Me cuesta digerir, incluso muchas horas después, la derrota con Italia por un miserable penalti. Y precisamente no es el penalti ni quien lo lanzó el responsable del disgusto, sino la incapacidad de España para tumbar en 120 minutos a quien fue (o lo pareció) inferior en el noventa por ciento del juego. Qué lástima. La Selección de Luis Enrique mandó, se entregó, lo dio todo… pero se vuelve a casa con cara de amargura porque, seamos profundos, muchas cosas se pudieron hacer bastante mejor. Al menos, y perdonen mi osadía en estas horas de orgullo exacerbado por La Roja, entiendo discutibles algunas decisiones tácticas referentes a la pizarra y a las alineaciones. No incidiré en la parte oscura pues ya no toca, haremos causa común en la injusticia de la derrota para aliviarnos juntos en la sensación de que el esfuerzo de los chicos en Wembley mereció al menos un notable. El prestigio de La Roja permanece intacto, creo.

Y es cierto: los jugadores han respondido por encima de las expectativas. Luis Enrique ha firmado como mayor mérito provocar la fuerza de grupo, multiplicando el rendimiento de jugadores muy en entredicho. Los primeros pasos en la Euro auguraban peor balance final, pero la goleada a Eslovaquia y la dura victoria ante Croacia dieron un extra de confianza al bloque. Y más aún, provocó la creencia popular de que España se perfilaba para campeona, entiendo que bien llevada por una campaña de entusiasmo agitada por la caída de Alemania, Francia, Bélgica… La cruda realidad es que hay camino por andar para que nuestros jugadores alcancen solvencia de campeones y mucho trabajo para Luis Enrique, a quien no comprenderé, pero se le ha de reconocer que ha terminado la Euro bastante mejor que como la empezó, en todos los sentidos.

Entendamos esta Euro como banco de pruebas para jugadores que prometen y un bloque que desprende gran armonía. Pedri ha sido la sensación con 18 años. Una joya. Dani Olmo dio un recital ante Italia. Ferrán Torres tiene cosas muy diferentes. Marcos Llorente sumará cuando Luis Enrique le encuentre su sitio… Y los expertos dejan muy buenas vibraciones. Busquets, excelente; Koke, fabuloso; Jordi Alba, imprescindible; Azpilicueta, enorme; Morata… pues es Morata y así hay que quererle, porque en esta Euro nos ha conmovido con su entrega.

Sin embargo, el brillo de los focos no puede cegarnos ante la realidad. La Selección de Luis Enrique tiene un amplio margen de mejora en defensa y ataque para considerarla aspirante a títulos y hemos de confiar en que nuestro joven, valiente, innovador y disruptivo seleccionador lo sabrá ver y solucionar.

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