Buenas. Les recomiendo que vayan cogiendo aire porque una vez que comencemos ya no van a poder hacerlo. Leer Morirás muchas veces es, para que ustedes me entiendan, como subirte a un cuadrilátero con Muhammad Ali. Pero no en cualquier combate, no. Es subirte al ring en el combate en el que Ali se enfrentó a Ernie Terrell. Por si no conocen la historia, Ernie, durante los prolegómenos, llamó Clay al campeón una y otra vez, nombre del que había renegado públicamente. Eso hizo que El más grande se propusiera que Ernie, y de paso el mundo entero, jamás olvidaran su nombre. Ese mítico combate en Houston pasó a la posteridad como aquel en el que mientras Ali le atizaba a Terrell le iba preguntando “What’s my name? ( “¿Cuál es mi nombre?”).  

Cuando subas a Morirás muchas veces, y antes incluso de que te termines de acostumbrar al destello de los focos o a las voces del gentío, vas a sentir cómo te llega un derechazo y luego, un uppercut y luego un gancho, y ve acostumbrándote porque así te va a tener todo el primer asalto, pero sin que ningún golpe te lleve a la lona. Y no porque Ali no quiera, sino porque le gusta jugar, le gusta tenerte ahí enfrente, sabiendo que va a ganar, sabiendo que te ha desconcertado y que no sabes por dónde te va a llegar el siguiente golpe, sabiendo que cuando acabes ya no lo vas a poder olvidar.

José Payá (Biar, 1970) sabe de qué va esto y maneja los tiempos a la perfección, sin perderse un solo instante, controlándolo absolutamente todo, en especial la tensión ambiental. Y mientras lo hace, va moviéndote por todo el ring, de un lado a otro, una y otra vez, sin descanso. A veces te arrincona y te hace unas series de izquierda-derecha; otras te persigue por todo el cuadrilátero sin darte descanso, pero otras te deja que te sitúes en el centro y así te hace creer por un momento que tú controlas, que eres tú el que manda. Hasta que un directo de izquierda te devuelve a la cruda realidad. Porque tienes que saber que los golpes son variados y vienen de todas partes, tanto como los protagonistas de esta historia.

Morirás muchas veces es una novela fantástica. Una de esas maravillas que no entiendes que no sean más famosas, que no tengan réplica en una película. Transcurre en ciudades y épocas distintas a las que aparentemente únicamente une la sangre derramada. José Payá va dando saltos de un lugar a otro, de un personaje a otro, sin dejar de moverse y, sobre todo, sin que conozcas el motivo. Así va envolviéndote como en una tela de araña. Morirás muchas veces es una novela sobre el poder, en realidad, sobre el precio del poder, sobre la ambición y cómo esa ambición hace que te alejes de la moral y ya nada importe. Esta novela te hace ver la pequeñez de la mayoría de las personas frente a los poderosos que manejan los hilos de todo. Esta novela trata sobre la absoluta falta de escrúpulos.

Esta es una historia muchas veces contada, pero José Payá la hace muy creíble y te mete en la novela desde la primera página, sabiendo quien va a resultar vencedor. Son creíbles el Comisario Aldana y el anodino Enrique Ruiz y son creíbles sus tres antagonistas y todas las cosas que hacen. Y eso hace que José Payá sepa perfectamente quien va a ganar esa pelea, y quiere que tú también lo sepas, pero poco a poco, que sepas quién es el que manda para cuando al final te tumbe en la lona con ese espléndido gancho de izquierda que es el último capítulo, poder mirarte allí abajo y poder decirte: «¡Di mi nombre!»¡Dilo!».

Si la empiezas y no la acabas en dos tardes, las próximas entradas para Saul Álvarez en el Madison, van de mi cuenta.

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