«Hoy es Pfizer». Inicio estas líneas desde la sala de espera del WiZink Center, a la 1:15 de la madrugada y deseando ser ya vacunado. Tengo el número 998 y están llamando al 937. Me queda un rato todavía, aunque asumo que acabaré este texto ya en casa, de madrugada y con ganas de verlo publicado el fin de semana en A la Contra.

Es increíble lo rápido que pasa el tiempo. Incluso en estas circunstancias. Recuerdo mi primer artículo aquí, en febrero de 2020. Narré cómo viví en Moncloa la llamada «mesa de diálogo» entre Pedro Sánchez y Quim Torra mirando de reojo el reloj para ver si llegaba a tiempo a ver el Real Madrid-Manchester City, partido de ida de los octavos de final del a Champions League.

Lo que jamás imaginé aquel día es que el partido de vuelta se celebraría en pleno verano, en el mes de agosto, y en la llamada «nueva normalidad» posterior a una pandemia mundial que se ha convertido en nuestra realidad.

Esa nueva normalidad se estrenó en mayo del año pasado, coincidiendo con el fin del confinamiento domiciliario… y con el reestreno de Pasapalabra, que cambiaba de canal y de presentador.

Hoy, al poco de lograr cita para mi vacuna after hours, descubrí que Pablo Díaz iba a ganar, al fin, el rosco del concurso. Y, la verdad, fue una segunda gran alegría en cuestión de minutos.

¿Por qué? Pues porque, de repente, todo encajaba. Me iba a vacunar en el WiZink y, como está cerca de casa de mis padres, aprovecharía para cenar con ellos y ver Pasapalabra. Justo como hacíamos los cuatro (también estaba mi hermana) aquel mes de mayo en el que empezábamos a salir a la calle después de haber pasado juntos la reclusión planetaria.

La verdad es que ha sido una tarde-noche muy chula. El sprint de Pablo para responder una docena de palabras seguidas, y su explosión de júbilo tras confirmar que había acertado la última, ha sido todo un alegrón. Y la celebración en casa, como la de los goles importantes.

Luego encima ha estado el componente emotivo. Las palabras del ganador, dedicándole el premio a su abuela por haberle aficionado al concurso, me han transportado muchos años atrás cuando, en la misma casa en la que estábamos, veíamos ese programa con la mía: también le encantaba.

Pablo ha completado su rosco y yo he cerrado el círculo que empecé hace un año cuando, como todos, aprendí a vivir en esa “nueva normalidad” aún sin protección —química— contra el virus. Toca seguir cuidándose y cuidando a los que tenemos alrededor, pero la verdad es que recibir la vacuna es todo un subidón.

Decía Pablo Díaz, cuando le preguntaron qué va a hacer con los 1,8 millones que ha ganado, que él, en el fondo, buscaba poder seguir con sus estudios, su vida, y su día a día, sin preocuparse del dinero. En el fondo, y a través de la vacuna, todos queremos algo parecido: seguir con nuestras vidas arrinconando, poco a poco, al virus.

Ya nos queda menos para completar ese particular rosco. Sigamos adelante… sin pasar palabra.

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