Diez días después de ganar la etapa de Ventoux, Wout van Aert se llevó la crono final. Un ciclista capaz de algo así (y con 26 años) tiene que ajustar muy poco para ser candidato al Tour. Otra cuestión es que le interese, visto el enemigo al que se enfrenta. Además, la grandeza de Van Aert no necesita del Tour. En su carrera no hay asignaturas pendientes, sólo matrículas de honor. Ya es uno de los mejores ciclistas de los últimos tiempos (capaz de ganar de cualquier forma y en cualquier sitio), y ahora sólo queda por saber a qué plazo nos referimos, si a los últimos 25 años, a los últimos 50 o a los últimos cien. Dicho esto, y como somos insaciables, queda el suspiro y la pregunta, ¿y si lo intentara?

Si el triunfo de Van Aert no fue una sorpresa, sí lo fue que Pogacar terminara la contrarreloj en octavo lugar, a 57 segundos del vencedor. Algunos esperábamos una exhibición como la del año pasado, un triunfo aplanador. No obstante, esta demostración de humanidad resulta reconfortante. Hay una fina línea entre lo increíble y lo inverosímil y es mejor no traspasarla. Especialmente en el ciclismo. Mañana hablaremos, si les parece, del dopaje mecánico y su alargada sombra.

Por lo que se refiere a Enric Mas, confirmó su sexto puesto, tan cerca y tan lejos. Cuesta imaginar las carambolas cósmicas que tendrían que darse para que pudiera luchar por el triunfo algún día. Al menos, está en el rango de edad. De los seis primeros ciclistas de la general, sólo Carapaz (28) supera los 26 años. Viejo a los 28, quién se lo iba a decir al bueno de Richard. El noveno puesto de Peio Bilbao tiene el mismo sabor que el de Enric Mas. Hay que aplaudir su resiliencia, pero su descomunal esfuerzo no promete nada. No hay ilusión en su agonía, sólo cruda realidad. El ciclismo español viaja entre el sexto y el noveno puesto de una gran carrera. Salvo que el Landismo, algún día, diga lo contrario.

Vingegaard, tercero en la crono (a 32s de Van Aert), sí se aparece como un ciclista capaz de toser a los héroes de la Marvel. Después de pelear a brazo partido con Pogacar en los últimos días ha tenido fuerzas para sacarle 25 segundos en la contrarreloj. Y no olvidemos que él fue el único que consiguió soltar de rueda al pequeño Mozart en las montañas, concretamente en el Ventoux. Hay opositor ahí.

Y para terminar, otro suspiro y una nueva pregunta sin respuesta: ¿hasta dónde podría llegar Castroviejo si fuera el líder de un equipo? El gregario más completo del pelotón sólo perdió 1:41 en la crono y terminará la carrera en el puesto 24, después de subir con los mejores, bajar con los mejores y llanear por delante de ellos. ¿Y si el Movistar…? Hay veces en la vida que hay que decir, pero qué coño…

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