queda (cuatro segundos a favor de Vingegaard). También habrá intriga en la lucha por el maillot de la montaña si a Pogacar se le ocurre exhibirse de nuevo camino de Luz Ardiden (está a nueve puntos de Poels). Por lo que se refiere al maillot verde, Cavendish salvó el fuera de control (llegó a 34 minutos, cinco antes del corte) y se aproxima a París. Por esos barrios se concentran las emociones salvo que el ogro del mazo tenga otros planes.  

Pogacar Superstar. MURET/ST LARY SOULAN COL DU PORTET

1 Comentario

  1. Definitivamente el ciclismo debe hacer cambios profundos de su organización.
    retirar la absurda clasificación de puntos uci que no sirve para nada, excepto para que se conformen los corredores con mantener un puesto irrelevante 5º, 6º , 7º, 10º o lo que sea.
    y fundamentalmente prohibir los potenciometros en carrera que limita la fantasia conviertiendo el ciclismo en un mar de datos, resultando aburridisimo para el espectador porque no pasa nada, todos a rueda todo el día. ni un ataque de lejos para probar nada. que tristeza.
    Pogaçar un tirano pero detrás una panda de cobardes y rendidos antes de salir.

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