Si ha de ser por la vía del sufrimiento, bienvenido sea. España tiene recursos limitados, como sabemos, y coraje para exportar, también lo hemos contrastado. La última novedad es que los chicos de Luis Enrique son capaces de vivir en el filo de la navaja con entereza, apoyados por gracia del destino en quien equivocadamente se le consideró afligido por un error del que se hizo una montaña: Unai Simón, alias el “todos tranquilos”. Feliz noticia que permite a La Roja llegar a semifinales aunque sea con fórceps, pues lo de Suiza fue un parto que se puso de nalgas incluso cuando se quedaron con diez. Y es que a pesar de la explosión de alegría global por superar la tanda de penaltis, sigue quedando un poso espeso en el juego de la Selección y en decisiones de Luis Enrique que, discúlpenme el atrevimiento, sigo sin entender.

Cuesta pasar lista de los puntos negros de España y del seleccionador ante Suiza cuando el final ha sido feliz. Lo que toca, para contribuir al entusiasmo general, es subrayar que Busquets sigue enorme, que Azpilicueta da la talla, que Pedri crece por días, que Koke vale por tres y que Jordi Alba es el caballo de Atila incluso para forzar el gol suizo en propia puerta. Me parece feo entrar en que Morata, Sarabia, Ferrán Torres, Gerard Moreno y Dani Olmo volvieron a quedarse secos. Y exculparemos a Oyarzabal por el mérito de marcar el penalti “de la verdad”. Resumamos la tarde de San Petersburgo como otro épico paso adelante, recordando con cariño y admiración al gran Luis Aragonés: “Estamos bien, sin presumir”.

La mala noticia es que nos espera Italia. Lo dije el primer día: los que cantan el himno como si fueran a la guerra. Están pletóricos, van como aviones y juegan contra natura: nada de catenaccio, fútbol de ataque y goles. Si hasta la fecha España ha sufrido, es probable que ante los azurri sepamos lo que es sudar sangre. Es probable que la hazaña por el pase a semis impulse a La Roja por encima de su actual rendimiento, abriendo una ventana a la esperanza. Tiene Luis Enrique mucho trabajo prepartido para solucionar los obvios desajustes que pueden condenarnos. Demos al seleccionador y a España un voto de confianza porque, no exagero, Italia es nuestra final. Si ganamos…

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